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Entrevista. Roy Hora: “Al igual que en 2008, esta protesta reflejó un campo sin grandes fisuras internas”

Alrededor del conflicto de Vicentin, La Izquierda Diario habló con el historiador Roy Hora. Es Investigador Principal del Conicet y autor, entre otros libros, de Los terratenientes de la pampa argentina. Una historia social y política y ¿Cómo pensaron el campo los argentinos?

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Domingo 28 de junio de 2020 00:00

Foto: Página/12

LID: Hablando del conflicto de 2008, escribiste que “visto a la distancia, la principal consecuencia de la mayor protesta agraria de toda la historia argentina fue la constitución del «campo» como una fuerza sociocultural y, sobre esa base, aunque de manera mucho menos exitosa, como un actor dispuesto a alzar su voz en la disputa política. Una década más tarde, mucho de ese legado sigue vigente”. De ahí me surgen un par de preguntas. Primero, ¿porqué ese legado sigue vigente? ¿El campo sigue “convenciendo” de que el motor del país a pesar del estancamiento y caída económica de la última década? ¿Como opera hoy la influencia del campo sobre las clases medias urbanas, esas que le dieron apoyo en 2008 porque había cambiado la valoración general del lugar del campo en el país?

Roy Hora: El conflicto del campo tuvo lugar tras una década y media de fuerte expansión de las exportaciones agrarias. Ese crecimiento fue, en términos productivos, lo más importante que pasó en la pampa desde la década de 1920. Fue expansión con modernización (y con concentración de la producción, menos de la propiedad). Ayudada por muy buenos precios externos, contribuyó mucho a la recuperación tras la crisis 1998-2002. Creo que esa combinación de factores hizo que este sector adquiriera más visibilidad y más gravitación en la discusión pública. Muchos dejaron de percibirlo como el imperio de la gran propiedad terrateniente. Sus emblemas fueron Gustavo Grobocopatel y poco después figuras como el chacarero Alfredo de Angeli. En 2008, una oposición muy atomizada encontró en la protesta del empresariado agrario un salvavidas del cual agarrarse (elecciones nacionales del 2007: Cristina 45%, Carrió 23%, Lavagna 17%). Le dio un anclaje y una causa al universo de votantes de clase media. Pese a desde entonces el crecimiento fue más lento, en parte por razones locales y en parte internacionales, el agro sigue constituyendo uno de los pocos sectores productivos con potencial de crecimiento. Y esto es algo que, en un país que hace décadas que no crece, hace falta: hay que mejorar la distribución del ingreso, pero también agrandar la torta. Ahora, sin embargo, el panorama político es distinto al de 2008. Desde Macri, las clases medias urbanas ya tienen nuevos voceros. Se ve en la última elección: Fernández 48 %, Macri 41 %. Ese 40 % indica que la UCR y el PRO ya no irán a buscar “agrodiputados” para poner de mascarón de proa en sus listas. Pero la idea de que el sector agroexportador es importante para empujar el crecimiento vino para quedarse.

LID: Hablando de la estructura actual del campo, en el artículo señalás que “estos procesos empujaron la constitución de un bloque agrario heterogéneo pero que, desde el punto de vista de la política de los intereses, carece de fisuras internas de importancia”. ¿Como funciona hoy la heterogeneidad de ese bloque frente al caso Vicentin? El hecho de que la empresa no le haya pagado a miles de productores o esté siendo investigado por maniobras fraudulentas no afecta esa unidad de intereses?

Roy Hora: No conozco el caso Vicentin en detalle. Más importante es ver el gran panorama que está detrás de la movilización de la pampa gringa contra el gobierno de los Fernández. Al igual que la del 2008, esta protesta reflejó un campo sin grandes fisuras internas. Esto es el campo del siglo XXI. Durante gran parte del siglo pasado la agricultura funcionó con grandes terratenientes que explotaban a pequeños y medianos arrendatarios. Esa línea de tensión desapareció. Y hubo una vuelta de campana. Tenemos algunas grandes propiedades y otras muy grandes, sí. Pero no son tantas. Y en un panorama caracterizado por la complejidad, se destaca ese campo de grandes arrendatarios que trabajan la tierra de muchos propietarios pequeños y medianos. Hay diversidad, pero nada importante los separa en lo que a política de intereses se refiere. Por algo la SRA y la FAA pueden hacer causa común. Y las relaciones entre estos actores y los comercializadores y proveedores de servicios es, en líneas generales, de colaboración más que de conflicto. El campo funciona como un bloque. Después de 2008, el kircherismo quiso quebrarlo y falló. ¿Por qué? Porque, más allá de diferencias de escala, hay intereses comunes.

LID: Por último, en el texto planteás que “el campo cuenta con mayor visibilidad e incluso legitimidad. Pero si algo no tiene es futuro político”. La consulta es ¿cómo podría articularse esa legitimidad con la constitución o reconstitución de la oposición política al peronismo?

Roy Hora: La tasa de urbanización de la Argentina es del 95 %. Es uno de los países más urbanizados de mundo. Esto significa que el campo no tiene y nunca va a tener gravitación electoral propia. Tiene peso económico y desde hace un tiempo hace algo de ruido pero no es un factor importante en la política nacional. La izquierda clasista tiene que pensar bien qué quiere hacer con el campo. Trabaja para mejorar las condiciones laborales del proletariado agrícola, que tiene cierto peso en el interior. Muy bien. Pero también es importante que entienda que una economía exportadora dinámica es necesaria para que el país vuelva a crecer. Sin exportaciones no habrá salarios mejores para los trabajadores, ni mayor capacidad de consumo popular. Mi propuesta para un país socialmente más democrático: favorecer la expansión productiva y capturar parte de la renta agraria vía mayores impuestos a la propiedad. Esto implica bajar las retenciones, para estimular el crecimiento. Y compensar con más impuestos al suelo, para golpear el privilegio heredado. En síntesis, una reforma tributaria progresista, amiga del crecimiento y de la distribución de la riqueza. No sé si Lenin estaría de acuerdo, pero creo que es lo que haría Marx.

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Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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