La derrota del peronismo en las elecciones del domingo pasado pone en un escenario de debilidad al proyecto centroizquierdista que se planteaba como alternativa a la derecha en la región. Al otro lado de la cordillera, Piñera se prepara para una eventual derrota electoral de la derecha anunciada por los comicios de mayo. ¿Qué elementos de la coyuntura política de ambos países son comunes para entender el escenario político que se avecina?

Ιωαχειν Santiago de Chile
Martes 14 de septiembre de 2021
A simple vista pareciera que Alberto Fernández, presidente de Argentina, y Sebastián Piñera se encuentran en las antípodas de la política. El triunfo de Fernández, en las elecciones presidenciales de hace dos años, parecía poner freno al giro a la derecha que recorría imparable la región desde el fin de los llamados gobiernos “posneoliberales”.
El triunfo de Bolsonaro en Brasil, tras el golpe institucional a Dilma Roussef (PT), de Kuczynski en Perú, la voltereta de Lenin Moreno en Ecuador, Mauricio Macri en Argentina, Ivan Duque en Colombia y del mismo Sebastián Piñera en Chile, augura un complejo panorama para las clases trabajadoras y el pueblo latinoamericano. Observaban como el péndulo ideológico se movía hacia la derecha, con la amenaza de descargar un brutal ajuste sobre sus condiciones de vida. El colapso del chavismo y de las alternativas de centroizquierda parecía dejar sin alternativa política a los pueblos del continente para enfrentar a una derecha que parecía imparable.
Hasta que durante la noche del 18 de diciembre del 2017 miles de argentinos repletaron las calles en respuesta a la reforma jubilatoria de Mauricio Macri (aprobada con votos de la derecha y del peronismo) , una estafa monumental sobre las jubilaciones que generó una enorme bronca contra la casta política y el establishment oligárquico del país. La jornada de protesta generó fuertes enfrentamientos con la política y una brutal represión por parte del gobierno de Macri.
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Hay quienes sostienen que el ciclo ascendente de la lucha de clases y movilizaciones en América latina comenzó aquel 18 de diciembre en Argentina. Macri tuvo que retroceder de un programa de ajustes impulsado por el FMI (que incluía un rediseño completo del sistema de pensiones, reforma laboral, fin a derechos sociales como la educación gratuita entre otros) y que era la base de los programas de la derecha en la región. Su gobierno entró en una parálisis ante una relación de fuerzas que no podía enfrentar por miedo a despertar una respuesta popular de consecuencias insospechadas. Aún está vivo el recuerdo de las jornadas del 2001 en Argentina.
La situación de Macri fue aprovechada por el kirchnerismo para reunificar el espectro de peronistas, mucho de los cuales le votaron las leyes a Macri, y con la promesa de “volver a llenar la heladera” en momentos que el ajuste Macrista provocaba un aumento desmesurado de las tarifas de servicios básicos y de los bienes de consumo de primera necesidad arrojando a miles de argentinos a la pobreza.
Con la promesa de acabar con las catastróficas medidas del gobierno de Macri, Alberto Fernández se alzó con el triunfo hace dos años. Su victoria le volvió a dar impulsos a la centroizquierda latinoamericana, quien poco después celebraba el triunfo de Lopez Obrador y buscaba re articularse en el llamado grupo de Puebla, cuando ya los vientos parecían cambiar en el continente.
Mientras el escenario parecía decantar a favor de Alberto Fernández, el año 2019 la derecha continental enfrentaba las masivas movilizaciones que en Ecuador llevaban a miles de indígenas y trabajadores a enfrentarse duramente contra el plan de ajuste de Lenin Moreno.
La derecha que veía como el descontento comenzaba a volverse peligroso para sus intereses, y alineados con el imperialismo norteamericano, decidido a recuperar terreno en el continente tras el avance de china en la región, decidieron hacer de Venezuela el chivo expiatorio. Claro que el tiro les salió por la culata.
Piñera, quien veía como la oposición era incapaz de articular una alternativa a su mandato y reprimiendo duramente cualquier atisbo de rebelión (en particular a los estudiantes secundarios y el pueblo mapuche) creía tener la situación bajo control. El “oasis de América latina” parecía ser el indicado para organizar a los gobiernos de derecha en su ofensiva contra el régimen de Maduro y ordenar las filas. Hasta el estallido de la rebelión el 18 de octubre del 2019.
El ciclo de movilizaciones y el inicio de la pandemia, con las consecuencias económicas, debilitaba profundamente a los gobiernos de derecha. Alberto Fernández, recién iniciando su mandato, recibía los aplausos de la izquierda continental , y de nuestro país, por aplicar cuarentenas estrictas, medidas sanitarias y subsidios a quienes perdieran el empleo. Una política bastante similar a la que con matices aplicó Piñera, aunque a este último debemos sumarle dos ataques a los trabajadores que pasaron sin respuesta: la ley de protección del empleo y la ley de teletrabajo.
Al poco andar , Fernández comenzó a aplicar la misma agenda de gasto social focalizado y de ajuste a los derechos de los trabajadores. Es decir comenzó a gobernar con la agenda macrista. Sus seguidores, y el gobierno mismo, argumentan que no "quedaba de otra". Pero la explicación no fue suficiente para los argentinos. Este domingo, en las elecciones primarias (PASO) el peronismo sufrió una fuerte derrota electoral, sumándose al listado de gobiernos débiles de la región, listado que encabeza Sebastián Piñera.
A primera vista, los resultados electorales habilitan a preguntarse si no habría un nuevo giro hacia la derecha. El triunfo del macrismo y la irrupción de la ultra derecha en ciudad de buenos aires es algo destacado por todos los analistas. Pero todos hablan de una derrota del gobierno, una creciente polarización, y son más cautos con la idea de que el péndulo gira nuevamente hacia la derecha.
Es cosa de ver el escenario continental para ver que un análisis así sería por lo pronto simplista: Perú esta gobernado por Pedro Castillo, Bolivia gobernado por el MAS pese a la intentona golpista, Bolsonaro se aferra al poder con maniobras desesperadas, en Venezuela la oposición ha decidido reconocer de facto la hegemonía de Maduro y ha decidido concurrir a las elecciones y el Chile se avizora un probable triunfo de la coalición entre el PC y el Frente Amplio (elecciones que coincidirán con las generales de Noviembre en Argentina).
Pero hay otro dato de mayor relevancia que los medios nombran solo al pasar. En argentina hoy la izquierda anticapitalista, trotskista y socialista es la tercera fuerza con cerca del 7% de los votos a nivel nacional, dando batacazos como en Jujuy con el 23%.
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Esta alternativa de izquierda, muy distinta a la de los gobiernos posneoliberales que fueron incapaces de enfrentar los intereses de los empresarios y el imperialismo en la región, crece precisamente por llevar años construyéndose desde las luchas obreras, de las mujeres, la juventud y el medio ambiente. Mientras los Lulas, los Kichner, los Boric, nos convencen una y otra vez que solo se puede actuar "en la medida de lo posible", comienza abrirse paso en la América Latina convulsionada una alternativa obrera y socialista que recoge las lecciones del fracaso de la centroizquierda en la región y se prepara para una batalla frontal con el sistema capitalista.
Tras años de ser tildados de "útopicos", esta izquierda ha mostrado que lo único "utópico" es creer que se puede gobernar con las leyes de los empresarios y "beneficiar al pueblo trabajador". Un dato de la causa es que la izquierda chilena, siempre muy complaciente con el peronismo y dispuesta a alabar todas sus victorias, guarda silencio sobre la derrota de este último.
Fernández finalmente terminó gobernando como un gobierno de derecha y terminó debilitado y entre las cuerdas, igual que su vecino trasandino Piñera. Habrá que ver como evolucionan los acontecimientos. El reciente roce de ambos gobiernos producto de la actualización de la carta oceánica por parte de Chile, que se suma a un largo historial de conflictos fronterizos con Argentina, es sin duda una maniobra de Piñera para buscar salir de su estado de debilidad.
Piñera y Fernández buscan aferrarse al poder de una u otra forma. Habrá que ver si no existen giros propios de gobiernos débiles y desesperados que puedan aumentar aún más la tensión.

Ιωαχειν
Editor y columnista de la Izquierda Diario