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Red Internacional
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Catalunya. Sánchez esconde las porras y cambia el discurso para lograr la abstención de ERC

Pasadas las elecciones y la competencia por el voto más anticatalán que se disputaba con la derecha, Pedro Sánchez ha vuelto a vestirse de cordero. Asegura que su propuesta de gobierno, junto a Unidas Podemos, es la única garantía de solución.

Ivan Vela @Ivan_Borvba

Jueves 14 de noviembre de 2019

Tras las elecciones del pasado domingo, desde Ferraz parecen tener una consigna clara; que al estrépito de su estrategia electoral no se sume una negociación torpe y dilatada. Es por ello que en 48 horas consiguieron un pacto de gobierno de coalición junto a Unidas Podemos que horas antes parecía imposible visto lo visto los últimos meses.

Tras este movimiento relámpago, toca mirar a Catalunya, pero esta vez con la piel de cordero. Pareciera que Sánchez considere que los catalanes sufren algún síntoma de memoria limitada, pues el líder del PSOE se eleva ahora como el único intermediario posible (junto a sus socios de Unidas Podemos) para encontrar una solución política en Catalunya.

En su primera comparecencia Pedro Sánchez se ha dirigido a Esquerra Republicana (ERC), que este pasado martes aseguró que no cedería sus votos para la investidura del candidato socialista si no se reconocía el problema catalán como un problema político, se crea la Mesa de partidos para negociar y se habla de autodeterminación.

Y lo ha hecho para enarbolar la bandera del miedo hacia la derecha, como si las políticas, acciones y discurso del Partido Socialista una semana atrás diferenciaran mucho de las propuestas y discurso del Partido Popular (PP) y en algunos puntos inclusive de las de Vox.

Sánchez ha interpelado a ERC y sobre su posición actual en el bando del “no”, ¿y qué solución proponen? ¿Qué Gobierno quieren?”, en clara alusión a la otra alternativa posible; la convocatoria de unas terceras elecciones que propiciaran la victoria electoral y un gobierno del PP y Vox.

Sánchez ha aceptado una parte, ínfima, ridícula e insustancial en comparación con el ataque realizado al pueblo catalán, del discurso de ERC. Ha definido la cuestión catalana como un “conflicto político” y no como un “conflicto de convivencia”, etiqueta con la que se refería a la cuestión catalana en periodo electoral.

ERC ya demostró en primavera vender baratos sus votos, y no es descartable que así lo vuelva hacer. La sentencia del procés y las acciones de movilización en las calles de toda Catalunya resituaron las coordenadas discursivas de los republicanos, especialmente tras el abucheo que recibió Gabriel Rufián en una de las concentraciones en el centro de la ciudad condal.

Pero esta reubicacíón discursiva que en parte les permitió conseguir la victoria electoral en Catalunya, no debe traducirse como un cambio de objetivos políticos. Para ERC no hay otra alternativa posible que un pacto beneficioso con el PSOE y volver a la etapa autonomista y además con políticas neoliberales como es la Ley Aragonés, destinada a vehícular la privatización de los servicios públicos.

El PSOE y el diálogo de la represión

En Catalunya ni se sufre amnesia colectiva ni problemas con la memoria ni nada parecido, por contra se recuerda perfectamente el discurso incendiario de Sánchez en el único debate electoral de esta campaña.

El candidato del PSOE fue claro, asumió lo central de la agenda de la derecha y de los “tópicos” del españolista más reaccionario. Las tres propuestas para resolver el conflicto catalán expuestas por el líder socialista fueron; una ley nacional que obligue a estudiar en las escuelas catalanas los “valores constitucionales”, una ley audiovisual para recuperar TV3 y volver a incluir en el Código Penal el delito de convocatoria ilegal de referéndum.

Si a esto le sumamos su decisión de hacer cumplir íntegramente la sentencia, vemos que las propuestas del posible “gobierno progresista” no se separan en lo fundamental de un hipotético gobierno de las tres derechas.

La piel de cordero no esconde el verdadero rol del PSOE en la represión al pueblo catalán, no ya desde que habita la Moncloa tras la moción de censura a Mariano Rajoy, sino ya desde antes con el apoyo al 155.

No hay diálogo posible con los carceleros. Sólo la movilización en las calles, la masificación de las acciones y la organización de los activistas, movimientos sociales, sindicatos y formaciones de la izquierda anticapitalista superará el procesisme que ERC y JxCat quieren imponer. Es la vía realista para que pueblo catalán decida su futuro.