Los experimentos sobre sífilis de Tuskegee, Alabama, involucraron a centenares de hombres negros, a los que se engañó y negó tratamiento, causándoles muerte y sufrimiento a ellos y sus familias. Todo esto, amparado por un Estado que recién en 1997 aceptó los hechos.

Alfredo González @Alf_Gonzalez_
Martes 26 de julio de 2016
Hace 44 años, el 25 de julio de 1972, el periódico Washington Star hacía publica la existencia de un “estudio clínico” que, a lo largo de 40 años, había observado el desarrollo de la sífilis en hombres afroamericanos a los que no se les administraba tratamiento. El estudio, cuyos fundamentos eran francamente racistas, se basaba en el engaño y la manipulación, haciéndole creer a los pacientes que estaban siendo tratados para una serie de enfermedades, mientras la sífilis se contagiaba a sus parejas e iba costándoles la vida.
El estudio, llamado “Tuskegee Study of Untreated Syphilis in the Negro Male” (“Estudio de Tskegee sobre sífilis sin tratamiento en hombres negros”) comenzó en 1932, época en la que aún no existían tratamientos eficaces contra la sífilis, organizado por el Servicio de Salud Pública de los EEUU y el Instituto Tuskegee. Se reclutaron a 399 hombres con diagnóstico de sífilis de la localidad rural de Tuskegee, en Alabama. A los participantes, hombres afroamericanos y pobres, se les ofrecía “cobertura médica, comidas y servicio de sepelios” gratuitos por participar del estudio, siempre y cuándo aceptaran que se les haga una autopsia al momento de morir.
Volantes que ofrecían tratamiento gratuito para la "mala sangre" a personas de color
El estudio planteaba como objetivo la investigación sobre la evolución natural de la sífilis sin tratamiento. La sífilis es una enfermedad de transmisión sexual que, luego de presentar síntomas al poco tiempo de la infección, pasa a un estado latente en el que lentamente empieza a afectar órganos como el corazón y el cerebro, causando nuevos síntomas que alteran la calidad de vida y pudiendo llevar a la muerte luego de años de padecimiento.
La investigación de Tuskegee partía de una base racista, acorde a la era de segregación racial norteamericana (las llamadas leyes “Jim Crow”). La lógica racista decía que los negros eran más afectados por la sífilis que los blancos porque eran promiscuos y salvajes. Y los negros tenían menos complicaciones neurológicas que los blancos porque tenían menor desarrollo intelectual. Estas nociones, que iban desde abiertas falsedades ideológicas hasta la ignorancia absoluta del desarrollo de la enfermedad, eran parte del consenso científico del mundillo de la investigación norteamericana, al punto tal que incluso los investigadores y trabajadores de la salud negros las aceptaban como verdaderas.
El estudio se basaba en el engaño aún antes de que la penicilina se demostrara como tratamiento efectivo y curativo para la sífilis. Porque a los pacientes nunca se les comunicó que tenían sífilis, sino que tenían “sangre mala”, y que se le estaba administrando “un nuevo tratamiento”. Pero, en realidad, lo que se hacían eran pruebas diagnósticas como punciones lumbares, para buscar signos de sífilis en el líquido que recubre al cerebro.
En la década de 1940, cuando se demostró que la penicilina curaba la sífilis, los médicos e investigadores de Tuskegee ocultaron esa información a los pacientes, sin ofrecerles tratamiento y llegando incluso a hacerles creer que recibían penicilina, aunque lo que les administraban eran placebos. El estudio se suspendió recién en 1972, luego de 40 años, cuando los diarios norteamericanos hicieron pública la existencia del experimento.
En 1966 Peter Buxtun, un investigador del Servicio de Salud Pública estadounidense, presentó una queja a la Dirección Nacional de Enfermedades Venereas sobre los problemas éticos del estudio. Pero el CDC (Centro para el Control de las Enfermedades, por sus siglas en inglés) se negó a suspender la investigación.
A principios de 1970, luego de que el CDC se negara a los repetidos pedidos de suspender el estudio, Buxtun presentó el caso a la prensa. El artículo publicado en 25 de julio de 1972 en el Washington Star marcó el principio del fin del “Experimento de Tuskegee”. La historia fue reflejada al día siguiente en la tapa del New York Times y generó un terremoto político, con audiencias públicas en el Senado de EEUU, llevando a que el CDC finalice el estudio.
El artículo en The New York Times
Los resultados de este experimento humano fueron monstruosos. De los 399 participantes, 128 había muerto por sífilis o sus complicaciones directas. Al menos 40 mujeres, que habían sido parejas de las víctimas, se contagiaron de la enfermedad. Por lo menos 19 niños sufrieron de sífilis congénita. Muchas de las víctimas terminaron ciegos y algunos sufrieron demencia, dos de las graves complicaciones de la sífilis tardía.
Peor los sucesivos gobiernos de EEUU prefirieron hacer silencio sobre el tema. Recién en 1997, presionado por el Comité para el Estudio del Legado de Tuskegee, Bill Clinton ofreció disculpas a los 8 sobrevivientes y a las familias de los fallecidos.
Más información:
Documents on the origin and development of the Tuskegee syphilis study 1921-1973
Final Report of the Tuskegee Syphilis Study Legacy Committee
Tuskegee and the Health of Black Men

Alfredo González
Rosarino, médico y militante del PTS, escribe habitualmente sobre Salud en La Izquierda Diario.