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Red Internacional
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La Matanza. Relatos obreros sobre su barrio

Trabajador gráfico La Matanza

Jueves 30 de abril de 2015

16 de marzo de 1985, un pariente poco común de vista aparece con la noticia de que se loteaban terrenos en Isidro Casanova “gratis”. Vivíamos en un alquiler, mis padres y tres hijos, hasta el momento. Un notición, pero debíamos salir por la mañana muy temprano al día siguiente, y así fue.

17 de marzo 1985 a las 6 AM salimos todos caminamos las 20 cuadras que nos separaban del campo lleno de basura que sería nuestro hogar por el resto de nuestras vidas. Para mis padres fue cumplir con el sueño de la casa propia, pero todavía faltaba “tomar” un terreno o parcela de ese gran “basurero”. De alguna manera la puntería de mis padres los llevó a elegir lo que hoy es la esquina de Los Incas y Asamblea.

Una comisión de chantunes, unos “vivos”, logró ubicarnos en un terreno que fue nuestra casa 20 años. Primero una prefabricada y poco a poco se hacían las viviendas de material. Lo cierto es que tuve una infancia digamos que feliz en mi casa, mi barrio, tuve amigos y algunos los conservo, los menos, pero algunos quedan. Algunos fueron muertos por la policía, otros depresivos adictos a alguna droga.

“17 de marzo” linda con los barrios de emergencia San Petersburgo y Puerta de Hierro. Barrios mal llamados villeros, donde dicen que viven los negros, rateros, ladrones, entre algunos estigmas. Estos barrios son “vigilados” por la policía local o la gendarmería o, mejor dicho, custodiados por esta fuerzas para que la venta de drogas sea libre. Los pibes andan como zombies caminando con la mirada perdida porque: ¿de qué les sirve mirar hacia adelante? Su destino final puede estar a metros, así que mejor no mirar más que al piso, viciosos echo pelotas por este sistema. Así los tratan, para tenerlos distraídos de lo que es la verdad: hay un mañana. Pero ellos no lo saben, están atontados por esa porquería que las autoridades les venden. Mi familia fue tocada por este flajelo muy de cerca.

Lo cierto es que mi barrio ya no es lo que era: jugar en la calle era de todos los días, hasta muy tarde por la noche. Ahora, olvidate, ni salgas a trabajar porque te afanan o matan por estar drogados, afanando para la droga o para la policía, que en cuanto no tiene su comisión da vuelta a algún pibe y eso sirve para que el resto sepa que hay que seguir “laburando”.

Los villeros se matan entre ellos dicen, si saben que pelean por territorio, en el cual puedan “laburar” o meter caño para pagar la coima, lo mismo que los transas que una vez que vendieron tienen que vender siempre o los dan vuelta, la policía no los cuida al pedo y quiere su tajada.

Quedamos cada vez menos en el barrio en la familia; dentro de uno mismo no queda ni el alma de estos pibes que la empeñaron por algunas dosis de paco.

Hoy la gendarmería estña custodiando los barrios pero ¿qué hacen? Te paran, te bajan del auto, te lo dan vuelta, ¿para qué? Es un dato cierto el de un amigo muy cercano. Gendarmería le revolvió todo el auto. “Pensé que quedaba pegado”, me dijo cuando lo pararon. Tenia en el auto marihuana para consumo personal: terminó siendo para el gendarme que se lo sacó y lo guardó en su bolsillo. “Siga, siga”, le dijo y así fue: siguió. “Pero hacé la transferencia del auto, sino la próxima te quedas a pata”, le dijo.

Lo último que le preocupó fue la transferencia. Lo peor es que se quedan hasta octubre.

Esto es lo que pasa en los barrios, eran mi hogar y hoy no puedo ni visitar a mis parientes porque es peligroso si te agarra la policía o la gendarmería. Los pibes se mueren todos los días; cada vez son menos los que quedan, una generación que desaparece y otra, otra y otra.

A pesar de esta realidad, los trabajadores demostramos que la única manera de cambiar la realidad es a través de la organización y la lucha, para decir basta a tantas injusticias.