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Red Internacional
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Magisterio. Reflexiones sobre la mesa redonda “La CNTE: Nacimiento y trayectoria de lucha”

El rumbo de la lucha de los trabajadores de la educación a debate.

Arturo Méndez Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Martes 2 de mayo de 2017

Partiendo de los planteamientos vertidos en la mesa redonda, planteamos aquí algunas reflexiones en debate sobre el rumbo de la lucha de los trabajadores de la educación.

En el debate al interior y fuera de la CNTE sobre las vías para conquistar la democracia sindical, opinamos que es necesario considerar que no partimos de cero. La conquista de las secciones 7 de Chiapas y 22 de Oaxaca por la Coordinadora, así como su fortaleza en Michoacán, Guerrero, las secciones 9 de la CDMX y 40 de Chiapas, debemos verlas como posiciones ganadas para todo el magisterio nacional, como trincheras para impulsar desde ahí la lucha contra los charros y por la recuperación del SNTE, como planteamos desde Nuestra Clase durante la ronda de participaciones.

Desafortunadamente, en la actualidad estas posiciones no se han puesto al servicio de una política consecuente, sistemática y amplia por parte de la dirigencia de la CNTE, para luchar por la unidad del magisterio nacional y la democratización de otras secciones del SNTE en entidades más allá de aquellas donde conquistó la dirección sindical o tiene influencia.

Por el contrario, su postura ha sido exigir a los nuevos compañeros o sectores del magisterio que se acercan, incluso en medio de la lucha, una adhesión prácticamente incondicional y sin cuestionamientos no sólo a sus principios, sino también a su política, que mostró todos sus límites en el reciente movimiento por la abrogación de la reforma educativa.

Es que en el contexto de continuidad de la crisis económica internacional, que los grandes empresarios y sus gobiernos quieren descargar sobre nuestros hombros, la “estrategia de movilización-negociación-movilización” (que algunos consideran como un principio sagrado), impotente ante la cerrazón y brutalidad del gobierno de Peña, pero que no se planteó nunca la posibilidad de ruptura con éste. Terminó canalizando todas nuestras fuerzas en la lucha contra la “reforma educativa” a las negociaciones en Gobernación y luego a la “iniciativa ciudadana”, considerándolas prácticamente como las únicas salidas posibles al conflicto, cuando lo que se planteaba como necesidad para triunfar era la extensión del movimiento magisterial a escala nacional y la unidad en las calles con otros sectores de trabajadores, más allá de las declaraciones solidarias de los dirigentes de otros gremios.

Que esto no era imposible lo demostró la emergencia del movimiento magisterial en Nuevo León, Quintana Roo, Baja California y otros estados en los que no dirige la CNTE. Así como en la Ciudad de México, luego de la masacre de Nochixtlán, donde se destacó también la participación de los padres y madres de familia.

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Esta negativa de ganar para la lucha al resto de nuestros compañeros y hermanos de clase, se expresa en la pretensión que sostienen algunos activistas y corrientes de que la CNTE y otros sectores del magisterio se constituyan como un sindicato alternativo al SNTE; o que las secciones disidentes se conformen como sindicatos independientes para negociar con sus propios gobiernos estatales.

A nuestro entender, esto sólo contribuiría a atomizar más la fuerza de los trabajadores de la educación, un gremio nacional con casi un millón y medio de integrantes, cuando sigue estando planteada -sobre todo tomando en cuenta la existencia de la CNTE- una lucha sin cuartel contra el charrismo por la democratización de nuestro sindicato, para contar con una poderosa herramienta de combate, a la que no podemos renunciar resignándonos a ser un sector minoritario que resiste pero que por sí solo no puede triunfar.

De ahí que la lucha por la democratización del SNTE, bandera histórica de la CNTE que expresó sus tendencias antiburocráticas, para nosotros hay que reivindicarla y defenderla por su plena necesidad y vigencia.

Esta lucha va ligada indisolublemente a la lucha por nuestra independencia política como trabajadores. Independencia del Estado, los empresarios y sus partidos, no sólo del PRI y su palero el PANAL, engendro de los charros, sino también de proyectos políticos que con un discurso “reformista” abogan por la conciliación de clases, como el Morena, cuyo líder López Obrador, aunque despierta simpatías en amplios sectores de trabajadores y jóvenes, ya se ha pronunciado, por ejemplo, sobre la imposibilidad de abrogar la reforma educativa (argumentando que ésta sólo puede reformarse) y por respaldar al gobierno de Peña Nieto frente a Trump.

Lamentablemente, la dirección política de secciones que encabezan la CNTE, como la XXII de Oaxaca, en la pasada elección para gobernador del estado llamó a votar “contra los partidos del Pacto por México”, lo que en los hechos significó dar su apoyo tácito al MORENA.

Consideramos necesario preservar nuestra independencia política y organizativa como trabajadores, principio que enarboló la CNTE en sus orígenes, entendido no como abstencionismo electoral sino con el propósito de que nuestra clase se exprese no sólo en el terreno sindical sino también políticamente, con sus propias reivindicaciones y enarbolando las demandas del resto del pueblo, independientemente de toda variante patronal o pro-patronal. Para luchar en contra de los planes que dictan los gobiernos y organismos imperialistas y que nos imponen Peña Nieto y los partidos patronales, impulsando la más amplia unidad de los trabajadores y del pueblo, para lograr echar atrás todas las reformas, planes y pactos anti-obreros, en la perspectiva de imponer, mediante la movilización revolucionaria, un gobierno obrero y campesino basado en la organización democrática del pueblo, sobre las ruinas del régimen actual, hambreador y criminal.

Por último, a partir de las distintas posiciones mostradas en la mesa redonda, cabe reflexionar si en la lucha por la emancipación de la humanidad y contra nuestros poderosos enemigos de clase, la estrategia correcta es la guerrilla, en sustitución de la organización de las masas, o por el contrario, el impulso de la auto-organización independiente de los explotados y oprimidos, como lo mostró embrionariamente la Primavera Magisterial del 89’ y fue llevado hasta el final en la Revolución rusa de 1917, en la que los soviets fueron los órganos de la insurrección y formaron la base del naciente Estado obrero.

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