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Red Internacional
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DEBATE DE ABORTO. ¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!

El tradicional grito que se escucha en las marchas feministas refleja el sentimiento de quienes exigen que las Iglesias dejen de opinar sobre el cuerpo y la vida de las mujeres.

Natalia Cruces Santiago de Chile

Sábado 18 de abril de 2015

El debate sobre el proyecto de despenalización del aborto lleva a penas un par de meses, pero ha despertado airadas reacciones en los sectores de derecha, conservadores y en las Iglesias. A las manifestaciones convocadas por organizaciones como Chile Unido, donde las mujeres de clase alta se manifiestan contra el aborto, se suma ahora Ricardo Ezzati, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile y otros obispos, que rechazaron también este proyecto en la última Asamblea Plenaria del Episcopado realizada en Punta de Tralca.

La Iglesia Católica se opone al aborto en el caso de riesgo de vida de la madre, señalando que hay que respetar la vida sin recurrir al aborto, argumento que no se condice con el problema planteado. También se niegan al aborto por inviabilidad fetal y violación, indicando que se trata del respeto a la vida y dignidad humana. Llaman además a los Parlamentarios a no votar a favor de esta ley.

La realidad es muy distinta, los que supuestamente defienden la vida, en realidad se oponen a los derechos y salud reproductiva de las mujeres. Las mujeres abortan y han abortado siempre, a lo largo de la historia, siendo el método anticonceptivo más utilizado hasta la aparición de la píldora anticonceptiva, pero también uno de los métodos más usados en la actualidad.

La Iglesia Católica, la misma que ha amparado y ocultado los casos de pedofilia y abuso de menores, que nombra de obispo de Osorno a Barros, acusado por las víctimas de Karadima como cómplice, quiere imponer una idea de moral, su idea de moral.

Las mujeres estamos condenadas a abortar en clandestinidad, con riesgo a nuestra salud e incluso a la muerte, eso no le interesa a la Iglesia Católica. Tampoco que cobremos sueldos miserables, que trabajemos 10 o más horas para poder cobrar un sueldo que nos permita vivir, que trabajemos de manera precaria. Esos no son derechos fundamentales, pero sí que se reproduzca la idea de la mujer-madre.

El derecho al aborto es una de las demandas de las organizaciones de género y feministas, que se centra en el derecho democrático de las mujeres, pero también se hace cargo de una realidad, como es la de las decenas de miles de abortos que se realicen por año y el enorme riesgo de abortar en condiciones de clandestinidad. Por algo fue en dictadura, donde se persiguió, torturó e hizo desaparecer a miles de personas, donde se quitó inclusive el derecho al aborto terapéutico, por algo fue Jaime Guzmán, el ideólogo de la dictadura, el de la anti democrática Constitución del ’80, el que en el año 1974 comenzó su ofensiva contra los derechos sexuales y reproductivos.

A la derecha y los sectores conservadores los conocemos bien: son los que defienden los derechos empresariales, los que apoyan aún la Dictadura, los que
defienden a las Fuerzas Armadas y Carabineros que reprimen estudiantes, los que justifican los salarios de hambre. A la Iglesia Católica también la conocemos bien: la que escondió durante décadas los abusos a niños y niñas.

El aborto legal, seguro y gratuito es un derecho a conquistar. El actual proyecto aún con lo limitado que es, ya que sólo habla de tres causales como son el riesgo de vida de la mujer, la inviabilidad fetal y la violación, despierta las reacciones de los grupos más conservadores. Sin duda, las organizaciones feministas tienen mucho que decir sobre el aborto, ya que se plantea la necesidad de luchar por el aborto libre, legal, seguro y gratuito en todos los casos que las mujeres lo requieran.