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Red Internacional
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Encuesta CADEM. ¿Qué factores influyen en el “bajo apoyo” al movimiento estudiantil?

La última encuesta Cadem arrojó que el 75% de la población está en contra de las tomas en los colegios y el 50% en desacuerdo con la movilización estudiantil. Sin embargo, nada dicen de la ofensiva reaccionaria para golpear a los estudiantes y en la influencia que ejercieron durante estas dos últimas semanas.

Miércoles 22 de junio de 2016

Fueron dos semanas de ofensiva reaccionaria contra el movimiento estudiantil, en base a dos hechos que sirvieron para que las autoridades golpearan al conjunto de los estudiantes: el Cristo de la Iglesia de la Gratitud Nacional que fue sacado del recinto y los destrozos tras la toma del INBA. Toda esta campaña mediática y escandalosa culminó, en parte, con los resultados de la última encuesta Cadem.

Los datos arrojados por la encuesta nacional, que fue realizada entre los días 15 y 17 de este mes, vuelven a reiterar el amplio rechazo a Bachelet, quien ya tiene un 73% de desaprobación. Además, nuevamente las reformas son rechazadas por la mayoría: 60% de desaprobación en la reforma tributaria; 61% de rechazo a reforma educacional; y 58% en desacuerdo con la reforma laboral. Todas son promesas del gobierno de la Nueva Mayoría que no responden a las reales demandas del pueblo trabajador.

La encuesta Cadem, además, se centró en la percepción de la población hacia el movimiento estudiantil de este año. Los principales resultados fueron los siguientes: el 75% de las personas están en contra de las tomas en colegios, el 50% se encuentra en desacuerdo con la movilización de los estudiantes y el 42% de los encuestados considera que en el último mes el movimiento se ha debilitado.

Sumado a lo anterior, la encuesta Cadem hace una comparación entre el 2011 y el 2016, bastante pensada para golpear aún más a los estudiantes. Se establece que en agosto de 2011, el 79% de la población estaba de acuerdo con las movilizaciones de estudiantes, y que en junio de este año sólo el 46% lo está. Continúa mostrando que en el 2011, también en agosto, el 71% estaba a favor de las marchas por la Alameda, mientras que ahora el 33% está a favor. Luego, sigue con que hace cinco años el 50% estaba de acuerdo con las tomas en los colegios y ahora un bajo 22% lo está.

¿A qué se debe este cambio? ¿Acaso no hay factores detrás que influyen en esta negativa percepción? Lo que no señala la encuesta Cadem es la tremenda campaña que impulsó el gobierno, autoridades y medios tradicionales para deslegitimar al movimiento estudiantil, y que eso sí influye en la opinión de las personas.

Durante dos semanas han arremetido contra los estudiantes, instalando la idea de la “violencia desmedida”, del “descontrol”, de que “carencia de ideas y propuestas” por parte de los jóvenes, entre tantos otros dichos. Sin embargo, lo que no dicen en los grandes medios y encuestas es que hay, por lo menos, cuatro elementos que sí han influido en dicha percepción negativa: dichos del gobierno y autoridades; campaña de los medios tradicionales; planteos de personeros de la Iglesia contra los estudiantes; e incluso, parlamentarios de la “bancada estudiantil” como Karol Cariola y Jackson, criticando a los estudiantes por “violentos” o por “no tener propuestas”, como aseguró la diputada del Partido Comunista.

¿Cómo no iba a afectar en la percepción de la población si durante días los estudiantes han sido blanco de críticas, criminalización y represión? ¿Cómo no iba a afectar si llevan días mostrando los destrozos de una toma en particular, pero jamás dan cobertura a las diversas actividades que se realizan en los espacios estudiantiles? ¿Cuándo los grandes medios le darán cobertura a las charlas, foros, talleres, obras de teatro, grupos de estudio; iniciativas que sí desarrollan los jóvenes en la amplia mayoría de las tomas y paros? La percepción hacia el movimiento estudiantil sería bastante distinta si la población tuviese acceso a lo que realmente sucede al interior de esos espacios.

El estudio hace una comparación entre el 2011 y 2016, sin mencionar una serie de elementos. Lo contradictorio es que justo el mes de agosto, hace cinco años, fue el momento de mayor radicalización del movimiento estudiantil, su climax, donde eran decenas los colegios, liceos y universidades en toma y paro, e incluso donde más hubo enfrentamientos de la juventud con la policía. ¿O se olvidan del 4 de agosto, día en que hubo una batalla campal en las calles contra la represión policial, con heridos, barricadas, y con miles de personas adultas haciendo ‘cacerolazos’ contra el gobierno y la violencia de Carabineros? Justamente, el 2011 se caracterizó por la potencia y fuerza del movimiento estudiantil. Hace cinco años, los jóvenes instalaron totalmente el derecho a la toma y paro en los establecimientos educacionales, ese fue el método de toda esa lucha, con marchas por la Alameda, protestas callejeras, movilizaciones de masas, barricadas de miles y, también, enfrentamientos.

Los estudiantes deben seguir potenciando su movilización, sin caer en los juegos de las autoridades que buscan poner a toda la población en contra de un movimiento que se caracteriza por el apoyo de millones de personas, no sólo en Chile, también en otros países, tal cual se expresó durante el explosivo 2011. El movimiento debe apoyarse en todos los sectores que solidarizan, como en los trabajadores; en grupos como “Padres movilizados”, desde donde organizan actividades para estar presentes junto a sus hijos en las manifestaciones; en sus diversas iniciativas como marchas, clicletadas, bailes, jornadas familiares, charlas y actividades culturales, que tan bien saben hacer los estudiantes.

Las autoridades quieren aprobar una reforma educacional rechazada por la mayoría de la población, a finales de este mes. Se hace imprescindible que las direcciones del movimiento se pongan a la altura de la situación, que los estudiantes no permitan la aprobación de una propuesta que mantiene el negocio educativo, que las movilizaciones, paros y tomas, continúen y se potencien aún más. Un ultimátum es que lo que el movimiento debe darle a las autoridades; mientras no respondan a las legítimas e históricas demandas que sí representan a miles de personas, no hay motivo para decaer.