La explosión de una cañería dejó un saldo de un muerto y al menos cuatro heridos en el yacimiento El Tordillo de Chubut. Esto se suma al hecho de la semana pasada, cuando un tanque de petróleo crudo se desplomó en una planta de secado de YPF de la misma localidad, provocando daños ambientales considerables.
Viernes 28 de agosto de 2015
Fotografia : Wikipedia
Cristian Gutiérrez era un soldador tercerizado de la empresa Tecpetrol, filial energética del gigante Techint. Él y seis de sus compañeros se encontraban soldando una cañería cuando una fuga de gas generó la explosión que lo mató e hirió a otros cuatro obreros. El comunicado de la empresa informa los datos fríos de la muerte y los heridos, pero no explica las causas. Promete informarlas tan pronto termine la investigación que, por supuesto, la propia empresa realizará conjuntamente con el sindicato.
Jorge “Loma” Ávila, alineado con el gobernador Buzzi y el FpV, salió a defender a la patronal. Hace unas horas dijo a los medios regionales que disponía de información “de primera mano” sobre los acontecimientos, pero que no le correspondía a él darlas a conocer ¿Quién, sino el Secretario General de Petroleros Privados de Chubut, puede denunciar la desidia patronal? Sucede que a poco de ocurrir esta terrible muerte obrera, Loma ya mostró la hilacha: había declarado que el “accidente” se produjo porque “siempre quedan los gases que produce el hidrocarburo; no hay forma de vaciarlo”. Estas declaraciones pueden parecer inocentes, pero es una canallada espectacular para cualquier persona que conozca los rudimentos más elementales de esta industria, y es en especial ruin para cualquier petrolero que podría responderle a Ávila que, por estándares de seguridad internacional, las cañerías que van a ser sometidas a trabajos como las soldaduras son barridas con un gas inerte (como el nitrógeno) para desplazar el hidrocarburo y evitar cualquier la explosión. La única forma que esto haya ocurrido, lo que están intentando ocultar Tecpetrol y el sindicato, es que esos trabajos riesgosos se hicieron con la cañería “en servicio”. Un homicidio patronal con complicidad sindical.
Lo mismo puede decirse sobre el tanque 102 de la planta de secado de YPF en las cercanías de Comodoro Rivadavia que se desplomó llenando de petróleo el suelo y casi llegando al río Belgrano, que toca los márgenes de la ciudad. A diferencia de lo que hicieron con la cañería de El Tordillo, esta vez sacaron al tanque de servicio para repararlo, pero lo entregaron para volver a utilizar demasiado pronto. En aquella oportunidad distintos actores interpretaron el mismo monólogo de los cínicos que gobiernan la provincia para las ganancias petroleras: Ezequiel Cufré, ministro provincial, elogió la velocidad del plan de contingencia para evitar que el petróleo llegase al río (y a la ciudad) y destacó que los trabajadores petroleros estarían realizando las siguientes semanas una doble jornada para limpiar el derrame. Es decir, se impuso un ritmo frenético para la terminación del tanque y ante la desidia de la empresa, los que la vuelven a pagar son los trabajadores que tienen que limpiar el desastre.
¿Qué está sucediendo en la provincia donde la Argentina descubrió que tenía petróleo para que los treinta mil petroleros de Chubut, la orgullosa columna vertebral de los obreros de aquella región, soporten este trato con los dientes apretados? Desde principios de este año, el precio del crudo no ha parado de bajar y ha puesto en alerta a las petroleras que rapiñan las riquezas del país. Los trabajadores han sido bombardeados durante todo este tiempo con rumores de retiros voluntarios, suspensiones y despidos. Desde hace semanas que representantes gremiales como Ávila, el gobernador Buzzi y el lobby de las petroleras vienen manteniendo reuniones a espaldas de los trabajadores con el fin de buscarle la vuelta a la crisis del sector. La realidad es que las empresas ya la han encontrado: el valor agregado que le falta al barril de crudo que le venden al Estado Nacional a más de 70 dólares (cuando el precio internacional ronda los 40) lo completarán con sangre obrera y con daños al medioambiente y a las comunidades cercanas a los yacimientos. La campaña mediática que amenaza con despidos una y otra vez mientras el sindicato se arrastra por los despachos de CEOs y gobernadores rogando por una paz social, allana el camino para que los Cristian Gutiérrez realicen estas tareas poniendo en riesgo sus vidas. Ávila hasta les hace el favor contando a medios de Buenos Aires que el fallecido cobraba 22 mil pesos de bolsillo, y se olvida de decir que lo hacía en una provincia donde la canasta familiar ronda los 19 mil para así alimentar la imagen de una aristocracia obrera irresponsable y haragana que merece ser reventada por las explosiones de gas y por el ajuste.
Solamente la nacionalización del petróleo, las refinerías y los oleoductos que plantea la Ley de Hidrocarburos presentada por el candidato a presidente del FIT y diputado del PTS Nicolás del Caño puede acabar con esta humillación. A su vez, hace falta que los traidores y mentirosos como Ávila sean expulsados de los sindicatos, para que estos sean dirigidos por los verdaderos trabajadores. Los que si no fuera por el miedo que les hacen desayunar con la edición de cada noticiero jamás soldarían una cañería de gas en funcionamiento, o entregarían un tanque a medio terminar. Por eso es necesario desarrollar la más amplia movilización de los petroleros de la provincia e imponer desde las calles el derecho a un trabajo más seguro y a que las riquezas de la provincia y el país no queden en unas pocas manos manchadas con sangre trabajadora.