La crisis del programa de vacunación obligó al gobierno de Alberto Fernández a reabrir la negociación con Pfizer. La diplomacia de las vacunas del imperialismo que tuvo sus enviados desde Washington recientemente parece haber dado sus frutos.

Facundo Aguirre @facuaguirre1917
Martes 27 de abril de 2021 21:03
El anuncio de reapertura de las negociaciones con Pfizer, pone en cuestión el relato del gobierno de Alberto Fernández sobre su negativa a aceptar las condiciones leoninas que la multinacional exigía para cerrar trato. Si en un principio se resistió a un acuerdo desigual que perjudicaba notoriamente al país, hoy pareciera dejar de lado ese prurito. Mientras tanto la derecha opositora busca oficiar de lobbysta de Pfizer ofreciéndole hasta las Malvinas como garantía, un supuesto "furcio" de Patricia Bulrich Luro Pueyrredón.
No es de extrañar. La apuesta por la vacuna de AstraZeneca, que unía a la Universidad de Oxford, la multinacional británica y el burgués “nacional” y amigo del gobierno Hugo Sigman, resultó en un fracaso rotundo. Nuevamente la apuesta a que la burguesía nacional sea un factor del desarrollo del país y de bienestar general, tal como predica el peronismo, desnudó el carácter cipayo y antinacional de la burguesía criolla. Sigman, que produce en Garín el principio activo de las vacunas, priorizó sus ganancias antes que el ofrecer al país el acceso a las mismas. La empresa, que actúa bajo las banderas del imperialismo británico, incumplió el acuerdo firmado, donde el gobierno argentino pagó el 60% de las dosis solicitadas, y puso patas para arriba todo el plan de vacunación y las previsiones económicas del gobierno argentino. La política de Martín Guzmán contaba con mantener la actividad económica y reducir el gasto sanitario y de ayuda social, para amoldar el presupuesto del Estado alrededor de un ajuste con el fin de arribar a un acuerdo con el FMI. Por si esto fuera poco, ante el planteo del Frente de Izquierda e incluso sectores de la comunidad científica y sanitaria, de exigir la declaración de utilidad pública de los laboratorios del grupo Insud y poner los recursos para que la vacuna producida en la planta de Garín se envase en Argentina, la respuesta común del empresario y el gobierno es un rotundo “no se puede”.
Hecho que desmiente el anuncio del envasado de la vacuna rusa Sputnik por un laboratorio local. En síntesis, el entrevero con Sigman y AstraZeneca desnuda, como la burguesía nacional se centra en sus ganancias y actúa como agente de los intereses imperialistas y como el gobierno de Alberto Fernández privilegia la “economía”, es decir, la defensa de los intereses particulares de las patronales locales, antes que la “salud”, es decir, la vida del pueblo pobre y trabajador.
Pero, además, la reapertura de las negociaciones con Pfizer se dan luego de las visitas del jefe del Comando Sur, Craig Faller y del enviado de Joe Biden, Juan Gonzalez, quienes entre otros temas expresaron su preocupación por la influencia de China y Rusia a través de las vacunas y anunciaron un programa de ayuda a los países sin acceso a las mismas desde los EEUU. La diplomacia de las vacunas es el instrumento de chantaje geopolítico del imperialismo para reforzar su presencia como potencia dominante en la región.
Las vacunas son entonces no solo un campo de enriquecimiento de las multinacionales farmacéuticas, sino un campo de batalla de las grandes potencias y del imperialismo norteamericano en particular, para mantener su dominio sobre los países oprimidos. Frente a este escenario, cualquier fuerza que se reclame democrática, ni siquiera socialista o antiimperialista, debería exigir que se deroguen las patentes. Sin embargo, el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, se ha llamado a un rotundo silencio en este punto, mostrando subordinación más que la defensa soberana del derecho democrático de las naciones a un acceso a las patentes para producir vacunas y permitir un reparto universal de las mismas.
La declaración de utilidad pública de la industria farmacéutica y su puesta a funcionar bajo la órbita del Estado, bajo el control de les trabajadores y la comunidad científica y sanitaria, comenzando por las empresas de Sigman, es la condición para comenzar a resolver el atolladero de las vacunas y planificar no solo el acceso a la misma de la población argentina, sino establecer convenios con los países latinoamericanos para que puedan acceder a las mismas al costo.
Evidentemente el Gobierno nacional ha optado por defender los intereses de Sigman y la multinacional británica y no los del pueblo pobre y trabajador.
El relato kirchnerista y del peronismo sobre la defensa de la soberanía nacional en alianza con los empresarios criollos, se devela como la defensa de una clase antinacional. Para derrotar al imperialismo hay que enfrentar a la burguesía nacional y sus gobiernos. Hay que luchar por el gobierno de les trabajadores.

Facundo Aguirre
Militante del PTS, colaborador de La Izquierda Diario. Co-autor junto a Ruth Werner de Insurgencia obrera en Argentina 1969/1976 sobre el proceso de lucha de clases y política de la clase obrera en el período setentista. Autor de numerosos artículos y polémicas sobre la revolución cubana, el guevarismo, el peronismo y otros tantos temas políticos e históricos.