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Alemania. ¿Qué hay detrás de la ola derechista e islamófoba en las calles alemanas?

Manifestaciones y movimientos contra el “Islam” y los inmigrantes provocaron una conmoción en la política alemana en los últimos meses. Más aún después de los atentados en Francia contra Charlie Hebdo y un supermercado de comida judía. ¿Qué hay detrás de estos nuevos fenómenos como Pegida?

Peter Robe Berlín | @robe_peter

Martes 13 de enero de 2015

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Fotografía: EFE-ARNO BURGI.jpg

De HoGeSa a PEGIDA

“No queremos a los extranjeros en nuestro país“, estas son algunas de las opiniones que se pueden escuchar en la nueva de la ola de manifestaciones de derecha desatada desde octubre. “Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente” (Pegida) se llama el movimiento que reúne cada lunes a miles de manifestantes en la ciudad oriental de Dresde.

Unos días antes de navidad más de 17.000 personas manifestaron con banderas alemanas y gritos xenófobos y chauvinistas. El primer lunes del 2015, otra vez 18.000 manifestantes colmaron las calles de Dresde.

Mientras que intentos de “expansión” a otras ciudades como Munich, Kassel, Köln, Hamburgo o Berlín fracasaron más o menos rotundamente y en todos estos lugares se lograron manifestaciones más grades en contra de Pegida, sigue siendo el debate político nacional principal que más presiona al gobierno.

El antecedente de Pegida tuvo lugar el 26 de octubre en Colonia bajo el nombre de “Hooligans contra salafistas” (HoGeSa). Más de 5.000 personas, con una confluencia importante de sectores de hinchas y neonazis organizados y activos a la cabeza de la manifestación, marcharon en el centro de Colonia, atacando físicamente y con gritos a la comunidad inmigrante de dicha ciudad.

Al igual que Pegida, buscaron repetir ese “éxito” en otras ciudades, fallando en casi todas menos en Hannover, cercana de la ciudad automotriz de Wolfsburg, donde se reunieron acerca de 3.000 manifestantes.

Además, ya en agosto hubo concentraciones frente a centros de refugiados para inmigrantes en el este de Berlín, que fueron convocadas por organizaciones neonazis haciéndose pasar por “vecinos indignados”. Estos centros de refugiados, como consecuencia de la política segregatoria del gobierno alemán, habitualmente se encuentran alejados de las ciudades o en barrios precarios.

Las contra marchas y el rechazo al racismo y la xenofobia

Estas manifestaciones fueron respondidas por contra-marchas o bloqueos, que se realizaron en varias ciudades y que muchas veces sobrepasaron los números de las propias manifestaciones derechistas.

Las contra-marchas en su mayoría fueron impulsadas por un conglomerado de organizaciones de izquierda, los verdes e incluso en algunos lugares por el co-gobernante SPD. Estas lograron reunir más de 20.000 personas, en Colonia o en Munich y el viernes pasado a 35.000 personas en Dresde.
Esto es expresión de un amplio rechazo de la población frente a la ola derechista que se quiere imponer en las calles.

Sin embargo, al mismo tiempo, se publicó una encuesta en el diario de derecha liberal DIE ZEIT según la cual el 70 % de la población teme el avance del “islamismo radical” en la sociedad.

Nacionalismo islamófobo y anti inmigrante

Los organizadores de estos movimientos de derecha proclaman por un lado un nacionalismo islamófobo. En el caso de HoGeSa se dirigen contra los “islamistas radicales” y salafistas o en el caso de PEGIDA contra el Estado Islámico (EI) del medio oriente y el “islam” en general que acusan de ser fuente de violencia.
Por el otro lado son profundamente antiinmigrantes, usando una demagogia absurda que quiere mostrar a Alemania como un país que recibe a demasiados inmigrantes y los “mantiene” en condiciones altas. Cuestión que fue desmentida, tanto por reportajes que revelaron la situación real en los centros de refugiados, como también por el propio movimiento de los inmigrantes refugiados que desde 2012 se organiza y está en la calle por sus derechos, denunciando la precariedad e incertidumbre constante en la que viven.
La base social de Pegida es muy heterogénea, pero la mayoría de los asistentes son parte de una clase media o pequeño-burguesía que se ve amenazada por la crisis y teme perder lo ganado en años anteriores.
La clase media además se encuentra en un momento de reconfiguración política. Después de las elecciones nacionales en 2013 el partido tradicional FDP (Partido democrático liberal) literalmente salió del escenario político nacional y en las elecciones europeas de mayo pasado surgió la “Alternativa para Alemania” (AFD) con un 8 % de los votos. Ellos tienen un programa anti-euro, anti-inmigrante, xenófobo y misógino y se consolidaron en tres comicios donde lograron entrar en los parlamentos de los estados federados de Sajonia, Thuringia y Brandenburgo.
De hecho, dentro de la AFD surgieron diferentes alas: una que busca un mayor acercamiento a Pegida debido a la “cercanía temática” y otra que se aleja de estos movimientos.
Esto se da en el marco de una polarización política en toda Europa, donde en países como Francia o Reino Unidosurgieron partidos de ultraderecha enormemente fuertes y donde en medio de la crisis los gobiernos criminalizan y persiguen a los inmigrantes como en el Estado español o Grecia.

La Islamofobia como herramienta imperialista

El gobierno de Merkely los partidos tradicionales quieren marcar una distancia con el fenómeno Pegida. Aunque algunos partidarios de la CDU y su rama bávara CSU señalaron la necesidad de escuchar los “temores y preocupaciones” y buscar “un diálogo” con los manifestantes, estas voces son minoritarias. También el SPD tuvo que llamar a manifestaciones contra esta nueva derecha.

Pero esto no es más que una postura. El gobierno nacional y los gobiernos regionales son los que llevan a cabo una práctica anti-inmigrante como son las deportaciones o los centros de refugiados.

El gobierno de coalición de Merkel y la SPD aplica los planes de ajuste sobre los pueblos del sur de Europa, y roba a la juventud de Alemania su futuro mediante el mini-empleo, los desahucios y la precarización laboral.

A su vez, para su política exterior contra el Estado Islámico se basa en la islamofobia, legitimando así su política – tanto interior como exterior – y buscando separar y dividir a la clase obrera en Alemania.

Está por verse como se desarrollará Pegida y los otros movimientos de derecha en una situación donde en toda Europa avanza la polarización social y política.
Después de los atentados a la redacción de Charlie Hebdo y a un supermercado judío, la gran campaña imperialista islamófoba que comenzó al unísono desde los distintos gobiernos europeos es posible un fortalecimiento de las manifestaciones anti-inmigrantes.

Si el gobierno, como parece, acepta las presiones derechistas y las integra en su agenda –a través de una nueva ley migratoria como lo proponen políticos democristianos– estas manifestaciones pueden disminuir, pero porque habrán dejado su sello en un nuevo curso derechista de la “Gran Coalición”.