Ione Belarra anuncia que finalmente Podemos sí concurrirá junto a Sumar a las elecciones del 23J, pero sin detalles sobre el acuerdo. El periplo hasta llegar a la decisión de concurrir juntos; las condiciones en las que llegaban ambas formaciones al acuerdo; y el modo en que se ha cerrado: secretismo, confusión, tensión y muchos dardos envenenados no hace más que constatar el fin de ciclo del neorreformismo.
Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo
Viernes 9 de junio de 2023

El llamamiento de Pedro Sánchez a nuevas elecciones el próximo 23 de julio impuso unos plazos para presentar las candidaturas de coaliciones que sin duda han sido una complicación para que Podemos y Sumar cierren un acuerdo de coalición. Dos semanas en las que deberían decidir si concurren juntos a las elecciones y en qué condiciones. Un tiempo que ha estado marcado por la incertidumbre hasta el último momento sobre si se presentarán juntos o no y que continúa sin estar cerrado en cuanto a los detalles del acuerdo.
Ha sido poco antes de las dos de la tarde del viernes cuando Ione Belarra ha anunciado en rueda de prensa que finalmente Podemos sí concurrirá junto a Sumar. Sin embargo la secretaria general de la formación morada advertía que los detalles del acuerdo no estaban cerrados, y que seguirían negociando para levantar el veto que según ellos se ha impuesto a Irene Montero para que no vaya en las listas. El límite con el que cuentan para cerrar el acuerdo es la media noche de hoy viernes, momento en que termina el plazo para presentar candidaturas de coaliciones.
Sin embargo, el tiempo límite con el que contaban para la negociación no ha sido el principal escollo para llegar al acuerdo. El carácter de estas negociaciones y las condiciones en las que han llegado sus protagonistas expresan algo más que los inconvenientes resultantes de la falta de tiempo.
Podemos llegaba muy debilitado a esta negociación. Las elecciones del 28M mostraron el retroceso electoral de Podemos quien en muchas comunidades perdió su representación como en Madrid. Esto es algo que se ha constatado en estos días, el último capítulo ha tenido lugar en la Comunitat Valeciana y mostraba el papel en el que quedaba Podemos en estas negociaciones. En esta comunidad este mismo viernes por la mañana Sumar anunciaba que había llegado a un acuerdo con Compromís para presentarse juntos bajo la marca “Compromís-Sumar: Sumem per Guanyar” dejando fuera a Podemos. El “veto a Montero” es otra muestra de esto.
Por su parte Sumar, aunque no se expuso al examen electoral del 28M, como apéndice ya independiente de la experiencia neorreformista está condenado a correr la misma suerte. El varapalo electoral del 28M, que no afectó solo a Podemos sino a todo el espectro progresista y norreformista, fue resultado de la cada vez mayor falta de confianza en el neorreformismo en sus diferentes versiones. Esta falta de confianza se expresó en una amplia abstención de los sectores que hasta ahora venían confiando en la posibilidad de un cambio en clave progresista, o al menos en la posibilidad de un gobierno menos duro que la derecha, pero que tras una experiencia del gobierno PSOE-UP y las distintas experiencias autonómicas y municipales de los últimos años que han constatado la bancarrota neorreformista han preferido abstenerse.
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Hacia el interior de las fuerzas como Podemos, Sumar o IU los resultados electorales lejos de plantear una reflexión más profunda a cerca de los límites de la estrategia neoreformista que busca gestionar de una manera más humana el capitalismo –algo que es una verdadera utopía- y que por tanto no dan, ni puede dar, respuesta a las principales demandas de la mayoría social, se han traducido en una lucha para ver quien ocupa las pocas posiciones que quedan para ellos en un momento en el que el los representantes del bipartidismo empieza a consolidar su recomposición.
El curso de las negociaciones entre Podemos y Yolanda Díaz aunque se ha caracterizado por su hermetismo demuestra que éstas no han sido complejas por diferencias en el contenido programático, ni táctico, mucho menos estratégico, sino que responden a una cuestión de supervivencia o no de sus aparatos en la que Podemos tiene mucho más que perder. Sin embargo, Podemos y Sumar son ambas versiones de un mismo proyecto neorreformista, ambos aspiran a reeditar un Gobierno de coalición con el PSOE y ser sus socios minoritarios. Ser quienes sigan ayudando a apuntalar el régimen del 78 y sus el extremo centro, el PSOE. La disputa es quien hegemonizará esta aspiración.
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Esta apuesta se expresa en el discurso que vienen poniendo al frente ambos sectores desde el 28M: “unir las fuerzas progresistas frente al avance de la derecha”. Un viejo discurso en el que siempre se apoyaron pero que ahora revitalizan ante el avance de posiciones institucionales de la derecha y que derechizan sin complejos al plantear una versión mucho más a la cola de Pedro Sánchez de lo que hicieron en anteriores contextos electorales.
El ingreso de Unidas Podemos al Gobierno con el PSOE marcó un punto de inflexión en su integración en el régimen político del capitalismo imperialista español. Pasaron a formar parte de un gobierno imperialista y aplicar la agenda del liberalismo progresista ayudando además a darle un barniz más “amable” a sus políticas contrarias a los intereses de la clase trabajadora y sectores populares. La bancarrota de este proyecto llega tras jugar un papel esencial a la hora de ayudar a recomponer a uno de los pilares del Régimen del 78 (el PSOE) y a allanar el camino al avance de la derecha al aplicar durante años políticas de reaccionarias al mismo tiempo que desactivaban cualquier iniciativa de autoorganización que se propusiese enfrentar a la derecha.
Los resultados que obtenga la coalición de Podemos, Sumar e IU junto al resto de variantes neorreformistas en las próximas elecciones están por ver. Pero más allá de los resultados concretos el espacio neorreformista tiene un recorrido cada vez menor en cuanto mayor sea la recomposición del régimen del 78 y del PSOE en concreto. Esta situación plantea una importante tarea: la necesidad de construir una izquierda revolucionaria, que ponga en el centro la lucha de clases, dispuesta a cuestionar los marcos de lo posible que nos imponen, que pelee por derechos y medidas básicas que mejoren la vida de la clase trabajadora, las mujeres, las migrantes y la juventud.
Es por ello que, del mismo modo que el 28M, desde la CRT llamamos a votar nulo o abstención para el 23J. Frente al avance de la derecha, no podemos caer en la trampa del mal menor que, como se ha demostrado, no hace más que abrir la puerta al avance de la derecha. Necesitamos construir una izquierda obrera y socialista, una alternativa que defienda abiertamente un programa transicional anticapitalista, que ponga el eje en la lucha de clases y que plantee la perspectiva de pelear por una sociedad socialista.
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