Tras más de 100 años de la matanza de los Mártires de Chicago y la lucha del movimiento obrero por la reducción de la jornada laboral a 8 horas, las mujeres trabajadoras debemos reivindicar su legado y tomar sus lecciones para luchar contra la precarización laboral, los despidos y las prácticas antisindicales, a favor de nuestras demandas y familias.

Gaba La Izquierda Diario Antofagasta
Domingo 29 de abril de 2018
Para las mujeres, en particular trabajadoras, estudiantes y pobres, el escenario político y económico nacional e internacional, es bastante desfavorable: el 60% de las personas que pasan hambre en el mundo de forma crónica son mujeres y niñas, constituyen dos terceras partes de los casi 800 millones de analfabetos, tienen sueldos en promedio de un 60% menos que los hombres, y sólo un 50% de las mujeres en edad de trabajar tienen un empleo, frente al 77% de los hombres, además de que 1 de cada 3 ha vivido violencia física y sexual.
En Chile, la situación no es más alentadora enfrentamos una situación de precarización laboral y violencia de género diaria, presente en las familias, en el trabajo, en las universidades, en los liceos y escuelas, en los medios de comunicación y en las calles. Así también, vemos vulnerados nuestro derecho a la educación, a la salud y las pensiones dignas. Escenario que se está volviendo más complejo bajo un gobierno empresarial, con Piñera y los grandes empresarios unidos, para enriquecerse a costa de coartar los derechos y la organización de las mujeres trabajadoras, estudiantes, inmigrantes, mapuches y pobres. Cuestión que ya comenzamos a respirar con la objeción de conciencia a las clínicas privadas contra el derecho al aborto en 3 causales; el decreto anti-inmigración o la ley anti terrorista; la iniciativa de aumentar la edad jubilatoria y aumentar los fondos de las AFP, pero no para que las pensiones cubran la canasta familiar, sino para seguir enriqueciendo a la bolsa y sus negocios, el salario mínimo, el cual no sobrepasa los 280 mil pesos, donde el 50% de las trabajadoras ganan 270 mil pesos y el 70% gana menos de 390 mil pesos líquidos al mes, a lo que se suma que muchas trabajan sin derechos mínimos, tales como; un contrato estable y no a plazo fijo, subcontratada o a honorario, con acceso a tiempo de amamantamiento, sala cuna y pago de jardines infantiles para hijos e hijas, y condiciones laborales óptimas, entre otros.
Así lo han señalado por ejemplo, las trabajadoras de la educación, profesoras y funcionarias, que han denunciado y se han organizado contra la inestabilidad laboral y los despidos, contra los contratos fijos y la ley que permite a los directores poner a disposición al 5% de la planta docente de un establecimiento, manifestándose en las calles junto a los estudiantes y otros sectores sindicales y de trabajadores, exigiendo la titularidad docente y defendiendo la educación pública. En un marco donde los empresarios atacan al conjunto de los trabajadores con despidos, prácticas antisindicales y persecución a la organización de las y los trabajadores, y en docentes no ha sido la excepción.
Frente a todo lo anterior y de cara a un nuevo 1 de mayo “Día internacional del trabador”, debemos como mujeres y trabajadoras cuestionarnos el cómo defender nuestra organización, en los sindicatos, en las Comisiones de Mujeres, entre otros, pero también reflexionar el cómo avanzar en nuestras demandas que son históricamente tan sentidas. En este punto cobra importancia las lecciones que nos deja el movimiento obrero hace más de 100 años, donde los trabajadores y trabajadoras lucharon unidos en las calles contra las 16 horas de trabajo y los sueldos miserables, por la reducción de la jornada laboral a 8 horas, con 8 horas de descanso y 8 horas de ocio, alcanzando importantes avances en cuanto al tiempo libre, a más horas de descanso, más posibilidades de disfrutar el progreso humano, de la cultura y de la vida social. Sin embargo, la voracidad del sistema capitalista por aumentar sus ganancias a costa de la precarización de los trabajadores más fuertemente de la mujer, nos lleva nuevamente a reivindicar esa unidad, combatividad y organización de hace cientos de años desplegada en las calles para conseguir nuestras demandas. Haciéndose necesario hoy al igual que ayer, impulsar una gran fuerza social de las mujeres, los trabajadores y estudiantes, que pueda unirse y solidarizar entre todas las luchas y causas, de forma independiente a los empresarios, el gobierno y los viejos partidos del régimen, única forma de vencer y conquistar nuestras demandas, muy contrario a lo que postula el frente amplio que esta lucha se dé por medio de “mesas de diálogo” junto al Gobierno, o con “unidad de la oposición” junto a la vieja Concertación que durante muchos años no ha dado respuestas, o junto al diálogo social de las cúpulas burocráticas de la CUT que han brillado por su ausencia en las luchas obreras. Esto hasta que, como decía la revolucionaria Rosa Luxemburgo, “Todas las exigencias no hayan sido satisfechas, el 1º de mayo continuará siendo la manifestación anual de esos reclamos”.