Hay que imponer a la CGT, las CTA y las conducciones sindicales el fin de la tregua. Es necesario un paro nacional activo, en el camino de una huelga general para derrotar el ajuste del FMI e imponer un programa de defensa de los trabajadores, que empiece por el salario y las condiciones de trabajo. Proponemos una Asamblea Constituyente Libre y Soberana que discuta la reorganización del país desde sus bases, como parte de la lucha por un Gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre. Para darle fuerza a esta perspectiva, el 1° de Mayo vamos con el PTS en el Frente de Izquierda a Plaza de Mayo.
Miércoles 19 de abril de 2023 13:56

La crisis económica se acelera. La crisis política también. Este miércoles, el llamado dólar paralelo (blue) pegó otro salto y superó los $ 420 *. Detrás de esa suba están las grandes patronales rurales, que especulan con la moneda estadounidense y hasta ahora respondieron tibiamente al “dólar-soja”. Quieren que el Gobierno les ofrezca todavía más. También están los grandes capitalistas que piden un dólar “más competitivo” para poder exportar. Son grandes grupos económicos: solo unas decenas de ellos explican el 80% de las exportaciones. Esas grandes patronales presionan por una devaluación de magnitud. También están las exigencias del FMI, que pide más devaluación y más ajuste para adelantar fondos o, incluso, para seguir aprobando los desembolsos con el esquema ya acordado.
En el fondo de la crisis está la constante falta de dólares. En un escenario marcado por una sequía histórica, el Banco Central tiene sus arcas cada vez más vacías. De esta situación son responsables los grandes empresarios que fugan sus ganancias millonarias al exterior, reclaman y consiguen dólares a precio oficial para pagar deudas contraídas en tiempos de Macri, evaden impuestos y no reinvierten en el país. Son los mismos, en muchos casos, que remarcan salvajemente los precios para mantener a salvo sus ganancias. A ellos no les importa si el pueblo trabajador puede comer o no. No les importa si millones de personas no tienen un plato de comida sobre la mesa. Para los grandes capitalistas lo único importante son sus ganancias.
De esa falta de dólares también es responsable el Gobierno nacional, que en estos años le entregó millones de dólares a los grandes fondos buitre y a los especuladores internacionales. Entre 2020 y 2022, el superávit comercial se esfumó por la salida de divisas por pagos de deuda, salida –limitada por el cepo– pero firme de capitales, pago de deuda externa pública y también deuda externa privada contraída por grandes empresas. Gran parte de los USD 45 mil millones de dólares que quedaron como saldo comercial favorable en los primeros tres años de gobierno tuvieron ese destino.
Ahora, en el marco de una situación crítica, el Gobierno tiene mucho menos margen para contener el frenesí de los especuladores. No puede descartarse que -por presión del gobierno de Biden- el FMI o el Tesoro estadounidense aporten los USD 10.000 millones por los que Massa viene rogando en EE.UU. Sin embargo, de lograrse, solo compraría algo de tiempo. La dinámica de fondo, marcada por los problemas estructurales, no tendría solución.
En esta crisis, las grandes mayorías populares se hunden cada vez más en la pobreza. La última medición oficial del Indec confirma que hay casi 19 millones de personas pobres en todo el país. Esa situación es terriblemente más dramática entre la juventud. Entre quienes tienen menos de 18 años, esa situación alcanza al 52 %.
El último dato oficial de inflación marcó 7.7 %. Hay cálculos que dicen que para todo 2023 puede estar arriba del 110 %. Pero estos cálculos se basan en que la situación no se descontrole, algo que el Gobierno no puede garantizar. Los precios de los alimentos y de los productos de primera necesidad están entre los que más subieron en el último año. Los grandes empresarios del sector especulan con los precios, mientras aprietan por más explotación a sus trabajadores. Eso se ve, por ejemplo, en la planta de Mondelez-Kraft, donde la patronal, el sindicato y la Comisión Interna acordaron un acta que habilita mayor flexibilización laboral.
Sin embargo, la caída del salario y estos intentos de flexibilización laboral empiezan a ser resistidos por sectores de la propia clase trabajadora. Como las y los trabajadores de la Salud y docentes de Córdoba y Río Negro. O los obreros de la misma Mondelez, que cortaron la emblemática autopista Panamericana hace pocos días. O los trabajadores del Subte, que vienen peleando por la reducción de la jornada laboral semanal. O los obreros de Coca Cola y Bagley, en Córdoba, que enfrentan diversos ataques patronales. O los del neumático (SUTNA) que enfrentan despidos, como en Bridgestone. O las organizaciones de la Unidad Piquetera que enfrentan los recortes a los planes sociales. Hay que apoyar activamente esas luchas, rodearlas de solidaridad para que triunfen.
Los partidos tradicionales gobiernan para el gran empresariado que hunde al país
El FMI y los grandes empresarios vienen pidiendo más ajuste hace tiempo. Son ellos los que dicen que hay “demasiado gasto público” cuando los hospitales y las escuelas públicas se caen a pedazos. Son los que recortan la ayuda social a los sectores humildes que la crisis económica hunde en la miseria. Son quienes empujan el ajuste a los sectores más empobrecidos de la clase trabajadora y contra quienes son parte de sus organizaciones sociales. Como los recortes en los planes y comedores, que vienen siendo denunciados en las jornadas de lucha de la Unidad Piquetera. Las fuerzas políticas tradicionales gobiernan para esas grandes patronales. También son responsables del hundimiento de millones de personas en la pobreza.
En el Frente de Todos, a pesar de los discursos y de las peleas entre sus diversas alas, todos apoyan el ajuste que aplica Massa. El Gobierno es un fiel ejecutor de lo que le pide el FMI. Y el Fondo pide menos jubilaciones, más tarifazos y más devaluación. El último informe de su Staff pidió, literalmente, restringir la moratoria jubilatoria, más aumentos de tarifas y reducir sustancialmente los planes Potenciar Trabajo. El kirchnerismo, que alguna vez supo hablar en contra del ajuste -en un doble discurso, mientras lo avalaba y dejaba correr- ahora lo banca abiertamente. Fue Cristina Kirchner quien eligió a Massa como ministro de Economía y hoy lo sigue sosteniendo.
La oposición patronal anuncia un programa aún más duro. Larreta, Bullrich o Macri desfilan por foros empresarios y canales de TV. A pesar de las tensiones internas, sostienen un programa de ajuste que significaría recortar aún más las jubilaciones, imponer mayores condiciones de precarización laboral y garantizar una subordinación aún mayor del país al gran capital imperialista y al FMI. Aunque con otro discurso, un programa casi igual al que aplica el Frente de Todos.
Milei es el más extremo de esa política: propone una dolarización que, si se implementara, implicaría una gigantesca devaluación. Hay cálculos que indican que un dólar podría terminar valiendo hasta $10.000. Eso terminaría hundiendo el salario de la clase trabajadora y arruinando a los pequeños comerciantes.
El PTS-Frente de Izquierda denunció desde el primer momento que ese plan era una catástrofe para la clase trabajadora y el pueblo pobre. Ahora los grandes medios de comunicación empiezan a criticar a Milei por este programa. Pero fueron ellos quienes lo convirtieron en una figura, dándole un enorme espacio en la TV de manera permanente. Los grandes empresarios lo usaron para correr la agenda política y económica a la derecha y ahora intentan darle menos aire. Y las distintas alas políticas del Frente de Todos lo dejaron correr, para dividir los votos de la derecha.
Es necesario que la clase trabajadora oponga una salida de conjunto
Frente a la aceleración de la crisis, la clase trabajadora y el pueblo pobre tienen que oponer su propio programa. Hay que impedir que la crisis se siga descargando sobre las espaldas de las mayorías populares.
Es necesario pelear por imponer a la CGT, las CTA y las conducciones sindicales que rompan de inmediato la escandalosa tregua que sostienen con el Gobierno y las patronales. Manteniendo ese posicionamiento, ahora la CGT preparar un documento donde pedirá “un gran consenso político, económico y social”. Eso equivale a permitir que el ajuste siga avanzando. Esa tregua tiene consecuencias: al interior de esos agrupamientos surgen fracciones y rupturas, donde la única pelea parece ser por cargos y recursos. La dirigencia sindical burocrática está completamente alejada de las necesidades de la base obrera.
Hay que impulsar asambleas en todos los lugares de trabajo y organizar la fuerza de la clase obrera para imponerles un cambio a estos dirigentes traidores, que vienen dejando pasar el ajuste abiertamente. Como parte de esa pelea, hay que construir fuertes agrupaciones clasistas en cada gremio y en cada sindicato, que peleen en cada lugar de trabajo por la unidad entre efectivos y contratados, ocupados y desocupados, y por la autoorganización democrática desde abajo. Como hicieron, por ejemplo, los trabajadores y las trabajadoras de Mondelez, organizando la “Comisión de trabajadores contra la flexibilización y los despidos”, votada en asamblea, para llevar adelante su lucha, exigiendo a la Comisión Interna y al sindicato que rompan el acta flexibilizadora que firmaron con la empresa.
Hay que organizar la enorme bronca que tiene la base de la clase trabajadora para echar a esos dirigentes traidores. La pelea por recuperar las organizaciones sindicales de manos de la burocracia es hoy más urgente que nunca. Un ejemplo en ese camino es la reciente recuperación del gremio docente de Jujuy (CEDEMS), donde se arrancó el gremio a la burocracia sindical aliada al poder político.
En este camino, los sectores de la clase obrera que hoy vienen luchando tienen que avanzar en su propia coordinación. Hay que unir en una pelea común a los trabajadores de la alimentación, del subte, del neumático, de la docencia de las distintas provincias, del movimiento piquetero independiente.
Hay que imponer a todas las direcciones sindicales la convocatoria a un paro nacional activo, en el camino de la huelga general. Ese es el camino para derrotar el ajuste del FMI e imponer un programa de defensa de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo pobre. Ese programa tiene que plantear, como primeras medidas, la defensa del salario y las condiciones laborales.
Por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, en el camino de un gobierno de los trabajadores y el pueblo
Estas son algunas de las medidas necesarias y urgentes para que la clase trabajadora y el pueblo pobre den una salida propia a la crisis nacional en curso. Estas medidas significan la reorganización del país desde abajo. Una reorganización en función de los intereses de las mayorías trabajadoras. Estas y otras medidas podrían y deberían ser discutidas democráticamente por el conjunto de la población. Para ese objetivo, es necesario plantear la perspectiva de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, elegida por el conjunto de la población, con diputados constituyentes que sean revocables y ganen lo mismo que un trabajador.
Hoy, en esta democracia capitalista, las mayorías populares no tienen derecho a decidir prácticamente nada. Este sistema les da el derecho de elegir una vez cada dos o cuatro años. en un festival de elecciones provinciales y nacionales como hay este año, donde cada gobierno sólo piensa en cómo mantiene su poder. Los partidos tradicionales al llegar al poder, reniegan de todas las promesas que hicieron en campaña.
Pero los grandes empresarios votan todos los días, haciendo lobby económico, apretando públicamente en los medios de comunicación o, incluso, haciendo golpes de mercado si es necesario, como ocurre cuando se dan corridas cambiarias. Los políticos de la clase capitalista obedecen sus órdenes, hacen leyes o gobiernan en función de los intereses de esa minoría de explotadores. El mismo Massa, en los últimos meses, viajó cinco veces a EE.UU. a recibir las órdenes del FMI. Hoy, bajo el Frente de Todos, las decisiones económicas que afectan la vida de millones, se toman en Washington.
Los socialistas revolucionarios del PTS-Frente de Izquierda peleamos por un Gobierno de la clase trabajadora y el pueblo pobre, pero las mayorías obreras y populares aún confían en imponer la fuerza de su voto mediante la democracia representativa. Partiendo de esto, nuestro planteo de pelear por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana apunta a desarrollar la más amplia movilización de las masas populares por la conquista de sus demandas. La pelea por muchas de esas demandas chocará contra los límites que imponen los partidos de los grandes capitalistas y esos mismos empresarios. Por esto, esa movilización puede permitir entonces una experiencia política con los límites de la democracia capitalista y convencer a millones de la necesidad de avanzar hacia una democracia de otra clase.
Un gobierno de los trabajadores y el pueblo debe basarse en organizaciones democráticas construidas por las propias masas trabajadoras en lucha. Organismos que permitan debatir y decidir sobre todos los aspectos de la vida económica, política y social. Un socialismo revolucionario desde abajo que solo puede desarrollarse por completo a nivel internacional.
Pongamos de pie a la clase trabajadora para reorganizar el país desde abajo. El 1° de Mayo tenemos que fortalecer esta pelea. ¡Vamos con el Frente de Izquierda a Plaza de Mayo!
* Estos valores corresponden al 19 de abril, fecha en la cual fue emitida la declaración. Después de eso la crisis no hizo más que agravarse.