La presidenta Dilma Rousseff desistió de grabar un mensaje por el Día de los Trabajadores que saldría en televisión el 1º de mayo, como hizo en los cuatro primeros años de gobierno.
Miércoles 29 de abril de 2015
Fotografía: EFE
“La presidenta va a dialogar con los trabajadores, con la sociedad brasilera, por las redes sociales. En cadena nocional (de radio y TV) no. Será un diálogo por medio de las redes sociales, porque es una forma de valorizar otros modos de comunicación”, afirmó este lunes en entrevista colectiva el ministro de la Secretaría de Comunicación Social, Edinho Silva.
El ministro detalló que la decisión de no transmitir el tradicional mensaje presidencial del Día de los Trabajadores fue tomada en una reunión ayer entre los coordinadores políticos del gobierno y negó que haya sido motivada por el temor de un nuevo cacerolazo, como el registrado el 8 de marzo, cuando Dilma hizo un pronunciamiento por el Día Internacional de la Mujer
“La presidenta no teme a ninguna forma de manifestación oriunda de la democracia. Sin embargo, en este momento consideramos que la mejor forma de comunicación son las redes sociales”, resaltó.
Esta será la primera vez en 13 años que un presidente de Brasil no transmite un discurso televisivo para conmemorar el Día del Trabajador. La tradición fue iniciada por Luiz Inácio Lula da Silva en 2003.
El silencio de un mandato marcado por un proyecto de ley tercerizador
Aunque lo intenten negar, está claro para todos que la no realización del discurso en la TV sí está ligada al enorme desgaste por el que pasa el gobierno del PT y los bajísimos índices de popularidad de Dilma.
No es solo el cacerolazo de los barrios de clase media alta lo que Dilma teme revivir. Un sector de estos que hacen oposición por derecha a su gobierno, saldría en realidad a aplaudir lo que la presidenta tiene para decirles a los trabajadores.
Lo que teme es el desgaste aún mayor frente al conjunto de la clase trabajadora brasilera, que asiste indignada al apoyo del gobierno al PL4330, proyecto de ley aclamado por la burguesía que amplía indiscriminadamente la tercerización del trabajo.
Lo hace a través de prácticamente toda la base aliada del petismo en la Cámara, y principalmente de su ministro de Hacienda Joaquim Levy, quien fue a Nueva York a informar a los empresarios yanquis la “nueva ofrenda” tercerizadora en Brasil.
Los trabajadores no olvidan que, con la complicidad de la CUT y de la CTB, fueron Dilma, Lula y el PT quienes garantizaron en la última década el aumento de 4 a 12 millones la cantidad de trabajadores tercerizados.
La presidenta da un mensaje claro de que está cerrada con respecto a los recortes del ajuste fiscal, la quita de derechos laborales y el avance de la tercerización y no tiene nada más que decir a los trabajadores, ni que negociar con las centrales sindicales. Hasta la demagogia de siempre pareciera estar desgastada.