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ALEMANIA OPINIÓN. ¿Por qué necesitamos una huelga general?

Stefan Schneider

Stefan Schneider Grupo RIO - Berlín

Viernes 1ro de mayo de 2015

“¡No hay Hinterland tranquilo!” Desde hace muchos años que se escucha este grito en las manifestaciones antifascistas. Pero aun así muchos creían que Alemania todo estaba tranquilo como un cementerio. Esto está cambiando lentamente. En el centro imperialista se desarrollan más y más procesos de lucha: contra la precarización, por vivienda, contra las cada vez peores condiciones de vida de una parte creciente de la población.

Una nueva generación de trabajadores combativos está naciendo. Eso lo podemos observar en las huelgas de Amazon, Correos, de los profesores y trabajadores de la educación, en los ferrocarriles, de Lufthansa, de los bancarios de la Postbank y en el sistema sanitario…

Si solo se consideran los resultados “estables” de las encuestas, se puede tener una imagen errónea de la situación. Ni el “sueldo mínimo”, ni la regulación de los precios de la vivienda ni el buen panorama económico, o las cifras oficiales de bajo desempleo, pueden esconder que crece el descontento, sobre todo en las capas más precarias de los trabajadores.

Y cada vez más, muchos optan por la lucha en vez de la resignación. Esto también actúa como contra tendencia a la polarización de las capas medias hacia la derecha lo que se expresó en movimientos como Pegida y ataques racistas a inmigrantes.

Ataque al derecho a huelga

La clase dominante teme a la radicalización de estas huelgas. Esto se ve en el esfuerzo que ponen para impedirlas. El ataque al derecho a huelga es el ataque más fuerte a los derechos de los asalariados después de la Agenda 2010 del gobierno Schröder/ Fischer hace más de diez años.

Si bien se viene elaborando desde 2010, con la huelga del sindicato de los maquinistas alemanes (GDL) el gobierno alemán se convenció de tener que actuar en contra de tal “estado de excepción”.

La “ley por la unidad de los convenios” que, a grandes rasgos, permite solo al sindicato mayoritario en la empresa a negociar un contrato con la empresa, prohíbe de facto el derecho a huelga.

Este ataque masivo a un derecho básico de la clase trabajadora no cae del cielo. La política de la Agenda 2010, la creciente precarización y la coyuntura débil de la economía mundial cuestionan a la política clásica de pactos y conciliación de clase – desde arriba. Es por esto que la tasa de los trabajadores que gozan de convenios colectivos está en un nivel históricamente bajo, mientas que los patrones alemanes cada vez son más anti sindicales.

Una oleada de huelgas

Por el otro lado está creciendo la disposición de lucha tanto en sectores precarios como en sectores claves de la infraestructura, organizados en su mayoría en sindicatos paralelos que solo agrupan a un oficio (como los maquinistas de ferrocarriles o los pilotos en Lufthansa).

Estos dos sectores son peligrosos para el capital alemán. A corto plazo, los sectores de la infraestructura pueden causar más daño a la acumulación de capital, pero el surgimiento de una capa combativa de trabajadores precarios cuestiona una parte importante del modelo de acumulación que impuso el capital alemán con la Agenda 2010.

Las luchas laborales actuales en estos dos sectores se mantienen aisladas por la burocracia sindical, más allá de meros actos simbólicos. Pero hay movimientos de base muy importantes – con los trabajadores de Amazaon a la cabeza – que exigen la coordinación y acciones unificadas.

Hay que alimentar y desarrollar esta tendencia en las luchas actuales de Amazon, Correos, de los profesores y trabajadores de la educación, en el sector de la salud y de los maquinistas.

Su significado transciende el ámbito meramente económico – aún más cuando se unifican. No solo porque en el contexto del ataque al derecho a huelga son luchas políticas, sino también porque desafían el modelo de acumulación establecido del capital alemán.

Pero las cúpulas sindicales optan por “combatir” la ley por la unidad de los convenios con métodos puramente formales-jurídicos, como una demanda constitucional. De nuevo se revela la necesidad de la construcción de un movimiento clasista de base que recupere nuestros sindicatos de las burocracias. La clase obrera tiene que organizarse y derrotar este ataque de manera unificada.

¿Qué perspectiva? ¡Huelga general!

La unificación de las luchas actuales no solo sería más potente a nivel económico sino que podría potenciar la politización de una vanguardia del movimiento obrero. La perspectiva que tienen que plantear los revolucionarios en estos procesos, no solamente abarca la coordinación de las huelgas y la necesidad de la autoorganización, sino también la perspectiva política de una lucha contra el gobierno.

Un método del movimiento obrero para esta lucha es la huelga general, que unifica todas las luchas y las dirige contra el gobierno, uniendo en las calles educadores, maquinistas, profesores e inmigrantes y el resto de los trabajadores.