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Elecciones 20d. ¿Quién cuestiona el modelo de precariedad laboral del capitalismo español?

Un estudio del Ayuntamiento de Barcelona muestra como los jóvenes aceptan hoy peores condiciones laborales que en 2002. Las promesas electorales de los principales partidos se mantienen en el respeto a los marcos del capitalismo y por lo tanto no cuestionan el modelo de precariedad establecido en las últimas décadas.

Pere Ametller @pereametller

Viernes 18 de diciembre de 2015

Foto: EFE

La precarización del mercado laboral se ha intensificado sustancialmente desde el inició de la crisis en 2008 y está afectando especialmente a la juventud. Mientras la tasa de paro general se sitúa en un 21,1%, la juvenil alcanza un 46,6%. Además las condiciones laborales vienen sufriendo una regresión infernal: trabajo temporal, a tiempo parcial o sin contrato están a la orden del día. El 92% de los contratos realizados durante el 2014 fueron temporales y el 34,8 % a tiempo parcial, 10 puntos mas que en 2008. Pero si nos fijamos en la juventud, la cifra de los que tienen un trabajo temporal sube al 69,1 % en 2014.

La falta de perspectivas laborales entre la juventud es la que lleva a muchos a emigrar y a muchos más a aceptar trabajos que consideran mal pagados. Esta es la libertad que se nos ofrece: aceptar trabajos precarios o seguir en el paro. Se esta pretendiendo normalizar la precariedad laboral. Se nos quiere inculcar la resignación del “es lo que hay”. Según un estudio del Ayuntamiento de Barcelona, un 50,7 % aceptaría un sueldo inferior al que considera justo, frente al 31,9 % que lo hacía en 2002. Pero estas cifras se repiten más allá del salario: un 50,5 % de los jóvenes aceptaría un trabajo sin contrato, un 57,8 % hacerse autonomo, el 61 % trabajar en un municipio lejano y un 76,4% aceptaría trabajar en algo sin relación con su formación.

En esta campaña electoral todos lo partidos están anunciando sus medidas para el mercado laboral. Eso sí, ninguno presenta un programa que cuestione uno de los cimientos del capitalismo español: la precariedad laboral que ya antes de la crisis afectaba a uno de cada tres trabajadores.

Ciudadanos defiende un contrato único que lo que hace es igualar a todos lo trabajadores por abajo, es decir, acabar con la dualidad del mercado laboral español precarizandolo todo. También proponen un complemento salarial para los salarios más bajos que lo que hace es subvencionar a las empresas al pagarles parte de los costes salariales. El PP por su parte propone bonificaciones para impulsar la contratación indefinida. Ambas medidas lo único que hacen es que paguemos nosotros mismos, a través de los impuestos, nuestros salarios, liberando a las empresas de parte de sus costes.

El PSOE promete derrogar la reforma laboral de Rajoy. Obviamente no dice una palabra de las de Zapatero, la de 2010 que abarató el despido y el pensionazo del 2011. Ni mucho menos del sistema de precarización que inauguró Felipe Gonzalez con su reforma laboral de 1994. Lo más que propone es “racionalizar” la precariedad simplificando la contratación en tres contratos: uno indefinido, otro temporal y otro de formación.

Podemos no va mucho más allá del programa de Pedro Sánchez en esta materia. Comparte la medida de derogar la reforma laboral del PP y en su caso añade las dos de Zapatero, elevando la indemnización por despido y rebajando la edad de jubilación. Sin embargo, en su espíritu de no plantear medidas que puedan afectar directamente la estructura del capitalismo español, no propone un programa de lucha contra la precariedad que debería incorporar demandas como el fin de todas las ETTs, la subcontratación, los contratos temporales, las prácticas no remuneradas, la externalización de servicios públicos... es decir el pan de cada día para millones de trabajadores.

No encontramos tampoco ninguna medida para acabar con el paro masivo y estructural. El estancamiento de la economía, en el marco del capitalismo, se debe a que al capital no le resulta rentable invertir en la creación de empresas y puestos de tabajo. No porque no haya necesidades sociales que cubrir, sino simplemente porque no le produce los beneficios esperados.

Esta situación se explica según la escuela neoclásica por que todavía hay unos salarios demasiados altos que elevan los costes de las empresas, de manera que no pueden obtener los beneficios esperados. Sin perspectivas de beneficios, las empresas no invierten y no generan empleo. ¿Solución? continuar con la devaluación salarial, la precariedad del empleo y las rebajas fiscales.

Por otro lado, para la escuela keynesiana y neo-keynesiana es la insuficiencia de la demanda agregada (consumo de las familias, inversión de las empresas, gasto público y exportaciones) la que hace que las empresas no inviertan y por lo tanto no generen empleo. ¿Solución? Políticas expansivas de gasto público, y políticas de recuperación salarial.

En realidad estas dos explicaciones son dos caras de la misma moneda: las diferentes propuestas electorales se mueven entre estos dos polos. PP y Cs van hacia el paradigma neoclásico o neoliberal. PSOE y Podemos proponen programas de tinte neokeynesiano, y como tal o sin “romper la baraja”, es decir sin tomar medidas que pudieran herir sensiblemente los beneficios empresariales. Comparten con los neoliberales el respeto a los marcos capitalistas, y dentro de ellos, sin beneficios no hay inversión, y sin ésta no hay empleo.

En ningún caso, ni la bajada de salarios ni un aumento de la demanda agregada impulsada por el Estado puede acabar con la crisis actual. Una reducción de los salarios, si bien reduciría los costes de las empresas, también disminuiría el consumo de los trabajadores. La única alternativa sería mejorar las exportaciones, pero es un terreno incierto en el marco del estancamiento europeo y la llegada de la crisis a los países emergentes. Las empresas producirían más barato pero venderían menos en el mercado interno, con lo cual la economía seguiría estancada y el paro seguiría por las nubes.

Por otro lado, el aumento del gasto público para reactivar la economía, solo crearía temporalmente los puestos de trabajo que fueran subvencionados por el Estado, tal y como se comprobó con el Plan E de Zapatero. Pero además el grado de “expansivas” de las medidas está fuertemente limitada por la voluntad expresada de Iglesias y Sánchez de no salirse de lo que marque -o se “negocie” a lo Tsipras- con la troika.
Los planes económicos de corte neo-keynesiano de Podemos (y también de UP-IU) y en parte del mismo PSOE, en última instancia son un balón de oxígeno, pero sobre todo para el capitalismo. Proponen medidas expansivas que favorezcan el crecimiento del consumo y la reactivación económica, pero manteniendo el mismo modelo de precariedad laboral, lo cual es apostar por que el Estado se haga cargo de la demanda que la estructura del capitalismo español no proporciona. No es de extrañar pues que la patronal CEOE haya afirmado que ve “puntos coincidentes” y “diferencias solventables” con las propuestas de Podemos.

No se puede dar una solución efectiva al problema del desempleo y la precariedad sin atacar los intereses de los capitalistas, aquellos que se lucran del trabajo ajeno. Solo con medidas como el reparto del trabajo sin reducir el salario, la derogación de todas las formas de precariedad laboral, planes de obras públicas bajo el control de los trabajadores que atiendan las necesidades de la mayoría de la sociedad y financiados con grandes impuestos a las principales fortunas o la nacionalización bajo control obrero de todas las empresas que cierren o despidan, podremos acabar con el drama del paro de masas y la precariedad.

Pero estas reivindicaciones no aparecen en los programa de formaciones como IU y Podemos. Ambos evitan la confrontación con los intereses de los grandes capitalistas y plantean soluciones dentro del actual marco de relaciones de producción, lo cual en el caso español lleva a posiciones respetuosas con el estatus quo establecido en las últimas décadas de contra-reformas laborales.