Bachelet promulgó la ley de partidos y de financiamiento de la política, además de lanzar una nueva fase del proceso constituyente. Reformas cosméticas que muestran los límites que está alcanzando el Gobierno.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Martes 12 de abril de 2016
Las nuevas medidas
Veníamos de días con medidas pro-empresariales y anti-populares. La ley mordaza, la agenda corta anti-delincuencia, el montaje del caso Luchsinger-Mackay, entre otros, agregando ahora un nuevo ajuste de tuerca en la ley anti-terrorista.
Ahora es el turno de medidas que pretenden responder a demandas populares. ¿Es así?
La ley de partidos y de financiamiento de la política en realidad ajusta lo existente. Basta mencionar los aportes anónimos o las trabas prácticas a la constitución de partidos. Lo atestiguan las dificultades que enfrenta Revolución Democrática, aún contando con la figura del diputado Giorgio Jackson que se ubica entre las de más alta aprobación en las últimas encuestas.
El proceso constituyente se acerca a su desarrollo: el 23 se iniciarán los cabildos comunales. Con apenas 12 días de antelación, se lanzan las campañas de información. Pero, además, lo hace despolitizando, concebidas como una de tipo “motivacional”, siguiendo la línea del infantil “Constitucionario” del año pasado. Esto, en lugar de impulsar un amplio proceso de movilización y deliberación política.
Buscan lavarse la cara. Y hacer reformas cosméticas para oxigenar un régimen ahogado por sus propias contradicciones, y cuestionado por procesos de la lucha de clases. Uno de los más recientes y profundos, el combativo paro con movilización de ya 42 días de los trabajadores públicos en Atacama.
La otra vereda
En la otra vereda, se desarrollan procesos de movilizaciones en todo Chile y distintos sectores sociales. El movimiento estudiantil despliega procesos de movilizaciones locales que confluirán en la movilización nacional del 21 de abril. Los trabajadores públicos de Atacama sostienen ya 42 días de paro con movilización. Sectores del pueblo mapuche marchan ahora mismo para la recuperación de tierras ancestrales expulsando a las empresas que las ocupan.
Y se expresa políticamente, aunque en un proceso abierto. Los debates sobre posibles convergencias de algunos sectores, la unidad en la acción en algunos de estos procesos de movilizaciones, la mayor presencia pública de algunas de sus figuras. Y las encuestas lo recogen, con la nueva caída en la aprobación de Bachelet al 26%, con Giorgio Jackson con la más alta aprobación (57%) y el UDI Hernán Larraín la más baja (17%).
Se avecinan nuevas batallas, la del movimiento estudiantil volverá a estar al centro, y la más amplia unidad de acción se impone como tarea.