Rabia e impotencia genera la lamentable noticia que se dio a conocer ayer viernes 03 de julio: La muerte del primer minero de la mina subterránea más grande del mundo a consecuencia del contagio por Covid-19.
Domingo 5 de julio de 2020
Se trata de Daniel Torres, trabajador de la empresa contratista Zublin, quien lamentablemente falleció a causa del COVID-19, pasando a ser el primer minero fallecido en la minera El Teniente.
Desde ya, al igual que en el escabroso caso de abuso empresarial por parte de Fruna, con al menos 7 trabajadores fallecidos en medio del silencio de la empresa, este caso viene a ser un lamentable fallecimiento no sólo a causa del virus, sino también debido a la ambición empresarial, la ambición de sacar más metros de túnel y mantener los márgenes de utilidad para la empresa contratista.
Y es que no fue solo por llevar el sustento a su casa, este fallecimiento se produce por la ambición de una empresa contratista y de Codelco, sumado a los intereses del gobierno, de abultar los bolsillos de los empresarios a costa de la vida del pueblo trabajador, tal y como ocurre en Calama o en Antofagasta.
¿Cuál fue la respuesta de la empresa? Una carta de condolencia, y nadie es responsable. Los ejecutivos de la corporación en completo silencio, al igual que varios dirigentes sindicales, quienes vez de apostar por el cese del trabajo, al ser un sector no esencial, y luchar por el pago de rentas de emergencia mientras dure la pandemia en pos de proteger la vida de las y los trabajadores, decidieron optar por un turno de 14x14, para supuestamente "exponerse menos", cuando no hay ningún estudio que avale científicamente la certeza de estos turnos. Es más, lo único que está comprobado es que a mayor días de trabajo, mayores son las probabilidades de accidentes laborales: No están velando por la vida de las familias trabajadoras, sólo quieren más billetes a costa de nuestra salud.
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Es así que siguen aumentando los casos de contagio en la ciudad a pesar de la cuarentena obligatoria. Y es que la mina se ha vuelto uno de los más grandes focos de contagio con más de 600 casos confirmados a la fecha, eso sin contar a las familias de les trabajadores que se exponen de igual forma día a día. De seguir esta línea, si la mina no deja de producir, podemos llegar a un colapso como sucede en el norte del país, el cual se ha convertido en una verdadera zona de sacrificio.
Es más urgente que nunca plegarse al llamado de las y los trabajadores del norte de Antofagasta, quienes, a través del encuentro realizado por el Comité de Emergencia y Resguardo el viernes 3 de julio, votaron levantar una campaña por el paro regional, en defensa de la salud del pueblo, así como el cierre de las mineras y todos los trabajos no esenciales, hasta que se haya disminuido la expansión del virus y la emergencia sanitaria, asegurando el resguardo de la población, realizando también una exigencia directa a los grandes sindicatos de la minería, industria, puerto, centrales sindicales, a impulsar plan de lucha y paro regional. A su vez, el que se realicen impuestos extraordinarios a las mineras para solventar infraestructura en salud, asegurar salarios y necesidades sociales, y se prohiban de una vez por todas los despidos, garantizando sueldos mínimos de $500 mil, también para las y los trabajadores informales, independientes y desempleados que se quedaron sin ingresos.
Estas son medidas por las que tenemos que organizarnos para impedir más muertes obreras a costa de la riqueza de unos pocos.