Entrevistamos a Pietro Basso, destacado sociólogo italiano que investiga el fenómeno de las migraciones internacionales. En esta segunda y última parte de la entrevista, presentamos los tramos referidos a las bases sociales de la derecha anti-inmigrantes, las experiencias de lucha de los trabajadores inmigrantes, el rol de los sindicatos y la vigencia del internacionalismo.
Miércoles 7 de octubre de 2015
Continuando con la reflexión sobre la política europea hacia los inmigrantes, hablaste de una guerra contra los emigrantes africanos y de Medio Oriente ¿por qué?
PB: Sí, se habla mucho de los muros y de los alambres de púa que la Hungría de Orban está construyendo en sus fronteras. Pero ¿qué otra cosa está haciendo desde hace años toda la Unión Europea si no construir campos de concentración para emigrantes de África y Medio Oriente, tanto en sus confines como fuera de ellos, introducir naves, drones, aviones de combate, bombardeos, medios financieros enormes para estructuras represivas y militares como Frontex, Tritón y Poseidón [operativos de seguridad de fronteras de la UE]? Crearon una coordinación cada vez más estrecha entre las distintas policías nacionales, generalizaron las huellas digitales, crearon bancos de datos y perfiles; endurecieron la propia legislación contra los inmigrantes y las inmigrantes, subordinando cada vez más la regularidad de su condición a la existencia de un contrato de trabajo....
O sea, que no hay que esperar cambios en la política de la Unión Europea hacia los inmigrantes...
PB: No. Si no se ve obligada a hacerlo por una recuperación de la lucha de la clase trabajadora que sepa hacerse cargo de las expectivas y de las necesidades de los emigrantes-inmigrantes, la Unión Europea seguirá adelante por el mismo camino de los últimos veinte años, combinando una represión cada vez más sistemática y dura con la aceptación selectiva de los inmigrantes. La represión y la guerra a los emigrantes-inmigrantes no se limita a esa sola finalidad: sirve para comprimir al máximo las esperanzas de los nuevos inmigrantes, es y será aún más díficil y riesgoso entrar en Europa y más aún quien logre entrar deberá quedarse callado y dócil y aceptar el trato discriminatorio que los estados y las empresas europeos le reservan.
Una cuestión política. Destacaste en otras oportunidades que las migraciones internacionales han modificado profundamente la composición de la clase obrera volviéndola más internacional ¿Sigues pensando lo mismo? Cómo ves el crecimiento de las organizaciones de la derecha anti-inmigrante en Europa?
PB: La internacionalización del proletariado europeo (y mundial) es un proceso de época que no se puede frenar, fruto de la completa mundialización del capital y de la mundialización de las migraciones. El capital imperialista en las metrópolis intenta tenerlo bajo control y usarlo a los fines de relanzar el proceso de acumulación a través de la sistemática competencia entre los proletarios de distintas nacionalidades, y entre los proletarios inmigrantes instalados hace más tiempo y los recién llegados. Por esto hay una perenne “agitación” contra los inmigrantes. Esto se da también porque [el capital imperialista] sabe bien que provienen de continentes de colores que se sienten en ascenso en el plano histórico tanto más al ver en descenso en fuerza y legitimidad a los viejos patrones del mundo. Esta “agitación” es fuerte sobre todo en las fracciones más débiles de las clases capitalistas europeas, que sienten que les falta la tierra bajo sus pies. Son esas, a mi parecer, las fuerzas sociales propulsoras, que están detrás de las organizaciones de la derecha europea más agresiva y violenta contra los inmigrantes. En Italia es la mass de los pequeños y pequeñísimos capitalistas padanos [del Valle del PO] la que ha dado y da fuerza a la Lega Nord.
Pero esta “agitación” –es inútil negarlo- ha logrado y logra apoyo también entre los trabajadores italianos y europeos que sienten sobre su propia vida el peso de la objetiva competencia a la baja, por cierto no por propia elección, de los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes (menos de aquellos ya residentes desde hace tiempo). El problema es ¿cómo se puede salir de este miedo, de esta hostilidad y contraposición fratricida?
En efecto, esta es la cuestión clave. Destacaste antes la importancia de la auto-organización de los imingrantes ¿Podrías contarnos sobre algunas experiencias recientes de auto-organización?
Ya mencioné (ver primera parte de esta entrevista) las protestas y las revueltas de los inmigrantes que no han tenido miedo, en las semanas anteriores, de chocar con la policía y los militares en varios puntos de Europa para afirmar su necesidad de entrar en Europa y encontrar una vida digna. Si solamente quisiéramos hacer un censo de estas protestas, sería realmente interminable.
Pero, limitándome a Italia, en los últimos años, destaco lo siguiente: 1) En una situación de retroceso generalizado y en desorden de la clase trabajadora, el único sector en el cual los trabajadores han dado pasos adelante ha sido el de los grandes centros de logística en el centro-norte del país, por efecto de las feroces luchas encabezadas por algunos miles (diez o quince mil) trabajadores inmigrantes que están organizados en el SI-COBAS, el primer sindicato de base en Italia, compuesto en su gran mayoría de trabajadores inmigrantes. Han sufrido todo tipo de represión y de chantaje, pero lo han enfrentado sin miedo y con un sentido muy fuerte de lucha colectiva y solidaridad obrera. Han sido ellos y su sindicato quienes organizaron la única iniciativa militante e internacionalista que se llevó adelante en Italia en defensa de los demandantes de asilo y los inmigrantes en general. 2) En el campo, en la región meridional en particular, en la cual es normal una condición de trabajo semiesclava, las únicas protestas y las únicas revueltas de los últimos siete u ocho años se deben a los trabajadores africanos, que han estado enseñando incluso a los trabajadores rurales italianos que hay que volver a la lucha organizada si se quiere salir de esta condición. 3) En un contexto social e institucional cada vez más marcado por un autoritarismo despótico, las protestas y las revueltas de los inmigrantes –y sólo ellas, por el momento- han tenido el mérito de señalar en qué dirección está yendo toda la sociedad italiana, y no sólo la política hacia los inmigrantes, y mostrar que se puede y se debe resistir esta tendencia. Se trata de pequeños ejemplos en términos numéricos, pero muy significativos porque se dan en un contexto, como he dicho, de depresión de la conflictividad social.
Italia, sin embargo, en el mundo es algo pequeño. Requeriría más espacio para explayarse, pero a nivel mundial la importancia de esta auto-organización y su fuerza es muy evidente en dos grandes hechos de comienzos del Siglo XXI: la magnífica huelga general de los inmigrantes latinos (y no sólo latinos) que tuvo lugar en Estados Unidos el 1° de Mayo de 2006 y la ininterrumpida cadena de pequeñas huelgas de las obreras y de los obreros inmigrantes internos (mingong, expulsados del campo, pero no sólo ellos) en las áreas costeras de China ¡Estamos hablando de Estados Unidos y China!
Has destacado la posición de Marx sobre la cuestión irlandesa para pensar el posicionamiento del movimiento obrero sobre la cuestión de los inmigrantes hoy ¿Cómo ves la política actual de los sindicatos europeos sobre este tema? ¿Qué deberían hacer las organizaciones sindicales de los países metropolitanos?
PB: Me permito no tener ninguna duda al respecto: Marx haría una crítica despiadada y en las antípodas del actual movimiento sindical europeo, sin excepciones. En la crisis de los últimos meses ¡se ha mantenido en un silencio casi absoluto! Tampoco ha habido rastros de presencia sindical organizada en las manifestaciones más concurridas (pienso en la que se hizo en Londres el 11 de septiembre, con cerca de cien mil participantes). Esto porque en Europa los sindicatos históricos están cada vez más subordinados a la lógica de la competitividad y de los intereses nacionales y empresariales, están cada vez más profundamente enfermos de nacionalismo, y por este motivo cada vez más subalternos de los poderes constituidos y cada vez más débiles. Y esto, aunque, son muchos ¡millones! Los inmigrantes “organizados” en sus filas.
Lo que deberían hacer organizaciones sindicales verdaderamente clasistas es batallar contra cualquier forma de discriminación contra las trabajadoras y los trabajadores inmigrantes y promover en todas partes la más fuerte unidad, sobre bases paritarias, de efectiva paridad, entre inmigrantes y autóctonos; siendo concientes de que la división de la clase trabajadora es la principal razón de su debilidad y su unidad es su única fuerza.

Juan Dal Maso
(Bs. As., 1977) Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997. Autor de diversos libros y artículos sobre problemas de teoría marxista.