El miércoles por la noche se votó finalmente para que sea ley el aumento del salario mínimo. Como denunciamos anteriormente, un sueldo mínimo burlesco para millones de familias trabajadoras, mientras a los empresarios les regalan miles de millones de dólares para reducir costos. Un nuevo ataque a vista y paciencia de la Central Unitaria de Trabajadores que no tiene intenciones de salir de la cuarentena.

Martín López Trabajador del Litio
Viernes 30 de octubre de 2020
Con 25 votos a favor, entre quienes se encuentran personajes de derecha que se posicionaron por el “apruebo” en el plebiscito, y 11 abstenciones desde personajes de la vieja Concertación como Isabel Allende, Ximena Rincón, Yasna Provoste hasta los llamados progresistas como Navarro, Guillier acompañado del frenteamplista Juan Ignacio Latorre que han hecho demagogia durante el proceso constituyente posando como los falsos amigos del pueblo que son, se hizo ley el miserable aumento de $6.000 del sueldo mínimo.
Todos los partidos del régimen en el Senado, se alinearon sea a favor o mediante la abstención, detrás de la política que el gobierno de Piñera quiso imponer, representado en el ministro de Hacienda Ignacio Briones, quien justifica la “acotada alza del salario mínimo responder a las particulares circunstancias económicas de la pandemia”; pero no les tembló la mano para regalar US$2.000 millones a los empresarios, para que a través de dineros fiscales compuesta en más del 50% por los impuestos que la mayoría pagamos, el Estado salve a empresarios pagando hasta el 60% de los sueldos para que estos puedan reducir costos bajo la excusa de la reactivación de la economía y el empleo.
Es así, como aumentó burlescamente el ingreso mínimo mensual de $320.500 a $326.500 para las y los trabajadores entre los 18 y los 65 años, mientras tanto el pueblo trabajador sigue pagando los platos rotos de la crisis económica y sanitaria, los senadores y diputados siguen manteniendo sus millonarias dietas parlamentarias, los mismos que votan las leyes para cargarnos la crisis en los hombros.
Por su parte, la CUT, mientras se sube al carro de la victoria aplastante del “apruebo”, declarando que el objeto de la sindical será poner al centro los problemas laborales con una “Constitución que sitúe en el centro a los trabajadores y trabajadoras, que ponga el Valor del Trabajo como un elemento esencial, por lo tanto, que restituya derechos laborales arrebatados tras el golpe cívico militar de 1973. Alcanzar esa meta, sin duda supone ir a disputar los cambios profundos que se requieren; disputa que debe verse reforzada con movilización"; nada ha hecho para defender los intereses y derechos de los más de 2 millones 500 mil trabajadoras y trabajadores que hoy se encuentran despedidos o suspendidos por la famosa Ley de Protección al Empleo, votada por la derecha hasta el propio Partido Comunista que es el principal partido que dirige la gran central sindical.
Hablan de movilización para poner al centro los derechos de las familias trabajadoras, pero dejan pasar despidos, suspensiones y ahora un sueldo mínimo que viene a refregar los costos de la crisis en nuestras caras. Buscan tener bajo la manga la carta de la movilización, pero para presionar a los mismos de siempre para que nada cambie de fondo, dentro de una Convención Constitucional llena de trampas con Piñera en el Gobierno, con los métodos de elección de constituyentes bajo la actual Ley de Partidos que favorece a los partidos políticos de los 30 años, y con los mecanismos de vetos del régimen vigentes para mantener los privilegios de los capitalistas y las familias más ricas de Chile.
Con aplastante fuerza mostrada en el Apruebo luchemos por un Plan de Emergencia que ponga por delante nuestras vidas para que la crisis ¡La paguen los capitalistas!
En el plebiscito del 25 de octubre quedó demostrado que son millones los trabajadores, mujeres, jóvenes y oprimidos que quieren tirar abajo la Constitución de Pinochet, la misma que ha sostenido pilares fundamentales impuestos a sangre pinochetista como la privatización de todos los derechos básicos como la educación, la salud, la vivienda, pensiones y las precarias condiciones laborales para la clase trabajadora que hoy llenan los bolsillos de grandes grupos capitalistas que saquean nuestros recursos naturales sin asco.
La CUT que dirige los sindicatos más importantes y estratégicos del país sigue en cuarentena, no muestran disposición a defender realmente los derechos e intereses de millones de trabajadores, dejando pasar cada uno de los ataques del gobierno de Piñera y leyes votadas con la venia no sólo de la derecha, la vieja Concertación, sino hasta con la del Partido Comunista y el Frente Amplio.
Ante quienes posan como los falsos amigos del pueblo trabajador, hacen demagogia en este proceso constituyente con la ilusión de que los empresarios y el Gobierno irán a darnos sólo porque se vote lo que nos pertenece y nos han robado por 30 años; es necesario imponer la fuerza de los millones que votamos aprobar terminar con la Constitución sangrienta de la dictadura, para conquistar realmente nuestras demandas, como las que desde la rebelión de octubre hasta ahora no se han cumplido, y que buscan desviar mediante los mecanismos del actual régimen político.
Es necesario retomar el camino de la movilización, exigir a las grandes centrales sindicales como la CUT, los grandes gremios como el Colegio de Profesores, entre los sindicatos de los sectores estratégicos del transporte, minería y forestales, un plan de lucha que culmine en la huelga general para sacar a Piñera, y seamos los millones que mostramos nuestro repudio a la herencia de Pinochet y sus políticos de los 30 años, quienes decidamos sobre nuestras condiciones como lo es poner fin a los despidos por ley, sueldo mínimo de $500.000 y la reducción de la jornada laboral a 30 horas semanales, 5 días a la semana para repartir la horas de trabajo para combatir la cesantía, y que la crisis lo paguen los capitalistas.