Con 17.1 millones de habitantes -más de la mitad mujeres- el Estado de México es el más poblado. Es un foco de números rojos en feminicidio y de trabajo precario. ¿El ‘salario rosa’ es una opción para las mujeres?
Cristina Sol Estudiante de Derecho Internacional, Universidad Autónoma del Estado de México
Miércoles 31 de mayo de 2017
Tan sólo en el Estado de México las mujeres representamos más del 51% del porcentaje de la población. Somos trabajadoras, hermanas, hijas, estudiantes, profesionistas, comerciantes, estudiantes, madres, amas de casa. Y como mujeres, somos violentadas desde casa; cuando se nos impone realizar las tareas domésticas, cuando pretenden decidir sobre nuestros cuerpos o la ropa que usamos y también cuando el tema de la maternidad y la vida en pareja se vuelve un tema de conversación en la mesa.
Como señalamos acá, tras un estudio realizado sobre la distribución del trabajo doméstico no remunerado se demostró que las tareas del hogar siguen recayendo mayoritariamente sobre el tiempo y la salud de las mujeres.
Mientras tanto, en el imaginario social, las trabajadoras del hogar no son reconocidas propiamente como trabajadoras. En muchos casos, laboran sin contrato, ni seguridad social y prestaciones, bajo extenuantes jornadas de trabajo de más de 8 horas y bajos salarios. Sufren de acoso, discriminación y violencia por su condición de género.
Además de la precarización de la vida, son estas mismas mujeres las que a diario se enfrentan al acoso en las calles y el transporte.
La UNICEF reconoce que las amas de casa no se creen merecedoras de un sueldo: el 86% asegura que cuidar de los suyos es parte de su responsabilidad.
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Sin embargo, para Alfredo del Mazo, candidato del PRI a gobernador en el Estado de México, las mujeres somos punto central de su agenda política; encaminando su campaña a “reconocer” el trabajo de las amas de casa con el ‘salario rosa’, naturalizado que las tareas del hogar son cosa de mujeres, mientras hace invisibles los feminicidios.
Su oferta -para ganar los votos y conservar el poder para el PRI en su principal bastión histórico- se reduce a $2090 (110 dólares) cada dos meses, para 500,000 mujeres mexiquenses que viven en pobreza.
Cifras oficiales del 2015 develaron que en México el valor económico del trabajo doméstico no remunerado representa más del 24% del PIB del país -las mujeres aportaron 18 puntos y los hombres 6-, valor que supera al alcanzado por la industria manufacturera (18.8%).
De esta manera, mientras las ganancias de ese trabajo no remunerado descansan en los bolsillos de los grandes capitalistas y el Estado, somos las mujeres quienes nos enfrentamos a dobles y hasta triples jornadas laborales.
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De nueva cuenta, los políticos de los partidos del régimen al servicio de los grandes empresarios nos demuestran que nada saben sobre nuestras verdaderas necesidades y que las mujeres trabajadoras y de los sectores populares nada podemos esperar de los partidos del Congreso. Pues son ellos, quienes en colusión con la iglesia y en complicidad con los medios masivos de comunicación los que sientan las condiciones materiales para el avance de la opresión patriarcal en nuestras vidas.
Contra estas terribles condiciones y contra todo tipo de opresión y violencia machista, por los derechos de la mujer desde Pan y Rosas nos organizamos, ¡porque no sólo exigiremos el pan, porque también merecemos las rosas!