El triunfo de Piñera viene acompañado por anuncios de ataques a los trabajadores, jóvenes y mujeres. Frente a esto, dentro del campo de la oposición se perfilan distintas estrategias, pero ¿cuál es la que permite enfrentar realmente a este gobierno y su programa?
Viernes 22 de diciembre de 2017

Los resultados de las elecciones anunciaron un gobierno dirigido por la derecha, sosteniendo a Piñera como la gran figura del conglomerado de Chile Vamos. Las votaciones reflejaron un escenario, que al igual que en la primera vuelta, distaron bastante de las hipótesis de las encuestas las cuales adelantaban un estrecho margen de definición entre el candidato de la derecha y Guillier como representante de la Nueva Mayoría que supuestamente sumaria votos del fenómeno electoral del Frente Amplio.
Esta victoria electoral y política de la derecha, busca configurar un nuevo gobierno de gerentes, que por medio de la administración del Estado intentara beneficiar a los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros. Pero como ya sabemos, el beneficio de los empresarios va en desmedro de los intereses de la clase trabajadora y sectores oprimidos. No por nada Piñera anunció, en primera instancia, ataques en torno a pensiones, educación, derechos de las mujeres y diversidad sexual, discurso que tuvo que cambiar en la segunda vuelta para dialogar con el ánimo de las masas que buscan reformas y conquistar el voto al sector de centro.
A pesar del triunfalismo de la derecha, es necesario destacar que este gobierno no será armónico. Por el contrario, la derecha llega en un escenario político en donde se evidencian diversas tendencias que buscaran convivir en el parlamento, y a nivel social están latentes las ansias de reformas por más derechos sociales. Lo claro, es que Piñera no podrá imponer un programa político estrictamente de derecha, pasando leyes a rajatabla en el parlamento, debido a que no existe ningún bloque político que logre mayoría parlamentaria y tampoco la relación de fuerzas para pasar estas políticas sin que se abra un posible crisis social, como sucedió el 2011. Por lo tanto, en este escenario se plantea una gobernabilidad inestable que deberá buscar consensos y cercanías, en donde se vislumbran diversas oposiciones, con distintas estrategias de enfrentamiento. En este sentido, una centroizquierda que se plantea “colaborativa y de críticas constructivas al gobierno” y atraviesa por una fuerte crisis luego de la votación más baja históricamente y la fragmentación de sus partidos. También está el Frente Amplio que se plantea como oposición crítica y colaboradora, que hará notar su peso en sectores de masas (como el movimiento estudiantil) pero que llevará todos los debates a las cuatro paredes del parlamento donde actuara su bancada, que ya anunció la necesidad de articularse con los sectores “progresistas” (una continuidad de su política del “mal menor”). Mientras la DC se mantiene en una profunda crisis, y de su resolución depende si se convertirá en base de maniobra para el gobierno de derecha o para la oposición de la centroizquierda.
Estas estrategias no expresan una alternativa para los trabajadores, teniendo en cuenta que la Nueva Mayoría representa a un sector de los empresarios y ha co-gobernado con la derecha desde la transición pactada y el Frente Amplio busca constantemente alianzas con la centroizquierda empresarial “progresista” para lograr distintas reformas dentro de los marcos del régimen .
El gobierno de Piñera implica desafíos para los revolucionarios. El que la derecha vuelva al poder, no quiere decir que mecánicamente van a pasar la “retroexcavadora al revés” y por tanto mayor lucha de clases, puede que incluso se pasen por años de relativa estabilidad. Será importante analizar constantemente la relación de fuerza entre las clases sociales y de sus distintas representaciones políticas. Por tanto, es necesario que se configure una oposición que tenga en el centro la defensa de los derechos del pueblo trabajador, mujeres y jóvenes, y también la lucha por arrebatar nuestras demandas históricas. Esto requiere organización y movilización, pero fundamentalmente la constitución de una fuerza política que tenga independencia política de cualquier variante política empresarial, aunque se vistan de progresista (cuestión donde el Frente Amplio ya falló).
Esta oposición es la que queremos levantar desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios, en función de una perspectiva socialista y revolucionaria es que levantamos nuestras candidaturas anticapitalistas, con nuestras compañeras Galia Aguilera, Patricia Romo y Daniel Vargas como principales referentes. En el mismo sentido es que organizamos a sectores del movimiento obrero como el sindicato de Orica y la Constramet con nuestra compañero Lester Calderón, en el ferrocarril, en el retail con la juventud trabajadora, tambien en el movimiento estudiantil con la agrupación Vencer, en el movimiento de mujeres y diversidad sexual con la agrupación Pan y Rosas, y también en el debate ideológico con nuestra revista Ideas de Izquierda. Esta oposición requiere fuerza material, los miles de votos que lograron las candidaturas anticapitalistas son una muestra que existe un sector que vé con buenos ojos una alternativa independiente de los trabajadores, este apoyo hay que transformarlo en organización, en ser un aporte a construir esta oposición y fuerza politica.