Desde el pasado lunes, los militantes del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) de Arica se encuentran recolectando firmas en la ciudad. Camila Acuña, vocera de la organización y una de las organizadoras de la coordinadora Ni una Menos de la región, nos explica las razones de levantar esta organización.

Elías Ignacio Periodista
Viernes 24 de febrero de 2017
Camila Acuña, estudiante de cuarto año de Trabajo Social en la Universidad de Tarapacá, milita hace un año en el PTR y es parte de la organización feminista Pan y Rosas.
En relación a los objetivos que se han propuesto para este año, comenta que “hace varios años que el PTR se encuentra presente en la ciudad y en el último congreso de nuestra organización decidimos dar un paso importante para intervenir en el terreno electoral”.
Además, la dirigenta expone que la organización de la cual es parte “se ha hecho presente de las luchas de los trabajadores, las mujeres y los estudiantes” y ese es el tipo de organización que quieren construir, es por ello que actualmente se encuentra participando de la coordinadora No + AFP, la coordinadora Ni una Menos y el movimiento estudiantil de la región.
En primer lugar, es importante considerar que Arica es una región fronteriza con Perú y Bolivia. Una ciudad cruzada por el constante flujo de migrantes. Según datos entregados por el Servicio Jesuita a migrantes, “Arica cuenta con 10% de población migrante en relación con la población total, lo que la transforma en la región con mayor incidencia de población migrante”.
Por estas características es que podemos observar que si bien hay mucho flujo de peruanos, bolivianos y colombianos en la región, son estos quienes sufren una importante precarización; teniendo que optar por trabajos con sueldos muy bajos y fuerte explotación. En el caso de las mujeres migrantes, en su mayoría realizan trabajos remunerados de cuidado doméstico, teniendo que salir de su país para poder sustentar a sus familias. Esto sucede principalmente porque los migrantes tienden a ocupar nichos laborales ya no ocupados por la mano de obra nacional.
En segundo lugar, es una ciudad con fuerte presencia militar, donde la Guerra del pacífico ha tenido gran influencia en la formación de discurso e identidad en los habitantes; en donde, por un lado, nos encontramos con un discurso muy integrador y de aceptación, pero por otro con mucha discriminación y xenofobia. Principalmente con discursos nacionalistas de “nos han venido a robar el trabajo”, hasta “Sólo vienen a delinquir”. Asimismo, existe un constante miedo ante cualquier conflicto bélico, es decir, en el sentido común del ciudadano o la naturalización de ver a militares armados o pasando en vehículos gigantes de la institución.
Por otra parte, se observa los extremos gastos en dinero para material bélico, lo cual se refleja también en que militares tienen mayor oportunidad que el común de la gente, tanto en salud como en vivienda; lo cual, además, se cruza con el hecho de que Arica es una ciudad con pocas oportunidades laborales, lo que incrementa mucho más estos problemas. En donde las y los trabajadores deben buscar laburar fuera de la ciudad, dejando a sus familias.
Las nulas oportunidades al pueblo trabajador, las pensiones miserables en una ciudad con mayor población longeva, la crisis en salud con el cierre de la Clínica Arica y el colapso que vive hoy el Hospital son problemas que son la expresión material de lo que nos deja la dictadura de Pinochet y el poco interés que se le ha puesto a la región.
Es por todo esto que las y los invitamos a firmar por nuestra organización, para levantar una voz internacionalista de las y los trabajadores, los hermanos inmigrantes, las mujeres -doblemente explotadas- y la juventud.