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Red Internacional
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SITUACIÓN SOCIAL RUSA. Revuelta de los conductores de camión rusos contra una medida del gobierno de Putin

Desde el 11 de noviembre último se desarrolla a través de toda Rusia un fuerte movimiento de protesta por parte de los conductores de camiones. Piquetes, operaciones para enlentecer el tránsito en las autopistas y manifestaciones fueron organizados en todo el país. ¿UN punto de inflexión en la situación social rusa?

Jueves 10 de diciembre de 2015

Los camioneros se oponen a un nuevo impuesto que el gobierno quiere aplicar. Una medida que provocó la ira de los trabajadores de un sector ya fuertemente golpeado por la recesión de la economía rusa.

En el mes de noviembre el gobierno ruso creó el impuesto “Platon” (peaje por Tonelada). Éste implica una facturación por kilómetro recorrido por los camiones de más de 12 toneladas. El gobierno justifica el nuevo impuesto argumentando que va a servir para financiar la reparación y el mantenimiento de las autopistas. Sin embargo, para los camioneros, considerando el vasto territorio ruso, esto va a representar un peso económico suplementario en una situación ya delicada.

Además de que no entienden el argumento del gobierno, ya que supuestamente los impuestos que pagan ahora sirven para financiar el mantenimiento de las rutas. El hecho de que una empresa privada, cuyo propietario es el hijo de un multimillonario cercano a Putin, se encargará de recaudar este impuesto no hace más que acentuar la bronca de los trabajadores.

Una lucha colectiva a pesar de la atomización del sector

En Rusia se estima que hay 2 millones de trabajadores en este sector. Por más que existan algunas grandes empresas para las cuales el nuevo impuesto representa un costo marginal, una gran parte del sector está compuesta de trabajadores propietarios de su propio y único camión. Se trata de un negocio familiar en las regiones económicamente frágiles como en Daguestán, cerca de la frontera con Georgia, de donde partió la lucha actual. Por más que algunas organizaciones locales existan, los camioneros no están sindicalizados y están muy atomizados.

Sin embargo, han logrado organizar manifestaciones masivas a través del país. La más importante reunió 17.000 personas en Daguestán. Los camioneros lograron obtener el apoyo de sectores de trabajadores a los que están ligados como los portuarios. Partidos políticos como el Partido Comunista han expresado su apoyo igualmente.

A diferencia de otros sectores de trabajadores humillados y desmoralizados a lo largo de los años de “transición” (restauración capitalista) en Rusia, los camioneros son un sector que aprovechó los años de crecimiento económico y de desarrollo del comercio. Es tal vez esto lo que les permite tener cierta “reserva subjetiva” de fuerzas para luchar.

Así, frente a la amplitud que toma poco a poco la protesta, el gobierno hizo algunas concesiones como la baja del monto del nuevo impuesto por kilómetro recorrido, lo que no es suficiente ya que los camioneros exigen la supresión del impuesto.

Los dirigentes rusos son conscientes de este peligro y es por eso que frente a la lucha de los camioneros combinan las concesiones -pero conservando (por el momento) el nuevo impuesto- y la represión. Estos últimos días para evitar que se lleve a cabo una manifestación en Moscú, bloqueando la circulación de la capital rusa, la policía utilizó todo tipo de pretexto para detener a los camiones en las rutas, incluso supuestas acciones “antiterroristas”). Evitar que la protesta contagie otros sectores es una prioridad para el gobierno.

Una falla en el “pacto social” del régimen putiniano

La bronca de los camioneros, por el momento, está principalmente dirigida contra los oligarcas cercanos al poder que se encargarán de recaudar el nuevo impuesto, como Igor Rotenberg, hijo del multimillonario y amigo de Putin Arkady Rotenberg. Los trabajadores los ven como los que realmente se van a enriquecer con el nuevo impuesto.

A pesar de que la crisis haya afectado a su nivel de vida, esto no parece traducirse mecánicamente en un descontento con el gobierno federal y mucho menos con Putin. Y esto es válido también para el resto de la sociedad. Así, después del comienzo de la crisis ucraniana, la popularidad de Putin y de su gobierno aumentó considerablemente (85% de opinión favorable). Sin embargo, esta nueva medida parece haber sido demasiado para los camioneros y esto podría tener consecuencias que vayan más allá de este sector.

Andrey Perstsev, un analista del periódico económico ruso Kommersant, en un artículo publicado por el Centro Carnegie de Moscú explica al respecto: “antes del movimiento, los camioneros supuestamente eran ciudadanos normales, apolíticos. Uno de cada cuatro llevaba en su cabina una bandera en apoyo a los rusos de Ucrania; uno de cada tres tenía un retrato de Putin.

El gobierno provocó su bronca violando el contrato social sobre el que se apoya el régimen de Putin. Según éste, los habitantes deben mantenerse alejados de la política a cambio de prestaciones sociales suministradas por el gobierno – o de por lo menos no tocar a los bolsillos de los ciudadanos. Paralelamente a los camioneros, otros grupos sociales están siendo golpeados. Los empleados del sector público no están recibiendo sus salarios a tiempo. Los automovilistas están pagando peajes para utilizar la autopista Moscú-Zelenograd. En los suburbios de Moscú, parkings de pagos están siendo instalados, lo que ya desató manifestaciones. Durante años, las autoridades han evitado tomar medidas desagradables (…) Pero en este momento de ajuste presupuestario el Estado cambia de discurso de golpe y afirma que ahora todo es de pago”.

¿Hacia dónde irá el movimiento?

Ciertos analistas estiman que el gobierno subestimó el alcance de la protesta de los camioneros y se preguntan si el movimiento podría tomar la forma de un “Solidarnosc” en Polonia de principios de los años 80 o de las huelgas de los mineros de la Unión Soviética a fines de los años 80 y principios de los años 1990. Otros piensan que el movimiento actual no tiene ninguna chance de tomar esa forma.

Por el momento parece difícil decir con certeza hacia donde se dirige el movimiento y si será capaz de hacer que otros sectores de trabajadores o de la juventud se sumen o si va a perder fuerza. Sin embargo, no se puede excluir que independientemente del resultado de la protesta actual, la lucha de los camioneros se transforme en un primer punto de inflexión de la popularidad del gobierno y del presidente ruso. A medida que la crisis económica avance las luchas obreras y populares podrían desatarse más frecuentemente y los enfrentamientos con el poder local y federal ser cada vez más frontales.

Rusia se encuentra implicada en intervenciones militares costosas (Siria, Ucrania), su economía está siendo golpeada por la recesión, situación que las sanciones económicas de la UE y los Estados Unidos agravan. Nada parece indicar por el momento que estas sanciones serán levantadas ni que la situación económica va a mejorar. En este sentido, por más que no haya una relación mecánica, la posibilidad de mayor descontento social es importante. En los próximos meses veremos si otros sectores de trabajadores y/o de la juventud siguen el ejemplo de los camioneros y si el régimen será capaz ya sea de evitar estos movimientos o canalizarlos. Esto podrían ser las primeras brechas en un régimen que tantas veces se presenta como “sólido”.