Al mismo tiempo, los jóvenes hondureños se enfrentaron con la policía del gobierno de Juan Orlando Hernández en las calles de Tegucigalpa, Honduras.
Sábado 5 de marzo de 2016
Horas posteriores al asesinato de la activista Berta Cáceres Flores, se vivió una jornada intensa en las principales calles de la capital hondureña.
Estudiantes repudiaron mediante cierres de centros educativos y universidades, el asesinato político de Berta, donde la represión se hizo llegar muy pronto.
El presidente Juan Orlando Hernández se encontraba reunido con miembros de seguridad de su gobierno, los manifestantes eran atacados por fuerzas de la policía en cierres de calles, plantones y tomas, como la que sostuvieron estudiantes de la Universidad Nacional de Honduras.
Importantes referentes de la prensa internacional como The Guardian, The New York Times, El País, etc, lanzaron desde sus portales una amplia cobertura al asesinato de la dirigente rural. Al mismo tiempo la noticia atravesaba el mundo y los reflectores volvían la mirada hacia el país centroamericano, en las calles, los jóvenes llenos de ira sostuvieron fuertes enfrentamientos bajo el grito: ¡Mataron a Berta, pero no su lucha!
Solidaridad Internacional
Pero el rechazo internacional se propago rápidamente. En seguida circularon centenares de boletines de prensa, declaraciones, comunicados sindicales y de organizaciones sociales.
La noticia llegó a diferentes personalidades y figuras políticas que expresaron también su rechazo. En Venezuela, Nicolás Maduro hacia público un mensaje de solidaridad, lo mismo el recientemente galardonado y actor Leonardo DiCaprio. Naomi Klein, escritora canadiense y ambientalista tuiteó: “Una noticia devastadora. Berta era una dirigente crítica y defendía la tierra ferozmente. Parte de una ola global este tipo de ataques.”
En los consulados y embajadas de distintos países también se llenaron de indignación. En Nicaragua, El Salvador, Cuba, México, Costa Rica, entre otros países homenajearon a la dirigente indígena, quién festejaría su cumpleaños 45, este 4 de marzo. En Guatemala, las mujeres que recientemente enjuiciaron a militares por esclavitud sexual, también se hicieron presentes con pancartas y realizaron desde el día jueves un plantón en la embajada hondureña.
Desde La Izquierda Diario y la agrupación de mujeres Pan y Rosas también se oyen las voces de repudio al crimen de Berta Cáceres. En su comunicado recuerdan a la dirigente indígena, mencionando: “Compañeras de Pan y Rosas de México y Argentina conocimos personalmente a Berta en el año 2009, cuando manifestamos nuestra solidaridad internacionalista viajando a Honduras para acompañar las movilizaciones contra el golpe cívico-militar y denunciar las elecciones amañadas que prepararon los golpistas.”
Condolencias canallas y activista mexicano en latente peligro
Cientos de campesinos, indígenas y representantes de organizaciones acompañaron a los familiares de Berta Cáceres en su velatorio. Berta Isabel Zúñiga Cáceres, hija de la ambientalista, ha brindado algunas entrevistas en donde con voz firme y la elocuencia heredada de su madre, ha mencionado responsabilizar a la empresa que quiso construir la represa hidroeléctrica de Agua Zarca en la comunidad de Río Blanco. “Nosotros sabemos que en Honduras es muy fácil pagar a personas para que comentan asesinatos, pero quienes están detrás de esto son personas poderosas con dinero y un aparato que les permite cometer estos crímenes”, dijo en entrevista para el portal de Desinformémonos.
La declaración de Berta Isabel contrasta con las condolencias diplomáticas ofrecidas por los embajadores de Estados Unidos y de la Unión Europea en Honduras, que a tempranas horas del viernes viajaron a La Esperanza para asistir al velatorio de Berta Cáceres.
El cinismo de las declaraciones de los diplomáticos no escapa de la fuerte denuncia que enarbolaba la activista en vida, por enfrentarse a poderosos terratenientes, empresarios y una fuerza policiaca financiada directamente por Estados Unidos.
A este hecho lo acompaña la preocupación internacional que ha despertado la situación del compañero de Berta, el activista Gustavo Castro Soto, ahora principal testigo del asesinato de la hondureña.
“Los asesinos entraron a la casa disparando a matar, creyeron que mi hermano estaba muerto, porque sangraba de la cabeza por una bala que sólo lo hirió y lo abandonaron”, dijo Oscar Castro Soto hermano del activista y expresidente del Observatorio Latinoamericano de trata y tráfico de personas.
La exigencia por el castigo a los culpables del asesinato político de Berta debe ser acompañada por la denuncia del carácter burocrático que impide la salida del país centroamericano de Gustavo Castro, en tanto que la figura de “testigo protegido” no garantiza su seguridad y protección, y por ello recae en el gobierno hondureño cualquier atentado o peligro de su vida.