La semana pasada, en el 21 Congreso de la Democracia Cristiana de América, defendió la obra de la Concertación y hoy Nueva Mayoría para garantizar la “gobernabilidad democrática”.

Pablo Torres Comité de redacción La Izquierda Diario Chile
Lunes 30 de mayo de 2016
Explosiones sociales y gobernabilidad democrática
“En nuestro país hemos sabido construir grandes alianzas y hemos dado gobernabilidad democrática a la nación”. Con un dejo de sinceridad en su objetivo estratégico, aludiendo a los gobiernos de la Concertación y el suyo actual, señaló: "Hemos enfrentado problemas por construir grandes reformas (…). Es cierto, pero más cierto aún es que hemos evitado al país las grandes explosiones sociales o la crisis de gobernabilidad que se derivan de no actuar ni querer actuar a tiempo".
¿Qué interpretación hacía Bachelet ante los representantes demócrata-cristianos? Es “cierto” que han enfrentado problemas en sus reformas, pero hacerlas (“querer actuar a tiempo”) es “más cierto” que ha logrado evitar “grandes explosiones sociales”. Ese objetivo estratégico de las reformas (la defensa de la gobernabilidad pos-dictadura) ha evitado (por ahora, y sólo parcialmente) un gran estallido social violento que abra una crisis de gobernabilidad (y una oportunidad seria para las masas trabajadoras se echar abajo violentamente este régimen). ¿Hacia dónde vamos?
Un partido del orden y la contención
El rol de “contención” que ha jugado la confluencia entre “el centro y la izquierda”, ha canalizado las múltiples demandas y descontentos hacia la institucionalidad de un régimen cuestionado. Las aisladas “explosiones sociales” (sólo este año la rebelión de los trabajadores públicos de Atacama, revuelta de Chiloé, y ahora un movimiento ascendente de los estudiantes con tomas, paros y movilizaciones) no se ha transformado en una generalizada lucha de clases que abra una aguda crisis de gobernabilidad.
La clase dominante de nuestro país (nativa y extranjera) tiene en Bachelet una defensora de reformas sociales y políticas para garantizar esa gobernabilidad “democrática”, que en un sentido ha resultado. Pero sólo parcialmente: lo que pareciera ser un nuevo estallido de la juventud secundaria-universitaria es muestra de los signos de debilidad del régimen y del gobierno, así como las potencialidades y límites de la lucha de clases para su generalización en las calles. El rol de las “burocracias” (estatales, sindicales y estudiantiles) como mediaciones o puente con las instituciones (vía “presión” hacia gobierno y/o parlamentos) son claves para evitar una generalización de la lucha de clases y una impugnación más general en las calles a la herencia pinochetista, la clase dominante y sus representantes políticos.
Tiempo, virtudes y fracasos
El momento de las reformas llegó con ese objetivo. Un programa que respondiera a las demandas del 2011; cooptación de figuras estudiantiles (Camila Vallejo era central en esta estrategia, así también en “los márgenes” Giorgio Jackson); la constitución de Nueva Mayoría con la integración del PC. De conjunto, se trataba de canalizar “las calles” a la institucionalidad. Fue un objetivo audaz, aunque abrió “resistencia” de sectores empresariales, la derecha, iglesia, etc. que ven en cada mínima reforma una pérdida de sus cuotas de poder que no están dispuestos a soltar.
Pero estas reformas fueron prácticamente abortadas con el giro a derecha del “realismo sin renuncia”: desaceleración económica, “cocina” del Senado, “ajuste fiscal”, etc., y cruzadas en un marco de agudos escándalos de colusión empresarial y corrupción política.
Este “momento particularmente complejo” que señaló Bachelet, al estancarse la economía, profundizarse la crisis de legitimidad y representación de “los de arriba” (que “ya no pueden gobernar como antes) y abrirse vías para que se desarrollen luchas de “los de abajo” (que “ya no pueden seguir viviendo como antes”), abre las brechas para que “grandes explosiones sociales” se desarrollen.
Para ponerlo en otros términos: si con las reformas Bachelet logró “ganar tiempo” (un bien preciado en la política) lo que ha sido su “virtud”, evitar “grandes explosiones sociales”, constituye a la vez su principal frustración: no ha logrado cerrar el ciclo de lucha de clases abierto el 2011 y el cuestionamiento más general al “modelo” y al régimen. La apertura de pequeñas “explosiones sociales” es señal de eso, que de generalizarse y confluir (paros nacionales y ocupaciones masivas, huelga general de obreros y estudiantes, lucha de barricadas, etc.), un marco nuevo para la acción independiente de masas.
Los desafíos de la etapa
La represión y reformas “en la medida de lo posible”, van debilitando las vías de “contención”. Ahí aparecen los “hombres de Estado” y los pedidos de “orden” en las alturas.
Las estrategias a la izquierda de la Nueva Mayoría, como Revolución Democrática o Izquierda Autónoma (con un discurso más “radical”), así como de las principales direcciones burocráticas del movimiento sindical (Nueva Mayoría) y estudiantil (“anti-neoliberales”), lejos de buscar profundizar esta brecha generalizando la lucha de clases y unificando desde las bases a estudiantes y trabajadores, con su política de conciliación (vía pactos directos como el PC, trabajos en común como RD o “presión” al parlamento y gobierno, como si algo cambiara, como hace la mayoría CONFECH) alimenta ilusiones en que se podrá cambiar algo en este régimen incapaz de satisfacer las demandas sociales y democráticas, obstaculizando un camino independiente.
La actual lucha estudiantil puede abrir una posibilidad mayor que se generalicen las luchas y demandas en la medida que se desarrolle el paro nacional indefinido, las tomas y movilizaciones masivas. Hay que preparar y luchar por una nueva rebelión estudiantil masiva y en unidad en las calles con el movimiento sindical. Así, aunque en la CUT reine la burocracia aliada del gobierno, el fracaso de la reforma laboral abrió un descontento, y partiendo de la alianza con los sectores combativos (en docentes, portuarios o mineros), hay que avanzar hacia un gran paro nacional obrero-estudiantil exigiendo a las principales centrales, sindicatos y federaciones.
Este 31 de Mayo la CUT ha convocado (pasivamente, sin preparación ni combatividad) a una movilización, que sin embargo hay que aprovechar para que los estudiantes puedan inspirar a los trabajadores desde sus bases. Este camino permitiría un giro para que se pueda imponer una salida independiente de los explotados y oprimidos a la situación del país, y no de los empresarios, Chile Vamos o la Nueva Mayoría.
Una fuerza de combate de los trabajadores y la juventud debe emerger como actor protagónico en estas batallas, con un programa de acción para masificar y generalizar la lucha estudiantil, y llamando a la unidad con el movimiento sindical, desafiar el Chile capitalista y la “gobernabilidad democrática” de las grandes fortunas y sus representantes.

Pablo Torres
Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro Rebelión en el Oasis, ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.