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Persiguen a estudiante que denunció a docente por abuso en Rosario

La estudiante que encabezó la campaña contra un profesor acusado de haber abusado de varias mujeres hace casi dos décadas, recibió una carta documento intimidatoria.

Miércoles 17 de septiembre de 2014

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En 1997, se publicó una carta de lectores en un diario de Rosario, en la que se denunciaba el abuso sufrido por una mujer en el ámbito de un consultorio psicoanalístico. La denuncia se formalizó en el Colegio de Psicólogos, donde otras tres pacientes también testimoniaron contra Jorge Rodríguez Solano, quien no solamente tenía vinculaciones políticas con miembros del colegio profesional sino que, además, formaba parte de la gestión académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente, Solano es docente en dicha universidad.

Por razones nunca esclarecidas, las denuncias no prosperaron en la justicia. Sin embargo, y a pesar de que las denuncias por abuso habían tomado estado público y que al profesional cuestionado se le retiró la matricula (aunque luego fue restituida por orden judicial), nunca se lo separó del cargo que ocupaba en la facultad. Desde 1997 hasta la fecha, Jorge Rodríguez Solano siguió formando parte de la planta docente universitaria.

Este año, la agrupación de mujeres Pan y Rosas de esa universidad inició una campaña denunciando la irregularidad y el docente cuestionado envió una carta documento intimidatorio contra la estudiante Romina Alarcón, de dicha organización. Romina fue intimada a ratificar o rectificar sus dichos, a pesar de que existen numerosos artículos periodísticas que hacen referencia al caso y en las que se detallan parte de las declaraciones de las mujeres denunciantes.

Como consecuencia, la agrupación de mujeres Pan y Rosas y otras agrupaciones estudiantiles, como también docentes, profesionales de Derecho, estudiantes de otras carreras universitarias y los Consejos Directivos de la Facultad de Humanidades y Artes, la Facultad de Ciencia Política y la Facultad de Psicología consiguieron visibilizar esta situación que era un “secreto a voces” dentro de la universidad e impulsar la creación de una comisión de Género y Disidencias Sexuales en la Facultad de Psicología.