Eso escribió en una columna de opinión del líder del Morena publicada en The Washington Post este 1 de mayo.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Martes 2 de mayo de 2017
Andrés Manuel López Obrador, líder del Morena y dos veces candidato a la presidencia de México, señala en su nota “Aspiramos a conformar un gobierno respetuoso frente a su vecino del norte que no cejará, sin embargo, en su determinación de defender la soberanía mexicana”. Propone una relación bilateral “armónica”, basada en “la cooperación económica, social y humana”.
López Obrador apeló a la administración Trump en tono mesurado: “Para ello libraremos una batalla de ideas ante quienes alientan el egoísmo, el rechazo de clases, las fobias y la discriminación en todas sus variantes, y buscaremos persuadir al presidente Trump de que su política exterior es errónea y contraproducente”.
Sin embargo, la “persuasión” difícilmente pueda disuadir al imprevisible presidente estadounidense, que ante todo defiende los intereses de los grandes empresarios estadounidenses, tal como lo demostró con la reforma impositiva que reduce los impuestos a las compañías de 35 a 15%. Y en defensa de esos interesas es que el magnate devenido en presidente suelta amenazas un día sí y otro también.
¿La política del respeto puede frenar los planes de Trump? ¿Frenará el avance de la degradación de las condiciones laborales de la clase trabajadora producto de la imposición de las reformas estructurales impulsadas por la Casa Blanca y los organismos internacionales? ¿Impedirá el avance de la expoliación de los recursos de México que pretenden llevar a cabo las trasnacionales? ¿Pondrá un alto al saqueo que significa el pago de la deuda externa?
En cuanto a la cuestión migratoria, en particular la criminalización de los migrantes mexicanos, blanco preferido de los ataques de Trump, el líder del Morena afirmó “Estamos convencidos de que la verdadera solución a los problemas de México es mejorar las condiciones de vida de la gente, no recurrir a la fuerza militar en contra de los grupos delictivos”.
Según López Obrador, “con incentivos en la economía del país, la generación de empleos y la oferta de una vida digna, sin los problemas de inseguridad y de violencia que privan en México”, López Obrador asegura que los mexicanos dejarán de emigrar a Estados Unidos.
Abundó “Independientemente de la determinación del presidente Trump de atizar la xenofobia y el racismo, creemos que la mejor defensa de los trabajadores migrantes es ofrecer posibilidades de vida digna en su propio país, a fin de que no se vean forzados a abandonarlo”.
El problema es que los salarios en México son abrumadoramente bajos: los más bajos de todos los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Los patrones mexicanos y extranjeros son los beneficiarios de estos bajos salarios que no cubren el costo de los productos de la canasta básica y están golpeados por los sucesivos gasolinazos y la inflación, que ya superó el 5.5%.
Los salarios bajos y la precarización del trabajo son algunos mecanismos del capitalismo para mantener y aumentar las ganancias de los empresarios, y ante esta degradación de las condiciones laborales cientos de miles se lanzan a buscar el sueño americano, ¿acaso AMLO se propone enfrentar este problema en contra de los intereses de las grandes transnacionales yanquis y sus aliados del gobierno mexicano? ¿Se atrevería a romper con ellos y con Trump?
Sin eliminar las reformas estructurales -la laboral, la educativa, la energética, la de telecomunicaciones, entre otras- y sin enfrentar la superexplotación que ejercen las trasnacionales sobre la clase trabajadora, no habrá posibilidades de vida digna para las mayorías.
La cuestión migrante
Sobre los trabajadores migrantes, el líder tabasqueño explicó: “Los trabajadores mexicanos que acuden a Estados Unidos no son, como lo afirmó el entonces candidato Donald Trump, delincuentes, narcotraficantes ni violadores. En su inmensa mayoría son gente honrada y de trabajo, expulsada de su propio país por los desastres sociales generados en tres décadas de gobiernos neoliberales que destruyeron la industria nacional, el tejido productivo del campo, los sistemas públicos de educación y salud y la seguridad de los habitantes, y que alimentaron el surgimiento de poderes delictivos que hoy aterrorizan a México”.
López Obrador desplegó una denuncia parcialmente correcta, pero que no cuestiona el problema de fondo. Los planes neoliberales que crearon “desastres sociales” son parte de la política de las administraciones estadounidenses sobre México y otros países, cuyos gobernantes son especialistas en aceptar las condiciones leoninas que impuso el amo del norte.
Aunque sin duda las afirmaciones de AMLO despertarán la simpatía de quienes en Estados Unidos sufren la amenaza de las deportaciones masivas, la realidad es que su discurso mesurado pretende mostrar un candidato presidencial “potable” para los intereses de las trasnacionales imperialistas.
La salida ante la ofensiva de Trump no está en una política de "respeto” hacia quien amenaza a millones de migrantes y sus familias. No son salidas diplomáticas ni alianzas con las clases dominantes lo que frenará los planes del imperialismo estadounidense.
Avanzar en una alianza de la clase trabajadora mexicana y los sectores populares con los trabajadores migrantes, así como con el conjunto de la clase obrera multiétnica de Estados Unidos, las mujeres y los pueblos originarios que enfrentan al gobierno de Donald Trump. Una alianza que enfrente sus planes, las deportaciones y la construcción del muro, es el camino.
Una alianza de los de abajo, que luche por el no pago de la deuda externa y contra el saqueo de los recursos de México y la injerencia imperialista en la región.
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