Durante la última semana de Noviembre, Michelle Bachelet anunció un nuevo proyecto de ley “por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, el cual busca responder a la situación de las mujeres que han sufrido violencia de género, en un escenario nacional en que ya van 112 femicidios frustrados y la tasa de femicidios es de 50 asesinadas hasta la fecha.
Melissa Navea V Psicóloga
Miércoles 7 de diciembre de 2016
Hace poco más de una semana, Michelle Bachelet anunciaba un nuevo proyecto de ley “por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, el cual fue respaldado por el Ministerio de la mujer y la Equidad de género, y el Servicio Nacional de la mujer (SERNAM).
El proyecto de ley cuenta con modificaciones legales que buscarían responder a la situación de las mujeres que han sufrido violencia de género, además de contener normas que en palabras de Bachelet, apuntan a un cambio cultural para avanzar hacia la igualdad de género. En el proyecto se incluiría como delitos, situaciones que hasta ahora no tenían castigo: el femicidio entre convivientes civiles y parejas que no convivan (“pololeo”).
Además para darle respuesta a las mujeres violentadas se planea aumentar las casas de acogida de 23 a 48 cuando finalice su Gobierno. Por otro lado, en sus palabras señaló que un objetivo es impulsar medidas esenciales para que las mujeres puedan trabajar sin tener que depender de los hombres, con énfasis en la educación y campañas de difusión, “tanto para dejar atrás la cultura que posibilita la violencia, como para prevenirla y lograr que las víctimas denuncien a sus agresores”.
Una agenda de género insuficiente para responder ante la realidad
“El cambio cultural está yendo más lento de lo que quisiéramos, por eso estamos creando instrumentos institucionales que las protejan”, esta es una de las principales declaraciones que entregó Bachelet y da cuenta también del foco desde el cual la Nueva Mayoría aborda la problemática de género. Ante esto, es difícil creer que el principal foco del “cambio cultural que necesita el país” quede acotado al aumento de las casas de acogida y los cambios en la tipificación del femicidio, algo necesario, pero no suficiente. Estos pueden constituir avances, pero son los cambios a la estructura de este sistema que valida el patriarcado y la violencia hacia las mujeres y la diversidad sexual, los que siguen siendo ignorados por los Gobiernos de turno al momento de legislar.
¿Se puede hablar de igualdad de género y un cambio cultural omitiendo la discusión para acabar con la brecha salarial entre mujeres y hombres, que hoy es de un 32,2 %?. ¿Se puede hablar de igualdad de género cuando las mujeres seguimos conformando el 70% del subcontrato avalado por el código laboral de la dictadura, además de constituir la mano de obra más barata con las condiciones más precarias?. Incluso, al mismo tiempo que se busca legislar contra la violencia hacia las mujeres, es el mismo Estado quien nos reprime en las manifestaciones, las fuerzas represivas son las que agreden a las estudiantes y a las trabajadoras durante las movilizaciones, e incluso ejerciendo la violencia política sexual con las compañeras en los retenes y calabozos, un abuso que ha sido denunciado incluso desde las marchas estudiantiles del 2011, en donde conscientemente es ocupada esta forma para reprimir denigrantemente a las compañeras.
En un marco en donde el movimiento #NiUnaMenos se fortalece cada vez más, y actúa como un factor que empuja al Gobierno a hacer este tipo de anuncios, hoy desde Pan y Rosas planteamos que para acabar con la violencia de género no bastan las leyes que puedan ofrecernos los Gobiernos de turno, los cuales se enmarcan dentro de la legalidad burguesa. Hoy es necesario luchar por las demandas democráticas de las mujeres y la diversidad sexual, como el derecho a acceder a un legal, libre, seguro y gratuito donde no haya filtro de clase, pues hoy la ley de aborto en 3 causales queda corta ante una realidad en que son las mujeres más pobres las que abortan en clandestinidad y que están por fuera de las 3 causales que representan cerca del 5% de los casos. Por el fin al subcontrato, por una educación gratuita y no sexista, que promueva la igualdad de género desde la infancia y no la reproduzca y legitime como lo hace en la actualidad. Por el fin a las AFP, en las cuales también somos las mujeres las que recibimos las pensiones más precarias. Por los derechos de la diversidad sexual, al matrimonio igualitario, y a una ley de identidad de género que hoy incluso no permite que el Estado reconozca los femicidios perpetuados a las mujeres trans.
Ante esto, desde la psicología podría decirse que estas leyes que plantean los gobiernos, no apuntan a la enfermedad, al problema en sí, si no que a los síntomas de este. Y es entendible, pues estas leyes vienen de la misma clase que sustenta y reproduce la misma violencia que vemos representada en los casos de femicidios, de quienes no pueden legislar para acabar con la violencia de la que ellos mismos son cómplices, incluso con los dichos dentro del mismo parlamento cuando se discuten las leyes.
Para acabar con la violencia machista hay que levantar un feminismo que luche por acabar de raíz con toda opresión y explotación para transformar de conjunto la sociedad, y para derribar este sistema capitalista y patriarcal que es sustentado por los Gobiernos neoliberales. Hoy es necesario impulsar las secretarías de género en las Universidades, las comisiones de mujeres en los sindicatos, y levantar de conjunto un feminismo socialista y anticapitalista que tome en sus manos la lucha del resto de explotados y oprimidos por este sistema.
Para profundizar en la lucha del feminismo socialista, te invitamos a asistir a los foros que realizará Andrea D’Atri en su tercera visita a Chile, fundadora de Pan y Rosas a nivel internacional, en conjunto con Bárbara Brito, Vicepresidenta de la FECh, los días:
13 de Diciembre. Valparaíso. Universidad de Playa Ancha (UPLA) 18:00 horas.
14 de Diciembre. Santiago. Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE - ExPedagógico). 18:30 horas.