Se mantiene el ciclo escolar en medio de una crisis sanitaria que ha dejado más de 2 millones de contagios en el mundo; 5 mil 399 contagios y 406 decesos en México. En línea por ahora, con rezago, con angustia, con hambre en las casas, como sea pero el ciclo escolar se mantiene.
Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Jueves 16 de abril de 2020
En México oficialmente hay 5 mil 399 casos confirmados y 406 decesos por Covid-19 (hasta el 14 de abril). Acceder a las pruebas en la Ciudad de México (y en prácticamente todo el país) es complicado incluso cuando se tienen síntomas, por lo que las cifras oficiales no pueden ser un punto de partida fiable.
El número de contagios, y lamentablemente de decesos, continuará, pues de acuerdo a declaraciones de las propias autoridades de salud, se estima que mayo y junio sean los meses de mayor propagación. Pensando en que los contagios no desaparecerán espontáneamente después de junio, los siguientes meses podrían tener los mismos niveles de propagación que en las fases 1 y 2.
Mientras el gobierno deja correr en los hechos los ajustes empresariales contra los trabajadores, o se firman convenios multimillonarios con magnates como Salinas Pliego (969 millones de pesos otorgó la SEP al dueño de TV Azteca el pasado 30 de marzo), no se destinan recursos para garantizar cocinas comunitarias y subsidios suficientes para que ninguna familia pase hambre en medio de la crisis; tampoco se prohiben los despidos y las reducciones salariales, ni se obliga a suspender labores en los sectores no esenciales durante la contingencia.
El ciclo escolar ante la pandemia
Esta es la realidad por la que están pasando muchos de nuestros alumnos y sus familias: despidos de madres y padres, suspensiones con reducción salarial o sin goce de sueldo, poca o nula venta en el caso de los trabajadores informales, riesgo de contagio, hambre, hacinamiento, ausencia de servicios básicos, falta de acceso a internet y a herramientas tecnológicas. Sumando a que muchos carecen de acceso a la salud en caso de enfermar.
En ese marco, el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma (Secretario de Gobernación con el priísta Zedillo - ex Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca), después de reunirse con secretarios locales y ministros de educación, declaró este martes 14 de abril que pese a la crisis sanitaria el ciclo escolar no se suspende.
El ex empleado de Salinas Pliego afirmó que la crisis sanitaria es una oportunidad para fortalecer el sistema educativo nacional, con valores renovados, y centrando las acciones en la equidad y la excelencia.
Los docentes nos preguntamos, ¿de qué equidad se puede hablar cuando se pretende mantener un ciclo escolar a costa del rezago de un amplio porcentaje de alumnos que no tienen computadora, acceso a internet e incluso a energía eléctrica?
Partimos de reconocer que la excelencia es un término empresarial basado en la competencia. Pero incluso, aunque adoptáramos dicho término, ¿puede haber excelencia educativa cuando se forzó el cierre de evaluaciones del segundo trimestre pese a que faltó ver contenidos y modificando bruscamente la modalidad de estudio? ¿Realmente nuestros alumnos podrán adquirir los conocimientos de contenidos ya de por sí mutilados con las reformas previas?
¿Qué educación es la que se mantiene?
En el actual sistema educativo (y el sistema económico de conjunto) la visión de la educación es meritocrática, en la que el fin último es el diez o el documento que expide la institución. Poco importa a este sistema el aprendizaje, descubrimiento y realización de las personas en su proceso educativo.
Eso explica la indolencia que hoy busca mantener un ciclo escolar “en línea” en medio de una pandemia como ésta, sin importar las circunstancias que viven nuestros alumnos.
Las maestras y los maestros que nos organizamos en Nuestra Clase creemos que en medio de esta pandemia las prioridades son otras: en primer lugar, garantizar el alimento y la salud de todos nuestros alumnos y sus familias.
En un país lleno de riquezas como el nuestro, es irracional que millones de familias enfrenten esta crisis sanitaria con angustia y hambre.
Exijamos la suspensión de las actividades en línea, que no sólo no pueden ser realizadas por todos nuestros alumnos, sino que no garantizan su aprendizaje. En este periodo de contingencia, los maestros podemos hacer sugerencias valorando las posibilidades y herramientas con las que cuentan para el desarrollo de los aprendizajes autónomos, a través de actividades artísticas como dibujar o tocar instrumentos si tienen posibilidad, lecturas que les interesen, aprendizajes de la vida cotidiana como cocinar, etc.
Al reanudarse las clases presenciales los maestros podemos hacer los ajustes necesarios para recuperar los contenidos esenciales, sin tener que repetir el ciclo que ya llevaba dos tercios de avance.
Junto a ello, alcemos nuestra voz para exigir un decreto o una legislación expedita para prohibir los despidos y las reducciones salariales; subsidios de emergencia, al nivel de la canasta básica familiar, para todos los sectores que viven al día y que puedan hacer cuarentena; la suspensión obligatoria de labores en todos los sectores no esenciales durante la contingencia.
Que sean los grandes empresarios y acreedores, que han acumulado sus riquezas a costa de la explotación de millones de trabajadores, los que paguen por todo lo necesario para garantizar la salud y el sustento de las grandes mayorías, mediante el cobro de impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y el no pago de la deuda pública.