El gobierno federal también decretó que el ejército controlará 10 hospitales públicos y privados, con la perspectiva de generalizar el control militar del sistema de salud frente al riesgo de protestas ante la falta de insumos y la saturación de hospitales.

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa
Lunes 6 de abril de 2020
El gobierno federal decretó el pasado 31 de marzo la crisis sanitaria en relación al covid-19. Como medida preventiva, también decretó el plan DNIII, con el cual la Secretaría de Marina y las Fuerzas Armadas mexicanas entran en actividades de auxilio a la población.
A pesar de ser un plan originalmente pensando para situaciones de desastre natural, las proyecciones del impacto de la pandemia del coronavirus y los escenarios que pre anuncia la situación en otros países, llevaron al gobierno a esta medida de fuerza que profundiza la militarización del país.
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El plan DNIII puede contemplar, además, medidas autoritarias como ir acompañado de un toque de queda, recurso que hasta hoy ha sido descartado por AMLO pero que puede usarse en caso de que la movilización obrera y popular ponga en riesgo la gobernabilidad.
Como vimos en el 2017 con el sismo, la salida del ejército a las calles “para auxiliar a la población” dio al traste con la solidaridad obrera y popular que se gestó las primeras horas tras el temblor. Y en decenas de casos, fue motivo de denuncias ciudadanas pues el ejército jugó un rol de encubrimiento de cuerpos bajo los escombros, sin importar que el gobierno intentara legitimarlo con una sucia campaña mediática.
El gobierno federal también decretó que el ejército controlará 10 hospitales públicos y privados, con la perspectiva de generalizar el control militar del sistema de salud frente al riesgo de protestas ante la falta de insumos y la saturación de hospitales.
Se suma, además, que el ejército ya controla 5 hospitales de alta especialidad, 36 hospitales y 272 clínicas. Además, 20 mil elementos del ejército serán desplegados en territorio nacional para fortalecer la acción de la Guardia Nacional y la Marina.
Contra la unidad nacional de los empresarios y el gobierno, que aunque haga demagogia, priorizará los intereses de los empresarios, es necesario que sea la clase trabajadora y el pueblo pobre quienes decidan cómo enfrentar esta crisis, así como el uso de los recursos públicos, priorizando nuestras vidas sobre sus ganancias.
Contra el aumento del autoritarismo y la militarización del país hay que oponer la autodefensa y autoorganización obrera y popular, para enfrentar la crisis sanitaria y económica que el gobierno y los empresarios quieren descargar sobre nuestras espaldas.
El presupuesto destinado a las fuerzas armadas, la marina y la guardia nacional, debe implementarse para revertir el desmantelamiento sistemático del sector salud, y mediante la implementación de impuestos a las grandes fortunas podríamos financiar insumos y material médico y sanitario necesario.