Después del fiasco que resultó ser la reforma laboral impulsada por la Nueva Mayoría, el candidato de la derecha mandató un equipo para iniciar una nueva reglamentación a los grupos negociadores.

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile
Miércoles 26 de julio de 2017
FOTO: Agencia Uno
El 2016 fue un año importante para las organizaciones de trabajadores. El proyecto de reforma laboral, impulsado por el gobierno de Bachelet, estuvo cruzado por un duro debate al interior del Congreso, pero también dentro de las principales organizaciones sindicales del país.
Mientras la oficialista CUT mantenía una posición de “confianza” en que los diputados y senadores “progresistas” de la nueva mayoría saldarían la deuda histórica que se tiene con el mundo sindical, cientos de trabajadores, dirigentes sindicales, académicos y abogados laboralistas, no ligados al gobierno, impulsaron distintas iniciativas para visibilizar los efectos negativos que tendría la implementación del proyecto de reforma (tanto el original como el que surgió finalmente del debate legislativo).
Por otro lado, la derecha agrupada en Chile Vamos, gremios empresariales y académicos ligados a institutos neoliberales (como libertad y desarrollo) pusieron el grito en el cielo para frenar cualquier cambio al plan laboral implementado en dictadura.
La intención del gobierno era dar por terminada la existencia de los grupos negociadores para así validar la “titularidad sindical” y dejar al sindicato como el organismo que puede negociar y representar a los trabajadores frente a la empresa. Luego de aprobado gran parte del parque legislativo -que paso por la cocina de la DC- la derecha una vez más recurrió al Tribunal Constitucional (TC) para así revertir lo que ellos consideraban un ataque a la libertad del trabajador.
Como era sabido el TC reconoció la existencia de los grupos negociadores, pero en una jugada inexplicable dejo a interpretación la capacidad que estos tenían para negociar colectivamente. Cuestión que tuvo que ser resulta a través de un dictamen por la Dirección del Trabajo (DT) durante los primeros meses del 2017.
La DT, en sintonía con el espíritu inicial de la ley, reconoció la existencia de los grupos negociadores, pero se negó a elevar sus atribuciones al reconocimiento “reglado” de sus opciones de firmar convenios o contratos colectivos en nombre grupos de trabajadores.
El objetivo detrás de la propuesta
Este hecho no es algo menor, ya que desde los 80 las empresas han utilizado los grupos negociadores para romper el poder de negociación de los sindicatos o para dividir a los trabajadores en sus tiempos de negociación colectiva.
El hecho de que la titularidad sindical fuera eliminada durante el trámite del TC fue significativo para el escenario sindical ya que era uno de los pocos puntos reivindicados como “útiles” por los sectores oficialistas, pero probablemente el golpe más duro vino para la derecha ya que dejó en el aire lo que ellos pretendían consagrar.
Ahora lo que el equipo programático de Piñera está buscando es redinamizar y legitimar, los cada vez menos existentes grupos negociadores. Y es que la mayoría de las empresas han preferido utilizar el mecanismo de cooptación con dirigentes sindicales -el famoso sindicato amarillo o apatronado- en vez del grupo negociador, ya que este solo podía existir en el marco de una negociación.
El interés de la derecha por darle un nuevo aire a esta modalidad es justamente parte de su estrategia de terminar de matar al sindicalismo en el país ya que, como lo venía demostrando la tendencia de los últimos años, ha habido un aumento en la conflictividad laboral tanto en el sector público como el privado, a través de la huelga legal e ilegal y en el marco de un aumento del conflicto laboral, el grupo negociador como existía hasta antes de la reforma no cumplía el objetivo de disciplinar a los trabajadores.
Los trabajadores no tenemos que esperar de la derecha, necesitamos una alternativa de las y los trabajadores
Si la Nueva Mayoría ya le mostró al mundo del trabajo los límites de su propia estrategia -la vía parlamentaria- para mejorar las condiciones de los asalariados en chile, la clase trabajadora no puede confiar en el candidato de la SOFOFA Y LA CPC, de SQM o PENTA. Piñera y su equipo están buscando los mecanismos para disciplinar a las y los trabajadores que se han organizado para defender sus conquistas salariales.
En las próximas elecciones varios proyectos políticos buscarán ganar la confianza del mundo del trabajo para sostener su proyecto país. Pero en Antofagasta los candidatos del PTR, no vienen del lobby empresarial o financiados por los millonarios. Son dirigentes sindicales, activistas estudiantiles o profesionales que han decidido ponerse en el lado de los trabajadores, así como el candidato anticapistalista por el distrito 10 Dauno Tótoro que se destacó como dirigente estudiantil y defensor de los Derechos Humanos.
Estos candidatos han propuesto medidas concretas para terminar con los privilegios de la casta política de la derecha y la nueva mayoría, proponiendo que todo parlamentario gane lo mismo que un trabajador, la renacionalización de los recursos naturales bajo gestión de sus trabajadores, terminar con el código laboral de la dictadura y avanzar a la reivindicación del derecho efectivo a huelga, el reconocimiento de la negociación por rama, los derechos salariales para mujeres y cupos especiales para la diversidad sexual entre otras propuestas.