Se anunció que Piñera presentará su programa a fines de este mes. Las declaraciones buscan calmar los ánimos, las intenciones, agitarlos.
Lunes 16 de octubre de 2017

Todas las declaraciones de Piñera son las de pasar la retroexcavadora al revés. Dijo que revisará la reforma tributaria, para disminuir los impuestos a las empresas. Dijo que revisará la reforma laboral, para introducir mayor flexibilidad laboral y debilitar los sindicatos con grupos negociadores. Dijo que congelará la gratuidad en educación superior y que, en educación media y básica, repondrá la selección y el co-pago.
Pero cuando anuncian su programa, las declaraciones son otras. Que pretenden “conquistar el centro” y que para eso se centrarán en educación con facilidades de financiamiento, y sobre todo una “red de la clase media protegida” como proyecto estrella. Todo bajo la égida de la “responsabilidad fiscal” (es decir, con austeridad para el pueblo, manteniendo los subsidios y transferencias millonarias a las empresas).
¿Cómo se explica esta aparente contradicción? Lo primero, revela sus verdaderos objetivos. Lo segundo, que debe dar cuenta de una relación de fuerzas abierta el 2011, que marca los ritmos y límites de lo que podrán hacer.
Por eso hablan de reponer la “política de los acuerdos”. Probablemente, eso dependerá de cómo quede conformado el Parlamento. Probablemente, es el rol que le quede asignado a la DC. Más allá de esto, la derecha tiene objetivos de envergadura, atacar al pueblo trabajador, desplazar a Chile a la derecha, manteniendo los pilares del “modelo” pero los ritmos para eso deberán ser evaluados paso a paso. Más política, y menos gestión. No solo un aprendizaje de su primer Gobierno, sino un reconocimiento de una relación de fuerzas que cambió y no han podido hacer retroceder.