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CÓRDOBA/CUARENTENA. Salud mental en tiempos de encierro

Ante la vertiginosa expansión del Coronavirus (COVID19) en muchos países se han adoptado medidas que implican distanciamiento social, aislamiento y hasta la cuarentena generalizada.

Domingo 22 de marzo de 2020 15:53

Todas las medidas, según los gobiernos, tendientes a “achatar la curva” de contagio del virus, y detrás de la cual está tácitamente la preocupación por evitar así la saturación de los ya de por si saturados sistemas sanitarios de cada país. Tal es el caso de Argentina, que se encuentra bajo cuarentena hasta el 31 de marzo. La decisión implica una restricción a los movimientos del conjunto de la población que se va a garantizar con un fuerte control callejero, apelando a las fuerzas represivas, tanto federales como provinciales y con acuerdo de todos los partidos tradicionales. Todo esto sin realizar testeos masivos, algo que muchos especialistas recomiendan como una de las medidas más efectivas, tal y como se demostró en Corea del Sur o Alemania.

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¿Qué implica esto desde el punto de vista de la salud mental?

Esta medida ha implicado que de un día para otro, la vida de la enorme mayoría de la población se vea regimentada de forma abrupta en un virtual estado de sitio sin saber que viene a continuación. Sin un plan claro para enfrentar la pandemia y con un país económicamente paralizado. Sin saber que ocurrirá con sus puestos de trabajo, con total incertidumbre ante la posibilidad de cobrar o no sus salarios. Otros, ya precarizados, algunos monotributistas y otros ni eso, se ven obligados a salir a buscar una entrada de dinero diaria en una situación desesperante. Para la clase trabajadora existe también el temor a enfermarse. Nadie es ajeno a la situación del sistema de salud público, o lo que puede implicar tener que hacer uso de las obras sociales que imponen miles de trabas burocráticas para brindar un servicio ultra precario, sin embargo son las y los trabajadores quienes siguen haciendo funcionar lo necesario pese a los riesgos.

Para quienes la cuarentena se ha hecho efectiva, esto ha implicado un corte abrupto de la vida cotidiana y de las relaciones sociales (al menos presenciales). Pero por sobre todo para la clase trabajadora, que ya venía sufriendo el impacto de la crisis económica, esto recrudece la incertidumbre del sostén material de la vida con claras consecuencias para la salud mental, que pueden implicar diversos síntomas como angustia o ansiedad. La propia situación de aislamiento, en estas condiciones de total incertidumbre, puede conllevar además efectos psicológicos negativos que van desde el estrés, a la confusión y el justificado enojo por la propia situación. Al mismo tiempo, hace a miles conscientes de su calidad de vida y de lo precario del sistema que los rodea, lo cual puede ser sumamente alienante fortaleciendo la angustia, sobre todo cuando desde el mismo gobierno no hay todavía un plan coherente y parece no tener GPS todavía, como decimos arriba. Preocupaciones urgentes a las que se enfrentan miles de trabajadores sobre los cuales recae la tarea de combatir la precariedad de un sistema social basado en explotarlos. Habría que pensar que los aplausos que se escuchan a las 21 h no les hacen justicia del todo. Un horizonte estratégico claro y coherente es central en este sentido.

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¿Qué sucede con las y los jubilados?

La situación de millones de jubilados y jubiladas que venían de sufrir un recorte enorme a las jubilaciones es crítica. Vale recordar que fueron de los primeros afectados por las medidas de aislamiento. Aquí se conjugan factores altamente de riesgo para la salud mental, condiciones previas de salud, la soledad, no manejar tecnología y jubilaciones de miseria. Párrafo aparte merece la situación de los geriátricos. También puede haber más efectos derivados de la angustia de no poder garantizar el bienestar durante el aislamiento. No contar con ingresos para tener alimentos, o para garantizar medicamentos a largo plazo por ejemplo, que se pueden profundizar en función de lo que dure éste.

Desde ya que ante una pandemia es importante evaluar que esto no implica que de ser necesario ante la propagación de una enfermedad, no se implementen medidas de este tipo, pero siempre teniendo en cuenta la necesidad de exigirle al Estado que tome medidas que puedan ayudar a mitigar un malestar que es profundamente material y que trae consecuencias psíquicas. Algo que hoy el gobierno sigue postergando aumentando la incertidumbre. ¿Por qué no se prohíben los despidos? ¿Por qué no se nacionalizan sectores de la alimentación, el transporte o las telecomunicaciones (¡internet!) de modo de asegurar aspectos mínimos de la vida cotidiana? La crisis va a durar al menos 6 meses según los especialistas más optimistas, estas medidas son ineludibles. No tomarlas claramente y poner el eje solo en el despliegue de fuerzas policiales y militares con un discurso de guerra permanente contra el enemigo oculto, no es sin consecuencias psíquicas.

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Psicosis social: generar miedo en lugar de conciencia

Hay síntomas sociales que también hay que tener en cuenta. La conocida psicosis social a la que puede llevar cuando circula demasiada información sin ningún tipo de responsabilidad por parte de los medios de comunicación, o cuando desde el propio Estado se apela al miedo como método de control social.

Tomando en cuenta diversas investigaciones que dan cuenta de los efectos de una cuarentena, pululan por estos días materiales que dan consejos sobre cómo llevarla adelante y de la mejor manera posible. Aunque algunos de estos consejos pueden ser válidos, sobre todo aquellos que promueven mantener los vínculos sociales por la vía virtual, o buscar fuentes de información confiables, es fundamental entender que esta situación no se da en el aire. Las grandes mayorías populares ya venían sufriendo el impacto de una crisis capitalista cada vez más profunda con consecuencias concretas para la vida que se han agudizado de sobremanera. Es sobre esta base que se asienta esta problemática en toda su magnitud. Cuando no hay garantías materiales, hablar de salud mental se puede volver una abstracción.

Por último, vale remarcar que contrariamente a la campaña que se viene llevando adelante por parte del gobierno, los medios de comunicación hegemónicos y demás partidos tradicionales, esta es una situación que lejos esta de solucionarse por la vía individual (y represiva por parte del Estado). Esa que tanto se promueve en las carreras de salud mental y que tan bien empalma con el “sálvese quien pueda” que progresistas y neoliberales promueven sin distinción alguna. Este tipo de situaciones requieren acciones colectivas por parte de quienes tenemos un verdadero interés en enfrentar la crisis, es decir actuar, aportar a ser parte de esa solución que reiteramos hasta el cansancio, es colectiva. Esto es lo que muestran crisis históricas análogas, donde a pesar de la regimentación estatal, la clase obrera pudo imponer condiciones de salud y trabajo frente a la irracionalidad capitalista.

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Concentrar las energías del tiempo que pasamos en cuarentena ahí, lejos de sucumbir frente a la desidia que vemos de las patronales, o la incertidumbre que da el gobierno. Es en la fuerza material de la clase obrera, que se expresa lo cotidiano dónde podemos depositar nuestras esperanzas.

Porque no se puede hablar de salud mental para todos y todas en un sistema capitalista que cotidianamente nos enferma, destruye el medio ambiente y genera catástrofes sociales como la que atravesamos, un sistema que hoy da claras muestras de ser absolutamente incapaz de enfrentar esta pandemia, sin pensar en cambiarlo de raíz.