El President supera la moción de confianza con los votos de JxSí y la CUP. Los cupaires votan sí a cambio de la promesa del referéndum. Pero JxSí lo condiciona a que apoyen sus presupuestos.

Arsen Sabaté Barcelona | @ArsenSabate
Jueves 29 de septiembre de 2016
Foto: EFE
Carles Puigdemont salía esta tarde del hemiciclo catalán con la prueba de la moción de confianza superada, tal y como estaba previsto. Los resultados de la votación han sido 72 votos positivos, de JxSí y CUP, frente a los 63 votos de las demás formaciones del Parlament. La mayoría simple bastaba para superar la moción, pero Puigdemont ha logrado los 10 positivos de la CUP alcanzando la absoluta. El gironés se mantendrá pues al frente de la Generalitat.
Desde el arranque del curso político, por medio de las declaraciones televisivas de la diputada cupaire Anna Gabriel, la izquierda independentista había anunciado que renovarían el apoyo prestado hace 9 meses. En consecuencia, antes de pasar a la votación, el President agradecía a JxSí y a la CUP la “confianza mostrada”.
Concluía así el debate parlamentario de los dos últimos días que ha girado, más que en la moción de confianza misma, en torno a la cuestión del proceso independentista catalán y el referendum unilateral. Sin embargo, no olvidemos que la moción fue presentada como respuesta de JxSí ante la falta de apoyo de la CUP a los presupuestos de 2016, y nuevamente este escollo ha sido planteado por Puigdemont para no convocar elecciones antes de la fecha propuesta para el referéndum.
Puigdemont finalizaba su intervención diciendo que “hace cuatro años, solo 14 diputados pedían la independencia. Ahora somos 72" y criticando la ofensiva del gobierno central contra el proceso catalán, "delante de un Estado español que no genera confianza, tenemos que confiar en nuestro país, que nos podemos medir perfectamente con cualquier país avanzado de la Unión Europea". Sobre su propuesta de celebrar un referéndum admitía también que "es un reto complicado, pero eso hoy necesitamos saber si tenemos la estabilidad. Es lo que he venido a pedir hoy aquí", en clara referencia al apoyo que viene exigiendo a la CUP no sólo en esta votación sino para la aprobación de los presupuestos.
Sobre esta cuestión fue contundente en el discurso inicial del miércoles. Puigdemont mandó un claro mensaje a los diputados de la CUP al decir que “o se aprueban los presupuestos que prepara el vicepresidente Junqueras y podemos encarar el tramo final, o haré uso de las facultades que tengo para convocar elecciones”. Y añadía, acto seguido, que quien no tuviera intención de aprobar los presupuestos “mejor que nos ahorre la duda y el tiempo y mañana (por hoy) no me otorgue la confianza que reclamo”.
Por su parte, Anna Gabriel manifestó en su turno de palabra que de momento no rechazarán los presupuestos, entre otras cosas porque aun no se sabe como van a ser, más allá de que con total seguridad van a variar en poco a los que se presentaron en junio. Se puede decir que la CUP ha preferido pasar de “pies puntillas” por el tema de los presupuestos. Hoy era día de “mano extendida” en lo nacional, y al parecer la promesa de referendum bien vale dar el apoyo a la moción de confianza. Veremos si también es suficiente para que faciliten la aprobación de los presupuestos en un futuro. El único punto de exigencia vino en cuanto a la cuestión de seguir adelante con la consulta si el Estado español no la acepta, algo a todas luces previsible. Sobre esto Gabriel quiso dar un tono más exigente a sus palabras cuando le dijo desde el atríl al President que “¿Quiere usted que Catalunya sea una república independiente?, haga lo que haga falta para celebrar el referéndum”.
La metáfora del día de la marmota para referirse al proceso, que la misma CUP utilizó en su original vídeo electoral del 27S, refleja bien lo sucedido estos dos días en el Parlament. PDC, antes CDC, junto al resto de JxSí dan un plazo de 12 meses para un supuesto “paso definitivo” del “procés” -como vendieron el 9N, el 27S o los 18 meses para la proclamación de la República catalana con que fue investido el mismo Puigdemont-, y la CUP vuelve a tender la mano a cambio de una promesa con trampa -nada menos que apostar por la estéril vía de negociación con el Estado, aunque ahora con algo más de “dramatismo”- que se irá licuando conforme se acerque el día.
La historia se repite, pero esta vez más como tragedia que como farsa, sobre todo porque en esta ocasión el precio que se le pedirá a la CUP para no dificultar llegar a la nueva “fecha mágica” -septiembre de 2017- será apoyar unos presupuestos “made in” convergència, que como todos los de su historia no tendrán nada que ver con los intereses de los trabajadores y sectores populares.
La experiencia de la efectividad de esta política de “mano extendida”, sin la cual tampoco sería posible alargar y darle una sobrevida al “procesismo”, debería llevar a los dirigentes de la CUP a acabar con ella, y apostar definitivamente por la única vía desde la que se puede imponer al Estado español un referéndum y abrir un proceso constituyente, la de la movilización social contra el Régimen del 78. Esta es la vía de la que no quiere ni oír hablar el PDC ni sus socios de JxSí, y de la que lamentablemente cada vez hablan menos los mismos dirigentes de la izquierda independentista.