¿El Parlamento o la calle? ¿Reformas graduales o lucha de clases? ¿Hasta dónde llega el giro a izquierda de Pablo Iglesias? Podemos en el gobierno y Podemos en la oposición. Un debate necesario.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Miércoles 2 de noviembre de 2016
En las últimas semanas Pablo Iglesias ha desplegado un notorio giro político discursivo, planteando volver a un “Podemos de los orígenes” para dar “miedo a los poderosos”, retomando buena parte de la simbología y las coordenadas discursivas de la izquierda -tan denostada por él mismo pocos meses atrás-, diciendo que hay que combinar la presencia parlamentaria con la presencia en la calle para construir “un movimiento popular”.
Esto ha llevado a muchos sectores de izquierda, activistas y trabajadores a preguntarse si estamos frente a un cambio significativo en la orientación de Podemos, después de casi dos años de persistente “giro al centro” y transformación en una “maquinaria electoral”. O si, en cambio, se trata de una nueva maniobra pragmática de Iglesias, un nuevo “zigzag”, más retórico que real, acorde al arte de prestidigitador en el que Iglesias es un verdadero profesional.
En primer lugar, está claro que Iglesias busca recuperar parte de esos sectores que en el último año se desencantaron con Podemos, que de tanto girar al centro se había transformado en una fuerza completamente adaptada al estatus quo institucional, después de una campaña electoral que buscaba copiar los gestos del PSOE, con la estrategia de las “sonrisas” y la moderación para “no dar miedo”. Una estrategia que fracasó el 26J y abrió el debate en Podemos sobre el nuevo rumbo a tomar.
A continuación, vino el intento de acordar con el PSOE para lograr un “gobierno de progreso”, alternativa que se cerró por la negativa de los barones socialistas, que apoyados en el grupo PRISA y el IBEX35 efectuaron el “golpe de mano” y dieron paso al gobierno en minoría del PP apoyado en la “gran coalición”. Habiendo quedado Podemos ubicado a la oposición, se reabre el debate sobre cuál debe ser su papel en el próximo período.
En este contexto se despliega -entre zancadillas y acusaciones- la interna del partido morado, donde Iglesias enfrenta al ala radicalmente institucionalista de Errejón, que quiere llevar hasta el final el principio laclausiano de Podemos como “significante vacío”, para surfear sin contradicciones en un espacio de centro político. Los afines a Errejón han ocupado importantes posiciones de poder dentro de Podemos y en las instituciones estatales, disputando la dirección de la organización en una lucha fraccional abierta como ya sucede en Madrid.
Una militante de Anticapitalistas definió la reubicación reciente de Iglesias como un “giro maoísta”, que se apoyaba en sectores descontentos dentro del partido para encabezar “un ajuste de cuentas intra-burocrático”. Hay que decir que pesar de esta definición, Anticapitalistas viene de sellar un nuevo acuerdo con Pablo Iglesias, permitiéndole al “gran timonel” reubicarse y contar con nuevas fuerzas para la lucha interna.
Aun así, el resultado de la primera fase de las elecciones primarias en Podemos Madrid ha sido favorable para los errejonistas que ganaron 9 de 10 votaciones al tándem Iglesias/Anticapitalistas. La organización está partida al medio, la relación de fuerzas es inestable, y no están aseguradas las posiciones. Estas son algunas de las motivaciones políticas internas.
Al mismo tiempo, el giro discursivo de Iglesias expresa también un intento de reubicación ante el nuevo período político que se abre, buscando calibrar el rol de Podemos en el Parlamento y en la calle, intentando fortalecer la relación con el “afuera”. Después de haberse construido como un fenómeno mediático esencialmente electoral, su relación orgánica con los movimientos sociales y los sindicatos es muy débil.
Ante un nuevo gobierno conservador que buscará imponer nuevos ajustes, se abre la posibilidad de reemergencia de la lucha de clases, algo que ya han preanunciado la movilización del 29O en Madrid y la huelga estudiantil esa misma semana. Pero Podemos no tiene “músculo” en los movimientos sociales ni en los sindicatos para pretender dirigir la calle a “golpe de silbato”, como señala en un reciente artículo Emmanuel Rodríguez.
Gobierno y Parlamento: “cavar trincheras” para el asalto al castillo
En una extensa entrevista con Eldiario.es, Iglesias sostenía: “Se pueden cambiar muchas cosas desde el Gobierno. En el Parlamento, no. En el Gobierno. Yo prefiero gobernar. (…) Para que lo entienda todo el mundo: una decisión mayoritaria en el Parlamento no se convierte automáticamente en una ley que tiene que aplicarse. Incluso si aprobamos leyes, el Gobierno cuenta con muchos mecanismos para limitar la capacidad legislativa del Parlamento.”
El nuevo axioma que defiende Iglesias es que cuando Podemos se encuentra en la oposición corresponde “cavar trincheras en la sociedad civil” y ubicarse por izquierda. Pero, al llegar al gobierno (cuando “asalta el castillo”), es lógico –para Iglesias- moderar el programa, conceder, administrar algunos cambios “en los estrechos márgenes de lo posible”.
Una idea que hace explícita en la misma entrevista, cuando reconoce que, si se hubiera formado un gobierno “del progreso” con el PSOE, Podemos se “arriesgaba” a decepcionar, se arriesgaba “a que los estrechos márgenes de gobierno, teniendo que compartirlo con el PSOE y teniendo ellos la Presidencia, nos colocaran en la posición de no poder cumplir muchos elementos de nuestro programa. Nos arriesgábamos a un proceso de integración que seguramente hubiera reforzado al PSOE y nos hubiera debilitado. Y estábamos dispuestos a correr el riesgo porque eso implicaba poder cambiar cosas en nuestro país.”
Del discurso a la realidad: los ayuntamientos del cambio
Actualmente Podemos no es solo una fuerza de “oposición” a escala estatal en el Parlamento, sino que forma parte del gobierno en las principales ciudades españolas como Madrid, Zaragoza y Barcelona, junto a las candidaturas ciudadanas, Izquierda Unida y otras fuerzas. Y es justamente allí, donde gobiernan, donde se cumple más plenamente el axioma de Pablo Iglesias: los discursos radicales para la tribuna, pero una vez en el gobierno, moderación, moderación y más moderación.
En más de un año y medio de gobierno han mostrado que no van más allá de tibias medidas cosméticas, sin resolver ninguna de las demandas sociales ni democráticas pendientes, cediendo a cada paso ante las presiones de las empresas, los bancos y la derecha tradicional.
Convertidos en “gestores” del orden capitalista en las grandes metrópolis españolas, dejaron aparcadas las demandas de remunicipalización de los servicios públicos o el no pago de la deuda ilegítima. En cambio, desalojan centros sociales y persiguen a los manteros inmigrantes, como ha sucedido en Madrid y Barcelona, o se enfrentan con los trabajadores del metro en huelga. Finalmente, palabras aparte merece el rol de Podemos en algunas Comunidades Autónomas, comprometidos como peón del régimen para “dejar gobernar” al PSOE. Sobre esta cuestión Iglesias ha asegurado en otra entrevista que es partidario de introducir "garantías para que las políticas progresistas se apliquen", pero que dependerá de las direcciones autonómicas si mantienen los acuerdos con el PSOE o no.
¿Reforma o ruptura?
“Pero nuestra praxis es modesta, tenemos que ser modestos”, dice Iglesias. “El famoso debate ’reforma-revolución’ creo que no es un debate de la izquierda española ni del espacio político de Unidos Podemos ni de nadie en estos momentos. Yo creo que eso forma parte de la historia del breve siglo XX de Eric Hobsbawm. Creo que honestamente tenemos que decir que hay elementos culturales en los que hay que ser rupturistas en los que hay que buscar esos asaltos como metáforas dulces y ser conscientes de que nuestro programa es lo que es.”
Descartando por completo el horizonte de la “ruptura revolucionaria”, a Iglesias no le queda otra opción que acomodarse en los estrechos márgenes de lo posible. Los discursos radicales no son más que “metáforas dulces” para conquistar auditorio, pero su práctica real en los lugares donde Podemos ha llegado al gobierno está incluso por detrás de la práctica reformista socialdemócrata en el siglo XX.
Entre el Parlamento y la lucha de clases, Pablo Iglesias está dispuesto a coquetear retóricamente con esta última, si le permite fortalecer sus posiciones institucionales y prepararse para conquistar el “castillo”. Una práctica en la que el líder de Podemos se ha vuelto un especialista, intercambiando un discurso abiertamente socialdemócrata con uno radical de acuerdo a su conveniencia, como demuestra este instructivo video producido por Canarias Semanal. Pero detrás de estas metáforas su programa sigue siendo lo que es: gestionar con un poco de rostro humano el orden del Estado capitalista.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.