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Red Internacional
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Juventud Trabajadora. Rappi: así funciona la empresa de pedidos online que ya tuvo su primer paro en Argentina

Hace pocos meses llegó a Argentina. Utiliza jóvenes trabajadores para repartos, en condiciones precarias. El "comercio online" ya tuvo su primera huelga "de carne y hueso".

Ulises Valdez @CLAVe

Martes 17 de julio de 2018 19:46

Foto: La Cartelera de Trabajo

“¿Querés ser tu propio jefe? En Rappi manejás tu tiempo y sacás provecho de él. Activate cuando quieras”, dice la tentadora oferta, con un reloj que marca las 12:30h.

¿Ingresos? “Tu ganancia se establece por cada entrega, más propina”. Ya no tenés salario sino ganancia, encima dos.

“Somos una comunidad llena de pasión, y con un gran sentido de responsabilidad por hacer feliz a cada usuario, ayudándolo con lo que necesita”. Pasión y responsabilidad, una declaración de principios para RappiArgentina.

Sin jefes, con ganancias y pasión (ponele). Pero, ¿qué es Rappi? Es una de las empresas de “delivery online” que han surgido en los últimos años. Se trata de una aplicación móvil, soyrappi, que conecta a repartidores que entregan pedidos de comidas, super, farmacia o bebidas.

Al igual que Glovo, su principal competencia, copian el modelo de Uber. O sea, son repartidores “independientes” con vehículo propio, que funcionan en base a una plataforma de comercio electrónico. Rappi es colombiana y Glovo española. Los “rappitenderos”, que podemos ver con sus camperas naranja-flúo en las calles porteñas, se quedan con 35 pesos por “servicio” más propina, si los usuarios escucharon las plegarias de Carrió.

Ser “rappitendero” es sencillo. Te descargás la app, ponés tu DNI o tu “precaria”, subís tu foto y se contactan para la “capacitación”. La aclaración de que podés presentar tu residencia precaria no es casual: a muchos jóvenes inmigrantes no les queda otra que agarrar estos trabajos, valga la redundancia, precarios.

Desde que llegaron a Buenos Aires, ya “capacitaron” a 10.000 jóvenes, aunque solo una pequeña parte consiguió ser “rappitendero” (o entrar a Glovo). La desocupación juvenil, que duplica la media, es el telón de fondo.

Pedidos online, tracción a sangre

Esta semana se inició la primera huelga de los “rappitenderos”. Si bien ya venían reclamando por las condiciones de trabajo, la gota que colmó el vaso fue la decisión de la empresa de imponer precios diferenciados. A los más “antiguos” peores viajes, a los “debutantes” viajes más rentables. El objetivo: atraer nuevos repartidores.

La denuncia fue reflejada por una serie de tuits de La Cartelera de Trabajo. Los trabajadores denuncian que ya venían con otros reclamos. A varios trabajadores les habían rechazado una cobertura de riesgos luego de sufrir accidentes. Además, que el “actívate cuando quieras” era un verso: si no aceptan un pedido porque están descansando les bajan el ranking, bloqueando la app o reduciendo los pagos. ¿No les recuerda un capítulo de Black Mirror?

La brutalidad de estas “modernas” plataformas recurre a los más antiguos métodos de chantaje psicológico. A los que no tomaron algún pedido, mientras están bloqueados les llegan una decena de pedidos. “Estoy seguro que son pedidos fantasmas, no son reales. Lo hacen para que te sientas mal y no lo vuelvas a hacer”, cuenta uno de ellos a La Cartelera.

Además denuncian que les mienten con los recorridos. En la capacitación les dicen que no superan las 15 cuadras, pero los pedidos salen de 30 cuadras. O les parecen viajes de 10 cuadras pero al tomarlos en realidad son de 40.

Comercio electrónico, huelga de cuerpo presente

Cuando esta semana los “rappitenderos” decidieron no hacer entregas hasta discutir sus condiciones de trabajo, los acusaron de “hacer sindicalismo”. Obviamente, una de las ideas del “delivery online” es evitar cualquier tipo de sindicalización y organización.

Pero además, la empresa buscó dividirlos, subiendo la “ganancia” por entrega de 35 a 60 pesos mientras duraba la protesta.

Finalmente los trabajadores fueron recibidos por la empresa este martes por la tarde, junto a representantes del Sindicato de Motoqueros. No hubo chance de “reclamo online”: la patronal se tuvo que hacer presente y escuchar los reclamos de los jóvenes de campera naranja. Reclaman: que no bloqueen a quienes liberen pedidos, que el valor del viaje pase a 50 pesos, la apertura de una oficina de reclamos, el blanqueo inmediato de 50 trabajadores y 30 por mes, entre otros puntos.

¿Los cumplirá la empresa? Veremos. Pero ya nada volverá a ser igual. No hay “mundo virtual” que pueda evadir el reclamo real de la juventud precarizada cuando dice basta.