Hoy, cuando el gobierno y la Nueva Mayoría impulsan la reforma laboral con el objetivo de evitar perspectivas de mayor confrontación entre las clases sociales por medio de concesiones parciales a la organización sindical, resulta indispensable actualizar algunos debates del marxismo revolucionario en torno a cómo actuar en los sindicatos.

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.
Jueves 29 de enero de 2015

¿Qué debemos hacer? Si la CUT está dirigida por el Partido Comunista, hoy en el gobierno, y nosotros nos interesa que los sindicatos defiendan consecuentemente los intereses de los trabajadores sin comprometerse políticamente con el gobierno ¿debemos salirnos de la CUT y formar alguna central sindical o alianzas paralelas? Y si permanecemos ¿de qué modo no sucumbimos a la dirección de la central, en manos de Bárbara Figueroa que, por ejemplo, en la rebelión de las bases docentes, avaló al repudiado Jaime Gajardo? Preguntas similares tuvieron que ser respondidas en el pasado por revolucionarios como Lenin o Trotsky.
Teniendo en cuenta que en Rusia, los sindicatos fueron creados por el zarismo con el fin de detectar a los revolucionarios, y que éstos, supieron actuar de todos modos en su seno, buscando extender su influencia en las masas obreras, Lenin -discutiendo en contra de un ala de la Internacional Comunista que quería crear organizaciones revolucionarias “puras” alternativas a los sindicatos sin dar la pelea en éstos-, intenta extraer una conclusión al respecto. En La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, una elaboración de 1920, escribía: <
Después de estas palabras de Lenin, nuevos desafíos se le presentaron al proletariado. Su vida llegó hasta 1924. Derrotas de procesos revolucionarios, traiciones, burocratización de la Unión Soviética, nuevos procesos revolucionarios derrotados en la década de 1930 y fascismo. Ya es sabido que la III Internacional estalinizada no hizo ningún balance autocrítico de su negativa a hacer un frente único contra el nazismo en Alemania y que a partir de ese acontecimiento Trotsky concluyó que había que avanzar hacia una nueva Internacional, que se formaría efectivamente. La IV Internacional, en su documento fundacional -el Programa de Transición- elaborado por Trotsky, en 1938, señala lo siguiente: <
Si bien ambos revolucionarios estudiaron y fueron parte activa de procesos en los que el proletariado dio a luz a organismos que superaron a los sindicatos, como los soviets rusos de 1905 y 1917 y combatieron el fetichismo respecto a los sindicatos, es decir, cualquier visión que los “idolatre” como si el partido fuese prescindible para organizar y dirigir la lucha del proletariado como clase en contra de la burguesía y bastara con los mismos sindicatos; ambos parten de una posición común: donde estén las masas, los revolucionarios deben actuar. Si están en los sindicatos, hay que estar ahí. Los revolucionarios deben estar en la primera fila incluso de las luchas por los intereses materiales o democráticos más modestos. Ir expandiendo su influencia hasta desplazar a las direcciones reformistas. No auto complacerse en pequeñas organizaciones “puras” paralelas ni una declamación abstracta del programa que no es capaz de responder a las necesidades de la clase trabajadora. La lucha por la revolución está encadenada con la lucha por desplazar a las direcciones burocráticas y traidoras de los grandes sindicatos. ¿Lecciones actuales?

Juan Valenzuela
Santiago de Chile