La publicación del nuevo programa de estudios y el primer trabajo de acercamiento con las maestras y maestros la semana pasada, presentaron los contenidos que se van a abordar en las materias de secundaria. Para este caso analizaremos los contenidos en Historia, haciendo un análisis crítico.
Miércoles 11 de enero de 2023

En el pasado curso intensivo, al cual asistimos miles de docentes a nivel nacional, el gobierno presentó su nuevo programa de estudio, el cual representa hasta el momento el tramo que faltaba completar de la aplicación de la reforma educativa iniciada en 2019. Si bien en cada escuela el análisis de este nuevo programa se abordó de forma distinta, es verdad que su aplicación se tiene prevista para el próximo ciclo escolar.
Hasta el momento, lo que se revelado de éste son sus parámetros generales, como los campos formativos, los ejes articuladores y el perfil de egreso. Para el primero se publicó otro archivo que está en calidad de “documento de trabajo”, en donde se desarrollan los distintos campos formativos que van a aplicarse para la educación preescolar, primaria y secundaria, o como se llaman ahora, fases de aprendizaje.
El documento presentado a las y los docentes -todavía en fase preliminar- titulado Avance del Contenido del Programa Sintético, manifiesta algunos principios pedagógicos y orientaciones didácticas, es decir, las ideas centrales de la aplicación de los contenidos, así como algunas sugerencias para que los docentes apliquemos en los salones, donde se conserva la lógica de “saber hacer” orientada a que las y los estudiantes solo realicen actividades didácticas y dejando menos espacio para el razonamiento, el desarrollo de metodología científica de comprensión histórica o el debate de las ideas que subyacen de lo anterior.
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Si existe alguna diferencia con el programa anterior, es que éste “reconoce que las prácticas educativas son distintas en cada escuela”, por ello deja “al criterio del docente la aplicación de estos contenidos en las aulas”. Sin embargo, al no ser parte de un proceso de auto organización, discusión democrática y elaboración desde abajo, esto puede sentirse como un traspaso de responsabilidades del Estado al magisterio, mientras que el financiamiento/mantenimiento de la infraestructura y la contratación de personal siguen estando muy por detrás de las necesidades, además de la deuda histórica de construir más escuelas.
De este Programa, que en varios conceptos y fraseología ha cambiado, planteando perspectivas de transformación y “revolución de las conciencias”, en los contenidos educativos por asignatura también se puede observar un reacomodo de éstos, lo que hace necesario un análisis de cómo se da este cambio. Al menos en la materia de Historia estos cambios son evidentes, para empezar con la redistribución de los contenidos, los cuales quedan clasificados en Historia Universal para 3er Grado y los dos primeros años de Historia Nacional.
Esta distribución indica que, como en el programa anterior, llamado Aprendizajes Clave, se le da preponderancia a la Historia de México, lo cual es un indicio claro de la continuidad de la visión nacionalista de la Historia y su uso como herramienta ideológica del Estado para auto legitimarse. Esto se demuestra con la distribución de los contenidos, que agrupan temas que si bien hacen alusión a “sistemas de dominación” (en el pasado), “conflictos sociales” o la “lucha por los derechos humanos” la metodología planteada poco tiene que ver con una crítica activa del sistema actual, dejando el análisis -cuasi arqueológico- de los traumas sociales como objetos de estudio del pasado.
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Una Historia que nos enseñe a pensar y no a obedecer
La degradación de los contenidos de las asignaturas no solo tiene que ver con la reducción de éstos. El ataque a la educación tiene que ver con cómo se forma a la siguiente generación de mano de obra útil a los intereses del capitalismo.
Por eso la Historia es un terreno en disputa, así como la propia educación pública; la burguesía y su Estado pueden utilizarla como herramienta de dominación, echando mano del arma ideológica del nacionalismo y la llamada “Historia de Bronce” para avanzar -con retórica “critica”- en la subordinación de las ciencias naturales y sociales a los intereses de una clase contra otra.
En el otro lado de la barricada está la Historia de la cual necesitamos reapropiar sus valiosas lecciones. Inclusive luego de las décadas mas oscuras del neoliberalismo en el mundo, la Historia de la lucha de clases sigue en los libros de las escuelas, pero no como procesos vivos de los cuales podemos aprender para avanzar, sino como reliquias de un “pasado glorioso”. Eso se intenta conservar con esta adecuación programática en tiempos de la 4T.
Sin embargo este cambio de frases y dichos no se dio en el vacío, sino que el gobierno tuvo que modificar su forma de hacer política a través del sistema educativo para responder al descontento despertado en el magisterio. Por ello recuperar la Historia de los de abajo y la necesidad de recobrar la metodología científica del materialismo histórico y dialéctico es una lucha por la recuperación de nuestra Historia.
Decía Marx, en su critica a la filosofía del Derecho de Hegel: “Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz…”
Para las y los docentes esta podría ser una fuerte directriz de nuestro quehacer, ir a la raíz de los problemas; las y los docentes de la Agrupación Nuestra Clase opinamos que es el capitalismo y que la lucha en el terreno de las ideas no es menor, por ello estos debates tienen que involucrar a más sectores de docentes, estudiantes e intelectuales que vean la importancia de dar una salida progresiva a lxs hijxs del pueblo trabajador en el terreno educativo, sin disociar esto de la lucha por conquistar un mundo sin explotación ni opresión.