Publicamos la declaración de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores CST, sobre la necesidad de luchar desde la clase trabajadora, las mujeres y la juventud por la liberación de las patentes y los derechos de propiedad de las vacunas para que estas puedan ser aplicadas en el Perú cuanto antes enfrentando de esa manera la profunda crisis sanitaria que se vive a raíz de la proliferación de la segunda ola de contagios de Covid-19.
Viernes 5 de febrero de 2021
Las cifras de contagiados y fallecidos por Covid-19 crecen todos los días, así tenemos que, a la fecha, según la última actualización de cifras emitida por el Ministerio de Salud, el número oficial de fallecidos desde que se inició la pandemia hasta el 02 de enero de este año es de 41 538 personas, mientras que las y los contagiados en las últimas 24 horas serian 5 625 personas, de las cuales 184 abrían fallecido.
Este incremento abrumador de contagiados y fallecidos hace parte de este nuevo rebrote en la proliferación del Covid-19 llamado también segunda ola, que ya ha alcanzado los índices más elevados que se dieron entre los meses de junio y agosto del año pasado y, al parecer, y considerando la profunda crisis del sistema sanitario público y la profunda crisis económica que vive el país, la tendencia al crecimiento de la curva de contagios tendería a incrementarse en las próximas semanas.
Solo una rápida y masiva vacunación podría atenuar esta situación, sin embargo, la posibilidad que esto ocurra esta cada vez más distante.
La incapacidad del ejecutivo para adquirir las vacunas, está relacionada directamente a la denominada “guerra por las vacunas” de los Estados imperialistas entre sí y de estos con las empresas multinacionales farmacéuticas, que, de conjunto, especulan a costa de la vida de millones de personas en todo el planeta. Esta “guerra por las vacunas” está llevando a que millones de personas de diversos países del mundo – sobre todo de los países más pobres, que es donde se siente con más crudeza la actual crisis sanitaria – no puedan acceder hasta ahora a las vacunas y por tanto se vean obligados a ver cómo, todos los días, el número de fallecidos y contagiados crece considerablemente.
Por esa razón, las naciones más ricas del planeta - que suman sólo el 14% de la población mundial - han comprado en los últimos meses más de la mitad (53%) de todas las vacunas con más posibilidades de funcionar. Y de acuerdo con informaciones de la coalición The people´s vaccine, los 70 países más pobres del mundo solo podrán vacunar a 1 de cada 10 personas durante todo el 2021. Países como Canadá, en cambio, han comprado una cantidad que les permitiría vacunar a su población por lo menos cinco veces. Hasta ahora, sobre un total de 64 millones de vacunas que ya han sido administradas a nivel global, 38,7 millones fueron aplicadas entre Estados Unidos y Europa y otros 15 millones en China. En contraste, según el portal estadístico Our World in Data, en África –actualmente afectada por una segunda ola con gran mortalidad– se han aplicado solo 18.000.
La propiedad monopólica de las patentes de las vacunas por parte de un puñado de multinacionales capitalistas a nivel mundial está provocando estas crueles desigualdades en la distribución de las vacunas. Quien más paga, más obtiene, es el lema que guía el negocio de las farmacéuticas, aun cuando esto significa dejar a gran parte del mundo sin vacunas. Y esto implica no solo más muertes en los países más pobres, más crisis en sus economías, aumento de las migraciones para escapar del hambre y más desempleo, sino también que, si gran parte del mundo no obtiene vacunas, la pandemia será más difícil de erradicar. Pero la lógica de la ganancia capitalista es lo contrario a la racionalidad y la planificación en función de las necesidades sociales, como se está demostrando de forma trágica en esta crisis.
Cabe mencionar que las patentes y la propiedad intelectual no son nada más que la apropiación privada de un bien común: el conocimiento científico y técnico que se ha ido acumulando durante años o décadas, producto de múltiples investigaciones en diferentes países, en gran parte financiado con dinero público, en universidades, hospitales o centros de investigación de todo el planeta. Este es el caso de algunas vacunas, como por ejemplo Moderna, cuyo financiamiento público implico casi la totalidad. Así pues, esta empresa utilizó tecnología desarrollada por el gobierno de los EEUU como la base de su vacuna, pero además recibió cerca de 1000 millones de dólares de dinero público para desarrollar el medicamento y luego 1500 millones de dólares del mismo gobierno por compras anticipadas.
La lucha entonces por tener acceso a las vacunas esta directamente relacionada a la lucha por la liberación de las patentes, la cual está planteada como una necesidad urgente ante la catástrofe generada por la pandemia. Por eso, en el Perú debemos luchar para que se liberen las patentes y los derechos de propiedad. Solo de esa manera podremos tener acceso rápido a las vacunas e incluso será posible que desde el estado se pueda promover la producción de una vacuna nacional con la participación de las universidades, los investigadores y científicos locales.
Esto a su vez debe ir acompañado de la intervención estatal inmediata de todas las farmacéuticas y laboratorios privados, poniéndolos bajo control de los profesionales de la salud y al servicio de planes racionales de producción y distribución de vacunas y testeos.
Así mismo, debemos pelear por el aumento de los presupuestos de salud y educación, así como del nombramiento inmediato del personal sanitario (CAS y terceros) para poder garantizar la vacunación y evitar el colapso de los hospitales. Estas y otras medidas de urgencia solo serán posibles si afectamos a las grandes fortunas a través de impuestos progresivos a la riqueza y si dejamos de pagar la fraudulenta deuda pública.
Las diversas variantes de la izquierda reformista y neo reo reformista encabezadas por Veronika Mendoza, Marco Arana o Pedro Castillo, que hoy se encuentran en carrera electoral, al no tener una política de ruptura con el capitalismo para encarar la presente crisis sanitaria y la proliferación de los contagios, nada tienen que ofrecerle al pueblo trabajador más que demagogia.
Por eso, para poder llevar a la práctica estas y otras medidas debemos desarrollar una lucha unitaria del conjunto de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Para esto, también hace falta combatir a las burocracias sindicales que apoyaron y apoyan la reaccionaria unidad nacional con los gobiernos pro empresariales como el de Sagasti ahora y antes el de Vizcarra, y que durante toda la pandemia se negaron a luchar por las medidas requeridas por la clase trabajadora y el pueblo.
Urge que todas las organizaciones que se reivindican de la clase trabajadora o defensoras de los intereses populares, impulsemos unitariamente medidas de lucha, partiendo de la exigencia de la abolición de las patentes y de garantizar las vacunas y demás medicamentos, equipos y fondos necesarios para combatir la pandemia. No hay tiempo que perder. Nuestras vidas valen más que sus ganancias.