El país atraviesa una de las más severas crisis económicas que se siente en el día a día de la vida del pueblo, más allá del discurso optimista que busca proyectar el Gobierno.
La Izquierda Diario Venezuela @LaIzqDiario_VE
Jueves 21 de julio de 2016
Para finales de año Venezuela cerrará con una inflación superior al 700 %, y un producto Interno Bruto en “caída libre” del -10,0 %, estimó este miércoles el Fondo Monetario Internacional (FMI) al actualizar sus previsiones económicas anunciadas en abril.
Para abril para la inflación se proyectaba un 500 %, y el PBI en un poco más de -8 %. Como vemos, las actualizaciones para las proyecciones son marcadamente fuertes. De confirmarse estas proyecciones, para el FMI sería “la peor evolución del crecimiento y la inflación en todo el mundo”.
Es de constatar también que la proyección que hace ahora el FMI está más en línea con la del Banco Mundial, que en junio calculó una contracción del 10,1 % para este año.
Por su parte el ministro para las Industria Básicas, Juan Arias, aseguraba también este miércoles en una entrevista en Globovisón que en el país “se está perdiendo la guerra económica porque la inflación ha seguido aumentando en Venezuela, se han cometido errores y no se ha tenido tino para controlar este fenómeno”. Con “guerra económica” el gobierno aduce a que todos los problemas que afronta el país son producto de las políticas empresariales y de la derecha, incluyendo el boicot financiero, que boicotearían la economía y no el fracaso de sus políticas económicas.
Aunque contradictoriamente y queriendo dar un visión optimista, el ministro aseguró que “la crisis económica venezolana ya tocó fondo y lo que viene es una ofensiva productiva privada y pública”. Esto iba en el mismo sentido de lo que sostuviera el lunes el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera Jesús Farías, “la producción aumentará porque habrá mayor disponibilidad de divisas durante el segundo semestre del año”.
Pero como hemos escrito, al momento, estas afirmaciones carecen de fundamento, pues en un país donde por cada 100 dólares que ingresan, 96 son por petróleo, la única manera que tales divisas aumenten es por incremento de los precios petroleros. Y más allá del pequeño repunte que ha tenido el barril de petróleo de la cesta venezolana en el último mes, es muy difícil que esto se venga a manifestar en una fuerte entrada de divisas, más que todo, siendo que el precio del petróleo es una “variable” sobre el cual no tiene el más mínimo control el gobierno.
Con esto no estamos sosteniendo que las proyecciones del FMI sobre el país sean fieles y se den tal cual, se tratan de proyecciones y hasta pueden ser manipuladas con objetivos económicos y políticos. La realidad es que el país vive una profunda recesión económica y una galopante inflación que se siente diariamente en el aumento de la carestía de vida. Ya el ministro Juan Arias lo ha admitido, “la inflación ha seguido aumentando”, y negarlo sería de ciegos.
Que la situación no mejora, al contrario, tal como proyecta el FMI no está fuera de la realidad, se condice con la situación agobiante que vive el país, donde la dinámica es a profundizarse. En tal sentido, el Fondo empeoró en dos puntos porcentuales su expectativa de crecimiento de la economía venezolana en relación con abril, aunque por el momento mantuvo sin cambios su previsión de una contracción del 4,5 % de la economía para el año 2017.
Este ajuste a la baja en solo tres meses se explica, de acuerdo al organismo financiero, por los problemas de suministro eléctrico que sufrió el país y que no hicieron más que intensificar la profunda crisis. “Las condiciones económicas de Venezuela continúan deteriorándose, con distorsiones de las políticas y desequilibrios fiscales que siguen sin resolverse”, señaló Alejandro Werner, el economista a cargo de la región en el FMI, de acuerdo a las agencias de noticias.
Para dar más cuenta de la situación del país, de acuerdo a los datos publicados por el Banco Central de Venezuela (BCV), las Reservas Internacionales se colocaron en $ 11.955 millones, el nivel más bajo desde el tercer trimestre del 2002. Siendo una caída del 27 % desde el inicio del año que estaban en $ 14.314 millones.
Mientras que en 182 millones de dólares se ubicaron las reservas internacionales líquidas para el 15 de julio, lo que evidencia un descenso de 33% en comparación al inicio del mes, también según datos del BCV. Por su parte, según reseñó la empresa Inter-American Trends en su portal web, el oro monetario se mantuvo en 242 toneladas métricas, y junto a otros activos semilíquidos representan 2,2 millardos de dólares.
Toda esta caída de las reservas se transforma más problemática cuando Venezuela aún tiene que “honrar” compromisos internacionales por concepto de deuda externa, sobre todo por parte de la petrolera estatal PDVSA que tiene fuertes vencimientos este semestre. Como vemos, la gran incertidumbre sigue reinando sobre una Venezuela en crisis, pero donde quienes vienen sufriendo sobre sus hombros esta agobiante situación es el pueblo trabajador y los sectores populares de una manera desesperante.