Como cada año los trabajadores del mundo entero marcharán o realizarán actos con el fin de conmemorar a los mártires de Chicago y plantear sus demandas actuales. En nuestro país, especialmente en la Región Metropolitana, ya circulan una serie de afiches y convocatorias de organizaciones políticas y sindicales.

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.
Miércoles 29 de abril de 2015
¿Qué rol juegan en estas convocatorias aquellos trabajadores que no poseen ningún cargo sindical? ¿Y aquellos que dirigen sindicatos de base, de establecimiento o empresa y que no participan de las instancias del mundo sindical donde se toman las decisiones más importantes, como la actitud ante la reforma laboral o el contenido de los discursos oficiales el 1° de mayo? ¿Qué papel juegan aquellos que son delegados en sus empresas, pero que no cuentan con ningún tipo de fuero, dada la legislación laboral actual?
Entre las organizaciones políticas de izquierda que actúan en el movimiento obrero, estas preguntas suelen considerarse irrelevantes. Para corrientes que van desde el PC hasta la UCT, el hecho de que los núcleos que toman las decisiones en el mundo sindical sean la mayor parte de las veces reducidos, y actúen en un espacio no visible a la base, no resulta problemático.
Por eso el 1° de mayo “clasista” que se celebrará en el frontis de la USACH no incorpora algo tan básico como un cuestionamiento a la estructura burocrática que rige a los sindicatos; estructura que se alimenta del Código Laboral que regimenta la organización sindical y de las concepciones y prácticas de las organizaciones que no ven en el trabajador de base a alguien capacitado para ser un sujeto que tome en sus manos el curso de su acción, a través de instancias como asambleas de base, cuerpos de delegados, etc.
Esta concepción es coherente con el “paralelismo sindical”. Esta lógica errónea, funciona así: la CUT la dirige la Nueva Mayoría y la Nueva Mayoría es el Gobierno.
Por lo tanto, si quiero ser oposición al Gobierno, debo restarme de estas organización sindical, formar una “nueva central”, convocar aparte, pues, sino, termino apoyando al Gobierno.
Esta lógica es errónea, pues a ella subyace una resignación: la idea de que la CUT y todas las confederaciones, federaciones y sindicatos base, son irrecuperables para los intereses de los trabajadores. Estas corrientes no ven la posibilidad de batallar al interior de estas organizaciones, pues no tienen en su estrategia la concepción de que es posible cuestionar los métodos burocráticos de funcionamiento que rigen en su interior, activando instancias en las que corrientes que apuestan por formar a un movimiento obrero clasista, puedan influenciar e ir deslazando a las direcciones que concilian con los empresarios. Es como si dijeran “mejor cortar por lo sano, no nos calentemos la cabeza y formemos un sindicato aparte dirigido por nosotros para desde allí resguardar, no ser instrumentalizados por el Gobierno”. Y en los “nuevos sindicatos”, los modos de tomar las decisiones, no contrastan con los viejos métodos.
A la luz de esto, resulta más clara la relevancia de poner lo “antiburocrático” en el centro este 1° de mayo. El Partido de Trabajadores Revolucionarios, Alternativa Obrera, la Agrupación Combativa y Revolucionaria, y una serie de organizaciones o grupos de trabajadores de Correos Chile, la industria alimenticia y profesores, entre otros, están convocando a marchar en la Alameda. En esta convocatoria, uno de los ejes, es la necesidad de actuar y organizar desde las bases.
Poner en primer término la necesidad de marchar con independencia política en relación al Gobierno y los empresarios, es ser clasista este 1° de mayo, confiando sólo en las fuerzas de los trabajadores para poder obtener demandas como la negociación colectiva por rama. Pero no es clasista consecuente quien no ve precisamente en las fuerzas de la clase, en cada uno de los compañeros que día a día padece la explotación, un sujeto capaz de tomar decisiones, organizarse y luchar.
El camino por momentos puede ser más complejo, especialmente en empresas donde el ojo vigilante de la patronal está más encima, o donde hay dirigentes cómplices de los jefes. Pero sólo organizando desde la base la clase obrera ganará confianza en sus propias fuerzas y podrá realizar las grandes tareas que tiene por delante, como derribar el Código Laboral de la Dictadura.

Juan Valenzuela
Santiago de Chile