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Red Internacional
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Medio Oriente. Persisten las protestas en Irak pese a la sangrienta represión que ya causó 44 muertos

Pese al toque de queda, este viernes fue el cuarto día consecutivo de movilizaciones en la capital y otras ciudades, especialmente del centro y sur del país. Los heridos por la represión sobrepasan los 1600. El secretario general de la ONU pidió “respetar” el derecho a manifestarse a la vez que llamó a la “calma y el diálogo”.

Sábado 5 de octubre de 2019 00:26

Un nuevo día de protestas sacudió Irak, desafiando el toque de queda del primer ministro Adel Abdel Mahdi. El saldo por la brutal represión del gobierno fue de varios muertos y cientos de heridos que se suman a los acumulados desde el martes cuando estallaron las marchas contra la corrupción del gobierno, por trabajo y mejora de los servicios básicos.

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La represión es de tal magnitud que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres ha debido intervenir, aunque sin repudiar de forma clara la represión y llamando "al diálogo entre el Gobierno y los manifestantes". Según informó su portavoz Stephane Dujarric en un comunicado, Guterres también pidió que se tomen medidas "inmediatas para reducir la tensión" y señaló que "la libertad de expresión y las protestas pacíficas son un derecho fundamental que debe ser respetado".

El máximo representante de la organización internacional expresó que se encuentra "profundamente entristecido por la pérdida de vidas humanas durante las recientes protestas" y solicitó “a todos los actores la máxima contención y que eviten la violencia". Extraño pedido cuando la violencia y los asesinatos son responsabilidad directa del gobierno que ha impuesto un toque de queda, dando luz verde a la represión de las fuerzas policiales y del ejército.

Los manifestantes volvieron a las calles el viernes a pesar del discurso televisado del primer ministro iraquí, Adel Abdel Mahdi, la noche anterior, en el que llamó a los participantes en las protestas a que mantengan un “diálogo” con el Ejecutivo y a que vuelva la normalidad al país.

Las protestas en Bagdad se intensificaron por la tarde, después del rezo musulmán de los viernes en distintos barrios de la ciudad. En las mezquitas se conoció un comunicado del máximo ayatola Alí Sistani manifestando que “El Gobierno y los partidos políticos no han respondido a las demandas populares para que luche contra la corrupción ni han logrado nada tangible sobre el terreno (…) Es muy triste ver que se han producido tantos muertos, heridos y destrucción (…) los ataques contra los manifestantes pacíficos y las fuerzas de seguridad son inaceptables”, añadía la misiva traducida por las agencias de noticias.

Manifestantes en Bagdad el viernes 4 de octubre.

En las movilizaciones que siguieron a los rezos, las fuerzas represivas lanzaron gases lacrimógenos, cañones de agua y dispararon nuevamente con munición real contra los manifestantes, lo que causó un número de heridos todavía por determinar.

En medio de la represión, y según dio a conocer el Centro de Información de la Seguridad iraquí, se registraron disparos de francotiradores no identificados que causaron la muerte de al menos dos civiles y dos miembros de las fuerzas de seguridad.

Las marchas, iniciadas el martes y protagonizadas por la juventud para pedir mejores servicios básicos y contra la corrupción y el desempleo, tienen como trasfondo una situación social catastrófica. Tras décadas de ocupación imperialista y más tarde la guerra contra el Estado Islámico, el país es sistemáticamente expoliado por monopolios extranjeros que se llevan el petróleo y dejan en la miseria al pueblo trabajador.

Mientras que Irak es el tercer exportador mundial de petróleo, la desocupación llega al 30% y es mayor aún entre la juventud. La pobreza afecta un porcentaje similar de la población, y esta situación se agrava por la pésima calidad de los servicios públicos esenciales o su ausencia directa. La mayoría de la población no tiene agua potable, el suministro de electricidad se interrumpe frecuentemente y prácticamente no hay transporte público, mientras que la salud y educación están en franco deterioro.

Las protestas se dan fundamentalmente entre la población chiíta, mayoritaria en el país y concentrada en el sur. El clérigo de esta rama del islam, Muqtada al Sadr, dijo el miércoles a sus seguidores que organizaran “sentadas pacíficas”, pero hasta ahora parece mantenerse la relativa espontaneidad de las movilizaciones.