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Opinion. ¿Por qué el problema de las eléctricas no es que Unidas Podemos tenga sólo 35 diputados?

La formación morada ha sido objeto de duras críticas por la situación de pobreza energética y su responsabilidad política por formar parte de un Gobierno al servicio, entre otros grandes negocios, de los intereses del oligopolio energético.

Jaime Castán @JaimeCastanCRT

Miércoles 13 de enero de 2021

Con la subida de la luz un 27 % en plena ola de frío y por situaciones como la que se están viviendo en la Cañada Real, Unidas Podemos ha sido foco de críticas por su responsabilidad política al formar parte del Gobierno, sobre todo cuando salían a flote los tweets que Iglesias o Garzón publicaron hace unos años denunciando esa misma situación cuando gobernaba el PP. De hecho, las promesas de campaña electoral hablaban de bajar los precios de la factura y, por el contrario, han tenido una subida histórica.

Pronto desde Unidas Podemos y su entorno han tratado de justificarse a través de las redes sociales, quitándose responsabilidad política con la excusa de que tienen sólo 35 diputados y poco peso en un Gobierno que lidera el PSOE y es contrario a intervenir el sector energético. También justifican seguir en el Gobierno, a pesar de tener que tragar constantemente con la política del PSOE a la que se han plegado estoicamente cruzando línea roja tras línea roja, considerando que estando dentro han conseguido importantes “conquistas”. Una retórica que cada vez genera más desencanto entre amplios sectores que vieron en algún momento a Unidas Podemos como una alternativa política.

No se puede cuestionar el oligopolio energético de la mano del PSOE

El PSOE, junto al PP, es el principal artífice de la privatización de las empresas energéticas desde los años ochenta y son un pilar fundamental del capitalismo español. La estrecha relación entre el Régimen del 78 y los intereses de las energéticas ha quedado más que evidenciada con el fenómeno de las puertas giratorias, con expresidentes como Felipe González o José María Aznar terminando en los consejos de administración de las empresas que sus propios gobiernos habían privatizado o favorecido con sus decisiones políticas.

No ha sido una política casual, sino que ha sido toda una estrategia del imperialismo español que a través de estas empresas no sólo hacen negocio suministrando energía en el Estado español, sino que operan y expolian la energía de otros países fundamentalmente de América Latina. Así los políticos del Régimen del 78 que han estado a su servicio, como al del resto de empresas del IBEX35, encuentran en ellas un “retiro dorado” que se suma a sus altas pensiones vitalicias.

Eso ha sido y es el PSOE, la “casta” de la que Pablo Iglesias hablaba en 2014, con la que ahora forma gobierno y de la que ya forma parte, como del Régimen del 78 en su conjunto. La entrada hace un año a un Gobierno del IBEX35 ha sido la última integración política de Unidas Podemos, que ya venía pactando gobiernos y cargos a nivel municipal y autonómico con el PSOE y otros partidos.

¿Pero de qué ha servido esta política? Tan sólo para blanquear a un PSOE que estaba en crisis hace apenas unos años y ser el pilar izquierdo de un gobierno que deberá pilotar el capitalismo español en un escenario de crisis, para lo que fue necesario que desde Unidas Podemos no se tomaran consignas que cuestionen al Régimen en su totalidad: como cuestionar a la monarquía, plantear procesos constituyentes, el no pago de la deuda o las nacionalizaciones de sectores estratégicos de la economía como la banca o las propias eléctricas.

Unidas Podemos no plantea la nacionalización de las empresas energéticas

Ya de entrada, el programa de Unidas Podemos no plantea la nacionalización del oligopolio energético, sino la creación de una empresa energética pública que compita para bajar los precios. A pesar de esos “desafortunados” tweets hace unos años donde el “camarada” Garzón pedía la nacionalización, desde su Misterio de Consumo, vacío de competencias además, dice cosas como: “el mercado energético heredado por el Gobierno estaba mal diseñado y pensado para la era de los combustibles fósiles”. Su socio de gobierno es el partido que más ha gobernado desde 1978 ¿De qué herencia está hablando? El PSOE es el responsable de esa política y ahora también Unidas Podemos al no sólo apoyar, sino incluso formar parte del Gobierno.

Pero lo importante es que, ante esta situación, lo que defiende el “ministro comunista” son “reformas para el mercado energético que corrijan las anomalías” y una empresa pública energética que “no controlaría el mercado ni es la panacea, pero con ella mejoraría el margen de acción pública y se conseguiría cambiar la estructura de mercado”. Medida esta última que tendrá que posponerse a que en algún momento el resultado electoral les permita negociar con el PSOE, puesto que, evidentemente, su socio de gobierno no la quiere llevar adelante. Pero medidas lo suficientemente tibias en su contenido como para permitirle ocupar un cargo ministerial de un Estado imperialista. Un despropósito.

Por lo tanto, Unidas Podemos ni siquiera plantea claramente la nacionalización. Una nacionalización que además tiene que ser sin indemnización y bajo control de las trabajadoras y trabajadoras, si realmente queremos cuestionar la raíz del problema de la energía, tanto para terminar con la pobreza energética, como para avanzar hacia una energía sostenible y respetuosa con el medio ambiente. No se trata de regular o reformar el mercado, sino de arrebatar esas empresas estratégicas y de primera necesidad a la propiedad privada y la especulación y ponerlas al servicio de las mayorías, así como poner fin al expolio de los recursos de otras naciones.

La ilusión de reformista de transformar gradualmente el capitalismo ganando las elecciones o pactando gobiernos

Nacionalizar las eléctricas supone un cuestionamiento muy profundo al capitalismo imperialista español como veíamos, ya que es uno de sus pilares y negocios más importantes. Para ello es necesaria una política anticapitalista que sea capaz de llevarla adelante y que no puede ser otra que la de desarrollar la organización de la clase obrera en sus puestos de trabajo, con sus métodos de lucha y con una política independiente de la burguesía que cuestione cualquiera de sus gobiernos de turno y el rol de las burocracias sindicales que garantizan la paz social.

Frente a esta perspectiva, la idea de formar gobiernos con partidos de la burguesía, para avanzar con pequeñas medidas y tratar de ganar las elecciones para reformar el capitalismo no es una ocurrencia de Garzón o Iglesias, es lo que la socialdemocracia y el reformismo vienen planteando al menos desde comienzos del siglo XX. Hay muchas experiencias históricas del fracaso de esta política, desde los más recientes como los “ayuntamientos del cambio”, lo visto con Syriza en Grecia, o el rol del propio PSOE en los años ochenta. No olvidemos que el PSOE de Felipe González en los años setenta estaba mucho más a la izquierda en su programa de lo que hoy está Unidas Podemos y una parte importante de la extrema izquierda incluso pasó a formar parte del PSOE en aquellos años. De aquellos polvos, vienen estos lodos.

El propio surgimiento de Podemos supuso un desvío de las potenciales políticas que muchos sectores de la juventud y la clase trabajadora desarrollaron frente a la crisis del capitalismo en 2008 y los partidos del régimen.