El ejecutivo de Rajoy no aporta, como era de esperar, novedades al procés. Desde Catalunya, JxSí y Catalunya en Comú tensan sus relaciones con la ausencia de estos últimos en la cumbre soberanista del pasado lunes.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Miércoles 31 de mayo de 2017
Foto: EFE
Ayer se celebró en el Parlament la sesión de control al Govern de JxSí, una sesión marcada por las declaraciones encendidas del President, unas declaraciones que por otro lado no se sostienen en la práctica.
Puigdemont increpó a la bancada de los populares la ambigüedad del Ejecutivo de Mariano Rajoy sobre las medidas que iba a tomar para frenar el referéndum. En una intervención dirigida a la zona de los populares catalanes, Puigdemont preguntó “¿qué medidas de fuerza piensan aplicar?”, afirmando que “ha llegado la hora de que el Gobierno español diga qué significa estar dispuesto a todo. ¿A utilizar la fuerza?”.
Pero es inevitable poner sobre el papel los otros “capítulos” que el procés ha tenido esta semana para valorar en su justa medida las declaraciones del President en el hemiciclo catalán. El pasado lunes se celebró una cumbre soberanista que reunió diversas fuerzas políticas y a la cual no acudieron los comunes. Neus Munté, portavoz del Ejecutivo de Puigdemont, no pudo sino mostrar su perplejidad en rueda de prensa, alegando que desde el partido de Domenech “tan solo habían llegado excusas”.
Más allá de esta perplejidad (que más adelante abordaremos de nuevo), lo cierto es que de la cumbre soberanista del lunes, no surgió ni fecha concreta del referéndum ni pregunta, como se esperaba. El Govern catalán pareciera no tener problema en marcar el calendario de fechas claves que luego quedan en borraja.
Por su parte, desde los comunes siguen manteniendo en pie su propuesta del “Pacte Nacional pel Referèndum” (Pacto Nacional por el Referéndum), como el único espacio aglutinador de partidos políticos, sindicatos y colectivos afines a la celebración del referéndum. Según JxSi esta posición de los comunes y su no presencia en la cumbre soberanistas dilató, una vez más, el conocimiento de fecha y pregunta del referéndum.
Relaciones de fuerzas y crisis del Régimen del 78
Líneas más arriba citábamos textualmente a Neus Munté cuando se definía perpleja ante la ausencia de los comunes en la cumbre soberanista. Pero lo cierto es que la coyuntura política y la importancia de la cuestión catalana para el Régimen del 78 hacen que todas las acciones y declaraciones políticas sean pensadas al milímetro y que de buen seguro a nadie le cogen por sorpresa.
En este marco, es cierto que comunes y “procesistas” empiezan a reconocerse como aliados, de ahí el encuentro de hace una semana entre Puigdemont, Domenech y Pablo Iglesias en Madrid, pero las necesidades políticas de ambos sectores provocan que sus caminos no lleguen a cruzarse aún de forma definitiva y aún tengan que tensarse la cuerda mutuamente.
El Pacte Nacional pel Referèndum que sostienen los comunes es un espacio que aboga por un pacto con el Estado central. Sí, ese Estado gobernado por el Partido Popular y por una élite de funcionarios que encarcela, persigue y no retrocede ni un milímetro frente a las aspiraciones democráticas del pueblo catalán. Defender una vía que apela al beneplácito del Gobierno español y estos actores para celebrar el referéndum, es poco menos que un chiste de mal gusto a estas alturas de la película.
Aun así, los comunes mantienen su espacio como método de negociación JxSí con el objetivo de hacerse un lugar con algo más de peso en el debate catalán. De hecho, en el próximo encuentro del Pacte (programado para la próxima semana) en el que participará JxSi, no se esperan grandes cambios en las posiciones de los interlocutores. Lo que Domenech y los suyos esperan es que ese espacio, con representación de sindicatos y colectivos sociales, muestre su rechazo a la vía de JxSí.
La nueva formación de los comunes en Catalunya podría jugar un rol de articulación en el marco de la crisis política del Estado español. Pablo Iglesias es conocedor que contar con la plaza catalana mejoraría su relación de fuerzas en las negociaciones en Madrid y en su intención de un gobierno “progresista” con Sánchez. Algo que por ahora el (de) nuevo Secretario General de los socialistas no ve claro si sus interlocutores en la Generalitat son JxSi.
Por ello Pablo Iglesias mantiene la necesidad de ese “zig-zag” político frente al procés. Mostrarse como una formación que “defiende” el referéndum (solo en Catalunya mediante els comuns de Domenech, y Podem), pero que respeta la legalidad del Régimen del 78 en el resto del Estado.
La otra parte, JxSi, tampoco quiere quedarse fuera de una posible regeneración del Régimen. Una regeneración liderada por PSOE y Podemos, que deje todo como está con una leve capa de “progresismo y mayor democracia”.
La contrapartida en este caso para Puigdemont y los suyos es la imposibilidad de abandonar el barco sin botín, pues sería su certificado de muerte electoral para gloria de ERC. Y lo que sería más grave e “incontrolable” para el Régimen y la burguesía catalana, la irrupción del pueblo de Catalunya demandando alcanzar las demandas que los partidos políticos no han logrado alcanzar.
A todo esto, el pueblo de Catalunya se mantiene expectante, paralizado por el encorsetamiento que la estrategia de JxSi, que con la venia de la CUP, ha limitado el procés a negociaciones palaciegas y movilizaciones puntuales y controladas. Del mismo modo que la izquierda española ha mantenido a niveles bajo cero su intervención, más allá de declaraciones, en apoyo a la democrática demanda del pueblo catalán de poder decidir su relación con el resto del Estado.
Las cartas aún se mantienen escondidas y frente a la opinión pública se esconden aún las verdaderas intenciones, pero no falta mucho para que llegue el punto de inflexión y no queden más maniobras posibles que levantarlas.