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Red Internacional
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HUELGA MINERA. Perú: trabajadores mineros entran en su tercer día de huelga indefinida

Aunque con desigualdades el movimiento se ha extendido a gran parte de este país, cuyas exportaciones en un 60%, son de origen minero, principalmente, de cobre, plata, hierro y oro, entre otros.

Jueves 21 de mayo de 2015

Cerca de un cuarto de millón de trabajadores labora en el sector, dominado por un puñado de transnacionales norteamericanas, canadienses, europeas y asiáticas.

Si la gran expansión minera de la última década se basó en la penetración del capital imperialista y por otro en la explotación en condiciones laborales muy duras de una gran masa de mano de obra originaria de comunidades indígenas y pueblos del interior; también implicó una enorme degradación ambiental, contaminando aguas y tierras de cultivo y pasturas y agrediendo la tierra y el territorio de los pueblos originarios a todo lo largo de la geografía peruana.
Por ello, en torno a la minería se extendieron dos grandes frentes de conflicto social: el de los trabajadores, con sus luchas por salario y condiciones laborales, contra la explotación empresarial, y de los pobladores de las zonas mineras contra la invasión de las empresas a sus tierras y la degradación ambiental.

Una huelga de gran importancia

La medida fue convocada por la Federación del sector, tras el fracaso de sus intentos de negociar con el gobierno, ante el ataque a los trabajadores que implica la decisión de éste, en connivencia con las empresas, de flexibilizar despidos colectivos, recortar derechos laborales y rechazar aumentos salariales. La “ley de tercerización” amenaza directamente la situación de muchos obreros del sector. "De los 210 mil mineros que hay en el país, el 70 por ciento son tercerizados; son más de 147 mil perjudicados", denunció Ricardo Juárez, secretario general de la Federación, poniendo como ejemplo a la empresa Marsa, tercer productora de oro del país, donde “son 4 mil 500 contratados y ninguno está en planilla”.

El plan es descargar la crisis del sector sobre los trabajadores, después de años de altísimas ganancias empresariales a costa de la explotación obrera y la depredación ambiental, ahora que los precios internacionales de los minerales están en baja.

Pero los trabajadores mineros están mostrando su disposición a resistir este ataque. La medida se inició de forma desigual pero extendida. En algunas grandes empresas, la patronal consiguió evitar o limitar los alcances del paro. No se sumaron a la medida los sindicatos de la Southern (impulsora del resistido proyecto Tía María), la Yanacocha (que ha venido despidiendo ya a muchos de su plantel de contratados), entre otras.

Una de las razones es, según denuncia de dirigentes, que en sitios como "En Cerro Lindo (Ica) hay 460 trabajadores en planilla y 2300 en contrata. Por eso cuando realizamos una huelga, la empresa Milpo no se ve afectada, porque si los contratados acatan la huelga de inmediato son despedidos", lo que mostraría los negativos efectos de la división entre efectivos y tercerizados que manipula la patronal y frente a la cual, las direcciones sindicales no parecen haberse dado una estrategia adecuada para contrarrestarla.

Los medios de prensa y el gobierno buscan disminuir el impacto de la medida y en algunos casos, la información es todavía contradictoria, como ocurre con Antamina (la mayor productora de cobre del país controlada por BHP Billiton Ltd y Glencore Xstrata) donde si bien se esperaba el paro, según el dirigente Hernán Robles se habría optado finalmente por no interrumpir labores.
En muchas otras empresas, el paro ha comenzado con fuerza pese a las maniobras empresariales, la actitud de malos dirigentes o incluso la represión policial, como ocurrió en Atacocha (Cerro de Pasco).

Según voceros de la Federación, acatan la medida hasta un 80% de sus afiliados en 10 de las 25 regiones del país, desde importantes empresas en el norte, pasando por el centro del país (donde la lucha se extiende por los distritos mineros de Oyón, Huarón, Arcata, San Cristobal) hasta el sur (donde entre otras, para San Rafael, Minsur (donde la paralización sería parcial) y otras. La principal productora de hierro del Perú, Shougang, de capitales chinos, está en huelga y cientos de sus trabajadores, con la solidaridad de pobladores de la zona, cortaban la ruta a Marcona (Nazca). Sólo la intervención policial logró reabrir el tránsito.

Grupos de mineros y de sus esposas, provenientes de las explotaciones cercanas a Lima se desplazaban a la ciudad a protestar. Grupos de trabajadores de Shougang, Catalina Huanca, Uchucchacua, Morococha, Huanzalá, San Cristóbal, Condestable, Aceros Arequipa, etc. marcharon por las principales avenidas de la capital, encabezados por la dirección de la Federación. Los sindicatos de Celima, Relima, Alicorp, Eternit, Comiccsa, Miyasato, y otras fábricas así como las federaciones textil y de la Construcción Civil, entre otros, se solidarizaron y participaron de la marcha.

En otras ciudades del interior, se organizaban demostraciones similares y en algunos sitios, la huelga minera convergía con protestas de otros gremios, como en el norte, con los obreros azucareros en lucha de los ingenios de Tumán y Pomalca.

En un contexto nacional de desprestigio y debilitamiento del gobierno de Ollanta Humala y numerosas protestas obreras y populares (como las movilizaciones juveniles que derrotaron la llamada Ley Pulpín, la lucha popular contra el proyecto Tía María (se prepara una gran jornada de lucha para el 27 y 28 de mayo), conflictos obreros como en la construcción, azúcar o textiles, y preparativos de conflicto magisterial, la huelga minera, con sus debilidades, se instala como un gran hecho nacional y es una gran oportunidad de enfrentar el intento patronal y gubernamental de descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.

Si la fuerza de la huelga se asienta en la posición estratégica de este sector, con sus grandes explotaciones de capital imperialista y sus concentraciones obreras de miles, su potencial se multiplicaría si se fortalece la unidad de contratados y efectivos, mediante la organización en común y levantando las demandas de la mayoría más explotada y excluida de la sindicalización (los contratados) para quebrar las maniobras divisionistas de las empresas, algo que la dirección de la federación no parece haber construido desde abajo, con una política a la altura de la batalla que se ha iniciado.

Es necesario que las organizaciones de base tomen en sus manos las tareas de la lucha, y está abierta la posibilidad de que converjan la solidaridad popular y las luchas de otros sectores obreros y campesinos, con la huelga minera, fortaleciéndola en esta gran prueba de fuerzas.

La CGTP no puede limitarse a declaraciones y a los anuncios de un paro nacional recién para el 9 de julio. Es ahora cuando tienen que movilizar y unir en torno a la huelga minera, la lucha de toda la clase obrera con medidas concretas de movilización, como sería un paro nacional.

Un problema programático de importancia estratégica que la propia huelga pone sobre la mesa es buscar y sellar la unidad entre los trabajadores mineros, con su lucha por el salario, el empleo y contra la precarización laboral, con las luchas campesinas y populares contra la devastación ambiental y el avance de las empresas mineras y petroleras sobre las tierras y el territorio de las comunidades. Por que el enemigo es el mismo: el capital extranjero y sus socios locales, que someten al Perú a los dictados del imperialismo, lucran con la explotación y miseria obrera y popular y saquean los recursos naturales. Por lo pronto, los trabajadores del Perú, con los mineros en primera línea, están diciendo ¡Presentes” en la escena, como viene ocurriendo con los trabajadores de Brasil y todo el Cono Sur en esta hora donde se empieza discutir quién y cómo pagará los costos del “enfriamiento” económico.


Eduardo Molina

Nació en Temperley en 1955. Militante del PTS e integrante de su Comisión Internacional, es columnista de la sección Internacional de La Izquierda Diario.