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Red Internacional
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Pan Y Rosas. "Queremos levantar una corriente de mujeres revolucionarias y socialistas"

Durante el año 2016, más de 50 mujeres fueron víctimas de femicidios en Chile, y hubo muchas más en los demás países de Latinoamérica, producto de la violencia machista.

Miércoles 10 de mayo de 2017

Y es que los femicidios son la más brutal de una seguidilla de expresiones de la violencia estructural y opresión que el capitalismo y el patriarcado carga sobre los hombros de la mitad de la sociedad.

Las mujeres hemos sido relegadas a las tareas domésticas y reproductivas, mientras trabajamos también fuera del hogar recibiendo, muchas veces, un sueldo "complementario" o menor al de un hombre por realizar el mismo empleo.

Así también, en Chile tenemos prohibido decidir libremente sobre nuestra maternidad, siendo arrojadas a abortos clandestinos e inseguros cuando decidimos no ser madres. Esta violencia es reproducida y legitimada por el Estado, los Gobiernos y partidos tradicionales que legislan para los empresarios, y las iglesias que nos imponen su moral conservadora.

La rabia, provocada por la violencia a la que nos enfrentamos, fue creciendo a medida que sumaban los nombres de las víctimas de crímenes de odio en el continente. Y, tomando como referente al movimiento Ni Una Menos de Argentina, esa rabia estalló en movilización, marcando un antes y un después, con un 19 de octubre memorable, en que el grito de miles de mujeres llenó las calles de países en todo el mundo, llevando ese repudio hasta al último rincón.

Con ese precedente, emerge y se fortalece un movimiento internacional de mujeres, que viene dando fuertes batallas; como en Polonia, donde miles de mujeres se movilizaron y protestaron empujando a que el Gobierno no prohibiera el aborto como había anunciado; o como en Estados Unidos, convocando a una de las marchas más masivas del último tiempo, en contra de la asunción del misógino Trump.

¿Víctimas impotentes o mujeres combativas?

Así, mientras las Iglesias, la derecha, los medios de comunicación nos cosifican, nos tratan como objetos, nos ignoran, hay quienes desde las instituciones del Estado nos tratan como si solo fuéramos víctimas impotentes que necesitamos protección.

Pero no somos las víctimas impotentes que el patriarcado y el capitalismo quieren que seamos

"Del odio contra las condiciones injuriosas y oprobiosas en que ha vivido y vive una gran parte de la humanidad, es decir, del odio contra la opresión, pueden surgir potentes convicciones para el combate. No elegimos ser las víctimas impotentes que el patriarcado quiere que seamos. Elegimos las potentes convicciones que anidan en el odio productivo de sabernos víctimas de un orden social que apesta", decía hace un tiempo Andrea D’Atri.

Y es que tenemos la convicción de que necesitamos impulsar un enorme movimiento de mujeres combativas que pelee por recuperar cada uno de nuestros derechos, pero estos como punto de apoyo para dar una pelea aún mayor: la de transformar la sociedad entera.

Por el derecho al pan, y también las rosas

Para que no haya Ni una menos, necesitamos un fuerte movimiento de mujeres internacional y anticapitalista y que realmente nos organicemos miles cada vez que toquen a una.

Somos las mujeres, junto a los trabajadores, estudiantes y los demás sectores oprimidos, quienes estamos llamadas y llamados a organizarnos para acabar con este sistema de opresión y explotación; levantando comisiones de mujeres en cada barrio, liceo y universidades, a través de organismos para la organización de las mujeres, en secretarías de género desde donde podamos conquistar protocolos de acoso, poner en el centro el debate de las demandas de las mujeres y diversidad sexual dentro del movimiento estudiantil y ser un aporte al movimiento de mujeres, especialmente, en cada lugar de trabajo.

En Pan y Rosas queremos organizar esa fuerza de las mujeres combativas, levantando un feminismo de las trabajadoras, doblemente oprimidas por el machismo y la explotación laboral, un feminismo socialista y en todo el mundo, que busca que nuestra lucha contra este sistema machista, sea tomada en sus manos por el conjunto de la clase trabajadora, pues ese es el sector que puede realmente poner en jaque al capitalismo y así derribarlo de conjunto.

¡Si tocan a una, nos organizamos miles!