El Gobierno festejó los recientes datos del SIPA como un “récord histórico” en el sector asalariado privado. ¿Hay mejoras en el empleo? Cantidad y calidad. La foto y la película.

Lucía Ortega @OrtegaLu_
Lunes 5 de febrero de 2018 09:15

’En noviembre se ha roto el récord de trabajadores asalariados privados que lo tenía noviembre de 2015’ (José Anchorena, subsecretario de Políticas, Estadísticas y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo).
Después de las masivas movilizaciones contra la reforma previsional en diciembre pasado, y en medio de la desacreditación general que le impiden al gobierno avanzar de frente con la reforma laboral, profundizada por los tarifazos, la inflación y el escándalo con el propio ministro de Trabajo por mantener “en negro” a una trabajadora doméstica, parecería que los datos laborales son las únicas buenas noticias que tendría Macri en este comienzo de año.
Sin embargo, lo de “bueno”, como todo, es relativo. ¿Ello significa que hay, o habrá, más empleo? ¿Qué tipo de empleo? ¿Más empleo comparado con qué?
Si bien definir la salud del mercado de trabajo parece una cuestión sencilla de resolver, no basta con contabilizar la cantidad de trabajadores registrados y ver si subió o bajó el índice. Para saber de dónde se viene y hacia dónde se va la situación laboral hay que tener en cuenta, en primer lugar, que la población crece en forma lenta pero constante, por lo que la oferta de trabajo (trabajadores que ofrecen su fuerza laboral) también es mayor (hay más trabajadores en condiciones de competir por un puesto), y en segundo lugar, que la demanda de empleo (puestos de trabajo necesarios) está condicionada por la marcha de la economía, entre otras cosas.
Veamos más de cerca.
La foto
Lo que muestran los datos provisorios del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), publicados por el Ministerio de Trabajo, es que a noviembre de 2017 había un total de 12,3 millones de trabajadores registrados (“en blanco”), implicando un crecimiento del 2,1% con respecto a noviembre de 2016 (253,2 mil trabajadores
más).
Fuente: Elaboración propia en base a OEDE, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
Pero no es en esta mejora aparente en el empleo registrado total (asalariado y no asalariado, público y privado) en donde reside el festejo oficial, sino que éste proviene de la mano de lo que sucede exclusivamente en el sector privado, en especial en aquellos trabajadores en relación de dependencia. A noviembre se contabilizaron 6.277.200 de trabajadores en ese sector, alcanzando su “mayor nivel”. Esto significa un incremento desestacionalizado de 0,1 % (8.649 asalariados) respecto al mes anterior y de 77.160 asalariados privados más (1,2%) en relación a noviembre de 2016.
Este último es remarcado por los analistas con énfasis dado que el crecimiento de 1,2 % del empleo asalariado privado fue levemente superior a la tasa de crecimiento de la población (1,1 % anual).
Sin embargo, es sabido que hacia 2016 el nivel de empleo estaba recién comenzando a salir del desmoronamiento sufrido en el primer semestre del año, dado el proceso de ajuste sobre los trabajadores aplicado como debut de la gestión macrista. Por lo tanto, y tal como expresó el subsecretario Anchorena, la vara de medida para el gobierno estaba dada por el nivel de empleo asalariado a finales de la etapa kirchnerista. Así, se observa que en noviembre de 2017 había contabilizados 10.460 asalariados registrados más que en noviembre de 2015, que había sido el valor más alto de la serie durante el gobierno de Cristina Fernández.
Fuente: Elaboración propia en base a OEDE, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
Vale decir que, si bien se presenta como una superación importante, se trata en verdad de una vara de medida muy baja teniendo en cuenta que ello implica afirmar que estamos “casi igual” que hace dos años. Y, sobre todo, una comparación muy engañosa. Vayamos a ver la película.
La película
Continuando y reforzando el análisis del mercado de trabajo que presentamos semanas antes de los comicios de octubre pasado, en el que advertimos sobre algunas tendencias estructurales alarmantes en los niveles de empleo, se ponen de relieve algunos puntos centrales considerando una dinámica de mediano plazo.
En primer lugar, una tendencia a las precarización de las relaciones laborales. Desde enero de 2012 (primeros datos disponibles), se observa que del total de trabajadores registrados las mayores tasas de crecimiento las exhiben los sectores con menor protección de los derechos laborales.
Así, dentro del sector privado el monotributo social muestra un incremento acumulado entre 2012 a 2017 de 160 %, casas particulares 22,5 %, el monotributo 19 %, muy lejos le sigue el empleo asalariado privado con un incremento de 3,1 %, mientras que los autónomos cayeron 1,2 % (por su pasaje a monotributo). Por su parte, los asalariados públicos se incrementaron en 23,8 %.
Es por ello que las series muestran esta forma extraña, en la que los asalariados privados pierden dinamismo frente a otras formas más precarias (monotributo social, monotributo, casas particulares). Claro que su peso en el empleo es mayor (significan el 51 % del empleo registrado total) y por ello cada centésimo que crezcan significa un impacto más fuerte en el total. Pero justamente por ello, su menor dinamismo en los últimos años es el primer signo de alarma.
Evolución del empleo registrado según modalidad de ocupación (Base enero 2012 = 100)
Fuente: Elaboración propia en base a OEDE, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
En segundo lugar, el crecimiento promedio del empleo formal fue de 2,1 % en los últimos seis años, superando apenas la tasa de crecimiento poblacional, pero no lo suficiente como para revertir los altos niveles de trabajo informal que afectan a más de un tercio de los asalariados (34,4 % en el tercer trimestre de 2017). De acuerdo a estimaciones del Ministerio de Trabajo, hay actualmente 6,5 millones de trabajadores no registrados (2 millones de cuenta propia y 4,5 millones en relación de dependencia).
Como señalábamos en aquella oportunidad, la tasa interanual de crecimiento del empleo registrado tiene una caída muy marcada en los últimos años. Si bien se ha comenzado a recuperar hacia fines del año 2016, luego de haber tocado valores cercanos a cero entre agosto y octubre de 2016, recién alcanzó en noviembre de 2017 los niveles de crecimiento promedio de la serie.
En particular, la nota de color la tienen nuevamente los asalariados privados, quienes apenas crecieron 0,5 % anual en promedio desde 2012 a 2017 (siete décimas porcentuales por debajo de lo que creció la población económicamente activa) y la tasa es -0,02 % desde que asumió Macri.
Cantidad
Decíamos de la importancia que tiene el sector asalariado privado dentro del empleo formal. Éste concentra el 50,9 % del total de los ocupados registrados, seguido por el empleo asalariado del sector público (25,7 %); los trabajadores monotributistas (12,7 %) y, por último, por debajo de 4 % los trabajadores de casas particulares, el monotributo social y los autónomos.
Fuente: Elaboración propia en base a OEDE, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
Veamos en mayor detalle este sector y en qué consistió el crecimiento de 1,2 % interanual en los asalariados del sector privado. Allí se ve que el sector de la construcción y los servicios lideraron el crecimiento del empleo asalariado, especialmente el primero con un 10,7 % interanual. Le siguen por los servicios energéticos de suministro de electricidad, gas y agua (3,4 %), servicios sociales y de salud (3 %), hoteles y restaurantes (2 %) enseñanza (1,9 %), actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (1,7 %), servicios comunitarios, sociales y personales (1,7 %), y comercio (1 %).
Pero cayeron los sectores ligados a la producción industrial y primaria. La industria manufacturera, que manifiesta un retroceso continuo desde septiembre de 2013, se contrajo 1,6 % interanual en noviembre de 2017, explotación de minas y canteras cayó 3,4 %, el empleo agropecuario 0,9 %, mientras que la pesca (0,1 %) y transporte y comunicaciones (0 %) se mantuvieron prácticamente estancados.
Fuente: Elaboración propia en base a OEDE, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
Calidad
Antes de terminar, volvamos un segundo al primer gráfico que mostraba la cantidad de trabajadores registrados totales y volquemos algunos de los resultados. Si se hiciera una radiografía según el peso de los asalariados privados, se puede ver cómo en estos dos años el bajo crecimiento del empleo estuvo además cada vez menos explicado por los asalariados y más por otras modalidades (párrafo aparte merece el análisis del empleo público, que quedará para otra oportunidad).
Fuente: Elaboración propia en base a OEDE, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social
Para quienes ven en esto una confirmación de que “antes estábamos mejor”, vale aclarar que la pérdida de dinamismo en los asalariados privados ya venía desde el kirchnerismo. En noviembre de 2012 significaban el 54,7 % de los registrados totales y el último mes de gobierno, en noviembre de 2015, ya había caído a 52,1 %.
Esto refleja que en el macrismo se profundizó la tendencia a la expansión de modalidades de relaciones laborales más precarias a costa de los trabajos en relación de dependencia dentro del sector privado. Pero además, como veíamos arriba, las aparentes “buenas noticias” en el empleo en realidad se transforman en su contrario, la expresión de que hay profundos problemas en la actividad económica productiva, en especial de la industria, y que sólo se sostiene una relativa estabilidad a partir del contrapeso ejercido por la construcción ligada a la obra pública y los servicios.
Un último aspecto referido a la calidad del empleo: Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el empleo vulnerable (precario) afecta a más del 40 % de trabajadores en Argentina. Algo similar habíamos planteado en una investigación exclusiva, en la cual señalamos que la precarización más extrema afecta a uno de cada dos trabajadores, especialmente a las mujeres y los jóvenes.
Con todo esto, la respuesta de hacia dónde va el empleo no parece tener, en principio, buenos antecedentes. Para ello cabría esperar una mejora muy sustancial en los niveles de actividad globales y sectoriales, cuestión que, a sólo un mes de comenzado el año, incluso los analistas burgueses comienzan a poner fuertemente en duda.

Lucía Ortega
Economista UBA. Coeditora de la sección de Economía de La Izquierda Diario.