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Red Internacional
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PRECARIZACIÓN Y SALUD MENTAL. Precarización laboral y salud mental frente a un escenario de desaceleración económica

El ex presidente del Banco Central Carlos Massad proyectó un crecimiento de solo 2% para este año en el País. Agrega que no observa signos de recuperación. Las asociaciones empresariales tienen la misma visión.

Gaba

Gaba La Izquierda Diario Antofagasta

Miércoles 23 de diciembre de 2015

El menor crecimiento de China, el menor crecimiento en los llamados “mercados emergentes”, el probable aumento en las tasas de interés en Estados Unidos, el menor crecimiento de la economía mundial que anunció el FMI, son todos factores que influyen en la economía doméstica. Por sector, adelantan un mayor dinamismo en agricultura y banca, un bajo crecimiento en la industria, la construcción y el comercio, ningún avance en minería. En la industria, proyectan un crecimiento para el próximo año de entre 1% y 2%, versus el 0,5% calculado para este año. Para la construcción también esperan un 1%, dependiente además de proyectos de inversión en infraestructura. Para el comercio se estima un crecimiento de solo 0.9% este año. En el agro, el crecimiento sería mayor: entre 4% a 4,5% para este año, y entre 5% y 6%, para el próximo. La minería crecería 1% este año, y cercano a cero el próximo. Lo mismo para los bancos, que esperan un crecimiento de 5%.

​​Pero mientras el empresariado anuncia éstas calamidades para el escenario económico, el precio del cobre y la desaceleración, por otro lado se empeña en no invertir para generar un clima de crisis y así presionar contra las demandas impuestas por trabajadores y estudiantes en las calles, y que este programa de gobierno prometía resolver a través de las reformas, las cuales son cada vez más moderadas a medida de los mismos empresarios.

Es así que empresarios junto al gobierno de la Nueva Mayoría hacen un llamado a la “sensatez”, desarticulando a los trabajadores organizados y movilizados con represión de Fuerzas Especiales pero también con despidos masivos, dejando caer en los hombros de las y los trabajadores todo el peso de la crisis.

Pero este llamado a la “sensatez” no es para tod@s, recientemente se conoció el desfalco de dineros provenientes de la ley de aportes reservados del cobre, que debe aportar a las Fuerzas Armadas con un 10% de las ganancias generadas por Codelco, cuyos montos en cuestión bordean los 5 mil millones de dólares y han sido gastados de forma ilegal. Donde miembros del ejército habrían despilfarrado más de US$10 millones entre los años 2010 al 2014 en; casinos, sobornos, casas, caballos y fiestas.

Ante este brutal escenario, trabajadores y trabajadoras exigen mejorar sus condiciones laborales, en uno de los países más desiguales de América Latina, la región más desigual del mundo; donde el 1% más rico de Chile, tiene en sus manos entre 10,1% y 11,5% de los ingresos totales del país, mientras el 50 % de los trabajadores gana menos de $ 250.000 y en el 65 % de los hogares el ingreso mensual autónomo por persona es menor a $ 203.000 (Casen 2011), donde incluso el 27,8% de las personas reporta que sus ingresos no les alcanza para comprar alimentos.

Pero esto no es todo, debido a que la crisis la pagan las y los trabajadores, éstos son arrojados a trabajar en condiciones precarias para poder llevar el sustento a sus hogares. Según Fundación Sol “En los últimos 65 meses la ocupación ha aumentado 1.055.360 personas, de las cuales el 26,3% corresponde a asalariados contratados directamente, 41,2% a asalariados externos (subcontratados, por suministro de trabajadores y enganche), un 30% a trabajadores por cuenta propia”. Esto muestra que gran parte de la población trabajadora, tiene un empleo informal, altamente precarizado y desprotegido, tal como lo señala la encuesta de empleo chileno “cerca de 3 millones y medio de trabajadores presentan algún tipo de empleo informal, esto equivale a que prácticamente la mitad de los trabajadores en Chile se insertan en empleos que difieren del modelo típico ideal de empleo que define al trabajo decente”, es decir, un empleo con contrato escrito, indefinido, liquidación de sueldo y cotizaciones para pensión, salud y seguro de desempleo. Bajo esta brutal categoría tenemos en Chile a 640 mil trabajadores que no encuentran un empleo que les satisfaga sus necesidades básicas” (Fundación Sol, 2015).

En este punto, es sumamente importante hacer hincapié que las mujeres son las que se ven mayoritariamente afectadas, ya que según datos de la OCDE “las mujeres tienen 23% menos de posibilidades de trabajar que los hombres” (frente al 12% de media en el conjunto de la OCDE). Como consecuencia, las mujeres tienen ingresos mucho menores y pensiones considerablemente más bajas que los hombres. A esto se le suma que somos la población que mayoritariamente está subempleada, “si bien el subempleo en términos generales recientemente ha llegado a 697 mil personas, para el caso de las mujeres es más alto con 390 mil mujeres que los 307 mil hombres subempleados” (Fundación Sol, 2015).

Frente a este escenario de crisis y cambios en lo laboral, que deben vivir miles de familias obreras, en un cierre de año donde se acercan las festividades, es de relevancia realizar un análisis psicológico de cómo el trabajo, factor de desarrollo de la vida, social, política, cultural y personal, influye en las familias obreras, como fuente de salud y de enfermedad, de bienestar y malestar físico, psíquico y social.

Riesgos psicosociales emergentes a causa del desempleo por la crisis económica
La reorganización flexible del trabajo de este sistema capitalista, que busca cada vez más y más aumentar las ganancias para los capitalistas a costa del sacrificio sistemático de la clase trabajadora, la que comparte tan sólo el 5,5% de la riqueza mundial, lo que equivale a 1/700 parte de la riqueza media del 1% más rico de la población mundial, sumada a los masivos despidos que han desarrollado los empresarios sin molestia como salida a la crisis económica, han dado como consecuencia cambios radicales en las condiciones de trabajo.

Entre los psicológicamente más relevantes, destacan la inestabilidad, la intensificación y la precarización del mismo trabajo, que afectan el núcleo duro de la calidad de vida laboral. Incluso existen diversos estudios que demuestran una clara relación causal entre la situación de crisis económica vivida por muchas personas en todo el mundo, y el incremento de psicopatologías, especialmente estrés y depresión, sin contar con los problemas psicosomáticos que se están dando con una incidencia inusitada.
En los trabajos flexibles, las y los trabajadores se ven obligados a realizar sus tareas con la presión a hacerlo deprisa, sintiendo la urgencia permanente de hacerlo eficazmente y puntualmente, ya que poseen la presión psicológica y objetiva que pueden ser reemplazados. Lo que conlleva a un mayor grado de competencia entre los pares, agotamiento permanente, cambios de humor, entre muchos otros síntomas.

Ahora bien, en el caso de las personas desempleadas podemos observar que se presentan las siguientes problemáticas:
· En el caso de personas que han estado desempleadas durante seis meses o más pueden sentirse desesperanzados, confundidos y abrumados, incluso llegando a mostrar signos de depresión, duplicando su posibilidad de tener un episodio depresivo mayor.
· En los hábitos alimenticios se observa mayor consumo de alimentos reconfortantes (como carbohidratos y grasas), lo que lleva a comer compulsivamente.
· El estrés, la ansiedad y los pensamientos negativos dificultan a los buenos hábitos de sueño, lo que resulta en fatiga y letargo.
· La salud física también puede desmejorar; pueden presentarse nuevas condiciones médicas como la hipertensión, la diabetes, dolores en las articulaciones y en general en el cuerpo.
· A un nivel familiar, el desempleo también está fuertemente asociado con violencia doméstica y abuso del alcohol, esto se correlaciona directamente con el alza de femicidios que hoy ya presenta hasta la fecha 51 casos. Y es que el ambiente de inestabilidad influye muchísimo en el equilibrio de las parejas, las cuales no frecuentan los juzgados para divorciarse por falta, precisamente, de dinero.
· El desempleo también está asociado con un mayor riesgo de suicidio, a menudo por el vínculo con la depresión, según el Centro de Investigación y Prevención del Suicidio en Estados Unidos.

Frente a todo lo anterior, se hace tremendamente necesario que trabajadores y trabajadoras posean mayor conciencia de la riqueza que produce su fuerza laboral, sostén de todas las riquezas que hoy poseen mayoritariamente los empresarios, tomando en sus manos la lucha por condiciones laborales óptimas, que permitan gozar de un bienestar integral y calidad de vida digno. Porque la crisis deben pagarla los empresarios y no el pueblo trabajador y pobre. Pues es sólo esa organización y fuerza la que nos permitirá decir, de una vez por todas:

¡FAMILIAS OBRERAS EN LA CALLE NUNCA MÁS!​​

Gabriela Muñoz, Psicóloga